1 de octubre 2012 - 00:00

Macri subestima también la inflación, pero sin disfrutar del excedente

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
El Gobierno porteño se garantizó con su presupuesto 2013 contar con un colchón de excedentes en línea con el que ansía el Gobierno nacional en su propio proyecto. Con el justificativo de mantenerse en línea con las proyecciones del país, el proyecto macrista convalida una pauta de crecimiento de la economía del 4,4%, una base de cálculo del dólar en $ 5,10 y la inflación proyectada en el 10,8%.

Ahora bien, el Gobierno porteño sigue a la Casa Rosada en esto pero sin desconocer la realidad: al mismo tiempo el proyecto de presupuesto porteño consagra un crecimiento del gasto del 23%, más en línea con una realidad inflacionaria que con el incremento de programas.

El proyecto macrista justificó la paridad de proyecciones con el kirchnerista en el «solo efecto de buscar uniformidad en los parámetros». La diferencia, entonces, no estará en la entrada, sino en la salida.

Está claro que es posible que el Gobierno de Macri y el nacional no logren demasiados excedentes en la recaudación por el índice de crecimiento proyectado. Ese beneficio le llegó al Gobierno en épocas de Roberto Lavagna, que inventó el mecanismo de subestimación para que siempre sobraran ingresos que se asignan a dedo desde la Casa Rosada, y mientras se crecía a «tasas chinas». Claramente no es la situación actual, por lo menos en 2012.

Sí está claro que habrá «espuma» suficiente para incrementar la recaudación con la diferencia entre el 10,08% de inflación que se proyecta y la realidad.

La diferencia es lo que cada Gobierno puede hacer con eso. El Poder Ejecutivo se cansó de tener que pedir en cada Ley de Presupuesto que se le renovaran facultades especiales para reasignar partidas y modificar el destino de los fondos del Presupuesto. Finalmente, en 2006, presidencia de Néstor Kirchner, modificó el artículo 37 de la Ley de Administración Financiera y de los Organos de Control y dispuso que «El jefe de Gabinete de Ministros puede disponer las reestructuraciones presupuestarias que considere necesarias dentro del total aprobado por cada Ley de Presupuesto, quedando comprendidas las modificaciones que involucren a gastos corrientes, gastos de capital, aplicaciones financieras y distribución de las finalidades».

Es decir, el Gobierno quedó autorizado en forma permanente a modificar incluso la ejecución de gasto de capital como corriente y viceversa y todo de forma permanente sin tener que volver a pedir facultades del Congreso.

Y si bien se dejó al Parlamento la potestad originaria de fijar el monto máximo de gasto, lo real es que cada año el Poder Ejecutivo emite varios DNU con lo que incorpora los excedentes de recaudación y fija un nuevo límite.

Macri está muy lejos de todos estos beneficios. En primer lugar el jefe porteño sólo puede disponer del 5% del gasto total presupuestario para reasignar partidas. Casi un chiste frente a los poderes a nivel nacional.

Pero, además, debe pedir autorización cada año a la Legislatura dentro del proyecto de presupuesto. Macri intentó subir ese límite en alguna oportunidad y no se lo permitieron.

De ahí que para disfrutar de los excedentes que le proveerá la subestimación de la inflación el Gobierno porteño deberá, una vez más, apelar a una ley de la Legislatura que, como indicaba antes la Ley de Administración Financiera para la Nación, le apruebe el incremento en el gasto.

Un ejemplo de eso es lo que sucede con la suba salarial en la Ciudad. En el presupuesto raramente está contemplada, ya que se la incorpora al cierre de paritarias y luego de verificar una mayor recaudación que la proyectada.

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