Y remató Macri: "Tenemos una gran responsabilidad, porque lo que yo quiero es terminar mi mandato e irme a mi casa caminando por la calle Florida sin que la gente me putee", ¿Cómo a tu casa?, se levantó la mesa. "Bueno, digo a mi casa siendo presidente.". El jefe de Gobierno porteño cerró con esta frase el largo almuerzo de ayer en Bolívar 1, uno de los rituales de todos los martes que se retomó a la vuelta de la minivacación.
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Ese condumio-seminario tuvo ayer asistencia ampliada con legisladores nacionales y provinciales del PRO, tanto que hubo cuestiones que quedaron fuera de la charla, como la puja entre Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti por la sucesión de Macri. Con ese dúo presente no era oportuno quebrar el delgado hielo que los separa. Del interior fueron casi todos los caciques, del "Colorado" Macallister a Héctor Baldassi, pasando por Eduardo Cáceres, Guillermo Durán Cornejo y Alfredo de Ángeli. Del gabinete, algunos emblemáticos como Marcos Peña, Hernán Lombardi o Esteban Bullrich, del Congreso, Federico Pinedo y Diego Santilli; por cierto, el primo Jorge Macri, para mencionar a los más activos a la hora del debate y también el asesor invisible, Nicolás Caputo.
El centro de la charla se lo llevó el comentario provincia por provincia, según los informes que rindieron los delegados regionales y el repaso, casi terapéutico, de las relaciones con los radicales, que transcurren con la misma intensidad en la superficie de las publicaciones periodísticas como en las reuniones privadas.
Del panorama general, Peña, que es el hombre que lleva los números y los informes de los gurúes que consulta la fuerza, concluyó que en lo cualitativo se afirma el PRO como la fuerza que propone el cambio frente a un Daniel Scioli, que es la continuidad. En lo cuantitativo, se confió, eso se empieza a manifestar y mientras el cronograma electoral lo permite, el PRO tiene que seguir trabajando como fuerza propia y autónoma.
Ese diagnóstico puso algún nubarrón sobre la otra cuestión dominante en este almuerzo de mesa grande: la relación con los radicales. Pinedo recordó que para la elección a intendente de Mendoza el PRO bajó su candidato, algo que manifiesta una ayuda descomunal para la UCR local, algo que no es poco porque en la última elección en ese municipio el macrismo cosechó el 25% de los votos.
La cabecera de la mesa, en la que estaba el presidente nacional del PRO, Humberto Schiavoni, describió ese panorama como incierto, a partir de que la UCR va a una convención nacional en marzo en donde va a dominar la posición de Ernesto Sanz de ir a unas PASO con toda la oposición, incluyendo al massismo. Eso implicaría desnaturalizar el mensaje del PRO porque implicaría ir a una interna con el kirchnerismo, aunque fuera una rama disidente como el Frente Renovador.
El examen de la posición de Sanz, que es el predilecto de los macristas para cualquier proyecto transitó por casi todos los asistentes, que hicieron escorzos interpretativos que pasaron de la psicología a la teoría política con alguna etapa en la antropología mendocina, en la que algunos de los presentes son expertos, como Pinedo.
Nadie hizo escarnio ni del personaje ni de la posibilidad de algún acercamiento pero, viejos lobos de mar, admitieron que en el radicalismo los proyectos personales pasan siempre por el dedazo partidario. Después de todo era una mesa en su mayoría de conservadores, con algún peronista (que son en el fondo conservadores populares), etnias que crecieron en la historia peleándose con los radicales. Esa experiencia les hacer sentir que hoy están más cerca y a la vez más lejos de ellos que nunca. Como ocurre en las parejas que se comprometen, pero que dudan qué pasará antes de llegar al altar.
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