17 de noviembre 2015 - 00:00

Marsalis cerró con estilo el Festival de Jazz

Branford Marsalis, durante su actuación en el Teatro Colón para el Festival de Jazz del Gobierno de la Ciudad.
Branford Marsalis, durante su actuación en el Teatro Colón para el Festival de Jazz del Gobierno de la Ciudad.
En un festival por el que pasaron músicos importantes, de aquí y del exterior, que ha sabido sostener la continuidad, con sus siempre bienvenidas particularidades, a lo largo del tiempo, y que contó con las visitas de Peter Bernstein, Manuel Rocheman, Furio Di Castri, Camila Meza, Satoko Fujii, Maya Belsitzman, Omni Mor y Mario Rom, entre otros, la llegada del saxofonista Branford Marsalis para tocar en la sala grande del Teatro Colón era un punto de atención alto para la jornada de cierre, después de una agenda que incluyó conciertos, clínicas y actividades especiales en varias salas de la ciudad, con epicentros en la Usina del Arte y el Parque Centenario.

Horas antes del debate presidencial, este músico norteamericano que va del pop al jazz y de la música clásica a los varios proyectos compartidos con artistas diferentes, se plantó en semicírculo en el centro del enorme escenario del emblemático teatro, rodeado de sus tres compañeros, como si se dispusiera a tocar en un club de Nueva York. Justin Faulkner en la batería, Russell Hall en el contrabajo y, sobre todo, Samora Pinderhugues en el piano, son laderos brillantes que, en muchos momentos pasaron al frente y tomaron la voz cantante. Con ellos, Marsalis hijo del educador y pianista Ellis, hermano mayor del trompetista Wynton- propuso un concierto sobrio, elegante, ya no como para la carnalidad de un club de música sino para una sala más acostumbrada a otro tipo de repertorios.

Branford tocó soprano y tenor. Habló poco: apenas para presentar a sus compañeros al comienzo y al final, y ni siquiera optó por anunciar los temas. Tocó uno propio ("In the Crease") y algunos "standards" ("St James Infirmary", "The Mighty Sword" , "I Don't Mean a Thing", "As Summer Slips into Autumn" o "The Wind-Up" de Keith Jarrett). Coronó su actuación con una versión algo fría de "Oblivion" de Piazzolla, con una bandoneonista coreana acorde a la frialdad- como invitada.

El músico posee una gran técnica y sus interpretaciones son, en ese sentido, incuestionables. La sobriedad es una marca de estilo que se deja ver, inclusive, cuando se hace parte de la banda de algún artista pop. Su actitud humilde que le permite entregar el protagonismo a sus compañeros en muchos momentos del show es digna de elogio. Su buena predisposición hacia el público, con su sonrisa constante y su intención de comunicarse en castellano, muestran una personalidad sencilla y amable para la platea. Su virtuosismo, más profundo en el tenor, más brillante en el soprano, lo pone en un lugar alto en escala mundial. Pero quizá faltó algo de sangre, de swing, de entrega emocional para que la tarde del Colón fuera todo lo espectacular que semejante visita presuponía.

"Buenos Aires Jazz". Actuación de B. Marsalis (saxos tenor y soprano). Con J. Faulkner (batería), S. Pinderhugues (piano) y R. Hall (contrabajo). Invitada: S. Cho (bandoneón). (Teatro Colón; 15 de noviembre).

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