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Matices 2015: fin de mandato vs. fin de ciclo
Francisco
Massa necesita que la Presidente aterrice al boeing del peronismo relativamente entero y sin daños de estructura a partir de las elecciones legislativas de octubre. Heredar a un peronismo que deje al país sumido en una crisis económica, política e institucional sería el peor negocio para el Frente Renovador y el mejor escenario para Macri. Mientras PRO apuesta a un rápido desgaste del kirchnerismo, el massismo apunta a pilotear la transición 2013-2015 con un paquete de proyectos que mejoren los bolsillos de la clase trabajadora a través de una baja del Impuesto a las Ganancias y el combate del empleo en negro, siempre garantizando el quórum en la Cámara de Diputados y la gobernabilidad hasta 2015.
Ayer Massa recibió durante la presentación de candidatos en el Museo de Tigre a sus candidatos macristas Soledad Martínez -longa manu del intendente Jorge Macri en el Honorable Congreso de la Nación-, Christian Gribaudo -operador político del presidente de Boca Jrs., el radical Daniel Angelici-, y a Gladys González, representante del jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Desde el mismo PRO explicaron que no existe un acuerdo orgánico con el Frente Renovador y que, en caso de resultar electos, podrían pasar a ser parte de un interbloque con el massismo. Pero no se mostrarán con Massa durante la campaña.
La conformación de un interbloque PRO-peronista es un experimento que no funcionó en 2009 cuando Unión PRO se fracturó en el recinto con De Narváez, Felipe Solá y el macrismo en distintas bancadas. Más que un proyecto político, Massa y Macri comparten un discurso pro-positivo sin ataques directos a sus rivales. Están más unidos por las formas que por el fondo. El Frente Renovador enfocará su campaña en la gestión de sus intendentes, como Joaquín de la Torre (San Miguel) y Luis Andreotti (San Fernando). Macri también se abstendrá de aparecer en campaña con Martínez, Gribaudo y González a cambio de que Massa no despliegue sus tentáculos sobre la Capital Federal. "Mauricio ya eligió rival para esta elección, y es De Narváez", explicó ayer un funcionario del PRO. Massa también eligió un enemigo, Scioli, a quien vincula con De Narváez como colectora de candidatos del gobernador de Buenos Aires. Ambos están unidos por rivales en común, el presunto frente Scioli-De Narváez. Difieren en el grado de daño que pretenden infligirles. Macri gana con un kirchnerismo que se acerque devastado a 2015 y Massa apuesta a una transición ordenada y a la aversión kirchnerista a apoyar a Scioli como sucesor del llamado "modelo".
Mientras tanto, en el búnker de Tigre siguen analizando encuestas. Se tranquilizan cuando los especialistas informan que, desde el lanzamiento de su candidatura a diputado nacional, no subió la imagen negativa de Massa, que se mantiene cerca del 17 por ciento. Y se muestran satisfechos de empezar a convertirse en el blanco de sus competidores políticos. Casi festejan los ataques de Margarita Stolbizer y de De Narváez, amparados en otro estudio de opinión. "La oposición tiene un 75 por ciento de imagen negativa, más que la Presidente", explican desde el delta.
Por eso Massa planifica una campaña austera. Sin efectos especiales ni ánimos crispados. Dejó fuera de la lista de candidatos a su esposa Malena, para diferenciarse del estilo Kirchner y del nepotismo que pulula en muchas provincias del país. Incluso recibió una invitación del padre Carlos Acaputo para visitar al papa Francisco en el Vaticano. Y la rechazó también para diferenciarse del pelotón de candidatos que viaja a la Santa Sede para buscar rédito electoral. El jueves estará en Bahía Blanca en el inicio de una minigira por el interior auspiciada en ese distrito por el histórico dirigente peronista Dámaso Larraburu. Allí se mostrará con María Marta Corrado, exfiscal del departamento judicial de Bahía Blanca y una de las principales referentes del Frente Renovador en el ámbito judicial.

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