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Maribel Verdú: “Me encantaría actuar en un film de Campanella”
Maribel Verdú: «Yo nada de nada de Actor’s Studio. ¡Nunca he ido a una escuela de arte dramático! A mí me descubrieron en una cafetería».
Periodista: ¿Es cierto que usted empezó a los 13 como Mirtha Legrand?
Maribel Verdú: Si, pero en vez de comedias me ha tocado cada dramón. Primero, «El crimen del capitán Sánchez», de la serie «La huella del crimen». Luego, muchas obras sobre la Guerra Civil y la posguerra, un tema inagotable, con mil historias para contar. Mis padres eran profesores de letras, me regalaron desde los «Episodios nacionales» de Pérez Galdós en adelante, para que fuera sabiendo. Pero algunas cosas realmente las supe cuando las viví metiéndome en la piel de la hermana de un maquis en «El laberinto del fauno», la esposa de un poeta escondido en su casa durante años en «Los girasoles ciegos», o una superviviente en la última que hice, «De tu ventana a la mía».
P.: Ha hecho de buena, y hasta «buenuda», si se quiere.
M.V.: ¡»Amantes»! ¡Y «Canción de cuna», qué película preciosa! «Amantes» tenía otro reparto, donde Victoria Abril encarnaba el personaje de enamorada inocente. Pero dijo «acabo de ser madre, si hago de virgen inocente no se lo va a creer ni Dios», y sugirió mi nombre. Me consagró.
P.: También se consagró haciendo diferentes clases de mala, como la de «La buena estrella».
M.V.: ¡Pobrecita mía, una joven sincera, víctima de su amor por dos hombres al mismo tiempo! Adoro ese personaje. Otra película preciosa. Pensar que el director Ricardo Franco ya estaba malito, veía la imagen del monitor con una lupa enorme. Con él hice mi primera película, «El sueño de Tánger», una obra maldita, nos pasó de todo, no nos dejaban salir del país, nunca se estrenó, nadie la vio, nadie la tiene. Inédita completa, con Fabio Testi todavía joven, entonces casado con una española y con un hijito pequeño.
P.: ¿Se le quedan pegados algunos personajes?
M.V.: Sé separarlos de mi persona. A cada uno le dedico tres o cuatro meses, y cuando terminó el rodaje lo olvido hasta que llega la hora de promover la película. Y nada de Actors Studio. ¡Nunca he ido a una escuela de arte dramático!
P.: ¿Cómo es eso?
M.V.: Me descubrieron en una cafetería, es una historia larga de contar, pero ya está en cualquier página de Internet. Empecé a trabajar, seguí, seguí, fui aprendiendo sobre la marcha, tuve la suerte de trabajar con Fernando Fernán Gómez, Francisco Rabal, Agustín González, Carlos Saura, Mario Camus, José Luis Garci, José Luis Cuerda, todos los grandes, que me enseñaron «lo que no está en los escritos», y también con Pepe Soriano, Héctor Alterio, incluso con Darío Grandinetti (fuimos amantes en una película conmovedora que se estrenó en muy malas condiciones) y de repente pasaron 26 años.
P.: Y el año pasado España le dio el Premio Nacional de Cinematografía. La persona más joven que lo recibe.
M.V.: Cuando me llamaron para preguntarme si lo aceptaba me hice una ilusión, no podía más de alegría.
P.: ¿Escriben especialmente para usted?
M.V.: Hombre, sé que Rafael Azcona, nada menos, me tuvo en cuenta para «Los girasoles ciegos». Y Fernando Trueba me dijo que con Azcona diseñaron un personaje de «Belle Epoque» especialmente para mí. Le contesté que me gustaba más otro de lesbiana. «Yo quiero hacer de lesbiana, me corto el pretal, lo que sea». «¡Eres una desagradecida! ¡Tu personaje representa todo lo bueno y lo malo de la mujer!», y me convenció. Ariadna Gil hizo muy bien el suyo, y ya me tocó después hacer de lesbiana en «Lysistrata».
P.: ¿Por qué hace tan pocas comedias? ¿Muerto Azcona ya no hay buenas comedias españolas?
M.V.: [enarca una ceja como diciendo «ni hablemos»] ¿Te vale este gesto? Es difícil encontrar comedias dignas, de humor inteligente y ácido. Hay comedietas, bien si va la gente al cine, pero nada más. Puedo citar una buena que hice en el 2008, «Gente de mala calidad», cuyo guionista escribe para la compañía de teatro Animalario cosas que uno se dice «cómo puedo reírme de esto, por favor, que nadie me vea». A mí me gusta lo que logran Cuerda, Trueba y Campanella, eso de hacerte llorar después de haber reído. ¿Vieron aquí «Siete mesas de billar francés», donde gané un Goya?
P.: Solo en muestras especiales.
M.V.: Los españoles en cambio vemos cine argentino porque tenéis a Campanella. Luego, a Carlos Sorin y Gerardo Taratuto. ¡Cómo me divirtió «Un novio para mi mujer»! ¡Y «No sos vos, soy yo», me divirtió un mogollón! ¡Quiero trabajar con Taratuto y con Campanella! Este lo sabe, porque muchas veces coincidí en algunas películas con la figurinista Cecilia Monti, su mujer, y hemos ido a cenar y charlamos de todo. Quisiera hacer una comedia con Ricardo Darín y el de la nariz, Diego Peretti, los tres dirigidos por Taratuto, que nos partamos de risa, y también los tres juntos una de esas tragicomedias de Campanella.
P.: ¿Se los ha sugerido?
M.V.: Ya quisiera yo, pero a eso nunca me animo. No he levantado el teléfono en mi vida para pedirle un papel a ningún director aunque me muerda. Solo espero que su imaginación le diga que soy la indicada para el personaje que está preparando, y que le llegue mi fama de buena profesional, que aprende la letra, llega a horario, etc., etc. Y tengo una estrellita, tengo suerte, porque muchas veces me han llamado.
Entrevista de Paraná Sendrós


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