14 de junio 2013 - 00:00

Massa como déjà vu de Cafiero (o Reutemann)

Antonio Cafiero y Felipe Solá
Antonio Cafiero y Felipe Solá
Hay en la marca electoral un dejo nostálgico. Frente Renovador fue, en 1985, el sello político que usó Antonio Cafiero para resolver, por fuera del PJ, la interna peronista con Herminio Iglesias, perdidoso con la UCR en 1983 que retenía a las trompadas -literalmente- el manejo del Consejo partidario.

La referencia, por aquella analogía del nombre, vincula a Sergio Massa con el "Tony", el apodo tan britishdirigente que atravesó, y lo testimonian con calidez y algunas lagunas sus memorias, más de 60 años de historia política y peronista.

El bautizo de Massa como el Cafiero de esta era -que ensancha la ancha risa del tigrense- se refiere a más que el paralelismo en la nomenclatura. El alcalde acaba de presentar su frente, con lo que técnicamente quedó más cerca de competir por fuera del FpV-PJ para emprender, como Cafiero en los 80, un cambio de aire en el peronismo.

Así como hay coincidencias, hay distancias. El peronismo de Herminio estaba golpeado por una derrota, en retirada y prácticamente fuera del poder: la Nación, la provincia de Buenos Aires y casi cien de los entonces algo más de 120 municipios bonaerenses estaban en manos de radicales o vecinalistas.

Era un peronismo fuera del poder del aparato gubernamental, replegado, y además partido por la disputa interna entre el ala sindical y los caciques territoriales, que se había manifestado en 1982, pero con el retorno de la democracia resurgía por una razón básica: reaparecían, otra vez, gobernadores, intendentes, diputados y concejales que expresaban espacios donde antes sólo estaban, como última frontera del PJ, los gremios.

Este peronismo, al que Massa debería enfrentar, está en otro ciclo: Cristina de Kirchner todavía es, aun con grises, la figura central de la galaxia política y la jefa -más allá de la extrañeza de que se niega a conducir a varios que quieren ser conducidos por ella- del enorme dispositivo peronista que maneja el 80% del entramado estatal.

Es contra ese bloque que, aun pactando acuerdos sigilosos con algunos intendentes -como hizo Francisco de Narváez en 2009-, deberá competir Massa si decide subirse al ring. Hay, a partir de ahí, datos que refuerzan o minimizan su participación.

•En medio de la negociación entre Mauricio Macri y De Narváez, gestión que chocó por la impericia y la desconfianza mutua, un delegado massista les sopló a operadores macristas una oferta: que Massa estaba dispuesto a aceptar boletas del PRO, en todos los niveles, para participar de las primarias dentro del Frente Renovador. Pudo ser una picardía para colaborar a que se empioje el acuerdo Macri-De Narváez, pero, ante todo, refleja una conducta: Massa habla con todos e invita a todos a formar parte de su club donde, paradójicamente, no se sabe si jugará o no. Llegó, incluso, a ofrecerle sumarse a Adrián Pérez, el dirigente de la Coalición Cívica, que no reniega de su buena relación con el tigrense.

•En simultáneo, selló la incorporación de Jesús Cariglino y de Darío Giustozzi, que podría ser el "muletto" de Massa en la boleta del Frente Renovador, aunque por encima, según dicen los massistas, aparece Felipe Solá, quien anotó su partido, MEJOR, en el Frente Renovador, al igual que Alberto Fernández (PARTE) y Alberto Pierri (Nuevo Buenos Aires), entre otros sellos que, de mínima, además de revelar pertenencias, imponen compromisos. De otro impacto puede ser el compromiso con Giustozzi y Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, más para el primero que terminó de tomar distancia del Gobierno, aunque en su planteo público diga que pedirá primarias en el FpV, quizá convencido de que le digan que no, aunque otros sostienen que podrían convertirlo en émulo de Mario Ishii, que en 2011 enfrentó a Daniel Scioli por la gobernación.

•Hay cinco hipótesis sobre las que opera el massismo que recorren los extremos desde que Massa sea primer candidato a diputado a que se presenten boletas cortas y sueltas en los municipios amigos, lo que implicaría dejar a pie a sus aliados -de Solá a Giustozzi-, por lo cual aparecen las variables de ir a las PASO del FpV (imposible si el candidato es Massa), a una boleta "muletto" con Solá o Giustozzi, o listas locales y seccionales para retener para los propios, pero estas dos opciones corren un riesgo cierto: que no logren una buena performance en la primaria, y el ordenamiento propio del voto anti-K prefiera, en el turno general, a otro colectivo opositor y licue al massismo sin Massa.

• Es, entonces, que aparece el lado oscuro de la nostalgia cafierista y sobre Massa cae una imputación de otro calibre que le atribuye ser el Reutemann bonaerense, en referencia al "Lole" santafesino que desechó en dos ocasiones ser candidato a presidente, un dirigente que siempre fue esperado como la esperanza blanca del peronismo cada vez que no tenía candidatos, pero que, al final, nunca saltó a la cancha. Entre los radicales, la comparación es con Julio Cleto Cobos, porque no se animó a jugar "a fondo" cuando tenía la oportunidad para hacerlo.

Experto en intrigas y gambetas, Massa montó una especie de ficción amable al decir que la decisión última dependerá de Gabriel Katopodis, José Eseverri y Joaquín De la Torre, tres intendentes amigos que a la hora de hablar en público coincidieron en la definición de que el turno indicado no es 2013, sino 2015. Aunque, claro, la "renovación" de Cafiero se plasmó en una legislativa, no en una elección ejecutiva.

Dejá tu comentario