1 de octubre 2012 - 00:00

Macri-Posse, de urgencias mutuas y fantasías retro

Mauricio Macri y Gustavo Posse, el sábado, juntos en Escobar, donde «coincidieron» también con el peronista anti-K Jesús Cariglino.
Mauricio Macri y Gustavo Posse, el sábado, juntos en Escobar, donde «coincidieron» también con el peronista anti-K Jesús Cariglino.
Mauricio Macri encontró, a horas de que se derrumbe la utopía bonaerense de Gabriela Michetti, una foto que presume salvadora: posó, en Escobar, con Gustavo Posse y revivió en sus fantasía de convertirse, en 2013, en el articulador de un armado anti-K.

Fueron dos días de marchas y contramarchas que el alcalde de San Isidro despejó, contra reloj, el viernes a la tarde, cuando le confirmó al jefe de Gobierno porteño que estaba dispuesto a mostrarse -y fotografiarse- junto a él y al peronista de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino.

Posse jugó con la necesidad de Macri. El jefe PRO cenó el jueves con su exvice y montó una coreografía de compasión y entendimiento. Curioso: en los días previos, cada vez que Michetti susurró su negativa provincial, Macri descargó su furia.

En el mano a mano familiar fue más cálido (si es que ese adjetivo sincroniza con Macri) que en la reunión que la diputada le pidió junto a Federico Pinedo y la michettista sigilosa Patricia Bullrich, para reprocharle que no «aprovechó el malhumor» poscacerolazo.

-Tenemos que abrir el partido, salir a armar, jugar más fuerte -dijeron, a coro, Pinedo y Michetti.

-¿Abrir el partido? ¿Me lo dicen ustedes que hace diez años están conmigo y jamás me sumaron a nadie?

Fin de la charla.

El sábado, en Escobar, Macri volvió a mostrarse con Cariglino, con quien mantiene vínculo fluido, aunque la relación se había desgastado a partir de la apuesta a todo o nada del porteño a Michetti como oferta electoral en la provincia.

El alcalde de Malvinas Argentinas, ordenador del peronismo anti-K, le había planteado a Macri un acuerdo de armados paralelos: él se encargaría de anudar al PJ díscolo y pivotear con Francisco de Narváez, mientras el PRO juntaría en torno a la diputada.

La cláusula gatillo, pedida por Cariglino, era que los espacios debían confluir en el futuro. De ser necesario, incluso a través de una competencia en las primarias de agosto entre la lista encabezada por Michetti y otra confeccionada por el PJ disidente.

Es un punto clave para decodificar al jefe del PRO: asume que necesita un pedazo de peronismo a su lado para pensar 2013 y 2015, pero rehúsa que ese ensamble sea producto de un frente. El matiz -no menor- es: peronismo en el PRO o peronismo en alianza con el PRO.

Por eso, Macri gambeteó el pacto que le propuso Cariglino y se embretó con la exclusividad de la alternativa femenina. Y cuando le arrimaron la variante de una show público con Posse y Cariglino, lo abrazó como un recurso para dejar atrás el desplante de su exvicejefa.

Posse, a su vez, acaba de cerrar con fórceps la interna de la UCR bonaerense, que tiene fecha de votación el 14 de octubre, pero que logró evitar una interna partidaria en la que nadie quiere perder tiempo y plata.

Sin embargo, la foto con Macri y Cariglino reabrió la discusión (ver nota aparte). Quizá no haya tiempo para desanudar lo anudado, con esfuerzo, entre las múltiples tribus radicales.

El intendente de San Isidro, que triangula entre Jorge Macri y Cariglino, empezó a construir una idea de protagonismo electoral para el año próximo y encontró a un Macri sediento de opciones tras la defección de Michetti.

Posse, de hecho, fue el dirigente que más habló de «frente electoral» en Escobar, aunque aclaró, en reserva, que esa hipótesis debe incluir como globalidad a la UCR y no ser solamente un acuerdo individual o parcial de patrullas radicales.

Entre los dirigentes opositores hay un virus retro: imaginar que 2013 puede convertirse en un nuevo 2009, en el que puedan, como hace cuatro años, derrotar al kirchnerismo. Los movimientos de Macri, Posse y Cariglino siguen esa lógica sinuosa.

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