10 de marzo 2011 - 00:00

“Me decepcionó no ver más óperas argentinas en el Bicentenario”

Juan Manuel Abras (der.) junto al gran compositor polaco Krzysztof Penderecki, de quien fue discípulo.
Juan Manuel Abras (der.) junto al gran compositor polaco Krzysztof Penderecki, de quien fue discípulo.
De padres argentinos (él diplomático y periodista, ella socióloga y profesora de piano), Juan Manuel Abras creció en Suecia, Suiza y España y llegó luego a nuestro país, donde fue tomando forma su vocación de compositor y director de orquesta, que a su vez perfeccionó en Europa, con Krzysztof Penderecki y Karlheinz Stockhausen, entre otros. Hoy reparte su actividad entre el nuevo y el viejo continente, y el año pasado fue admitido en la Sociedad Austríaca de Compositores y recibió el Segundo Premio del concurso Wiener Filmmusikpreis (Premio de Viena a la Música de Cine), sumando hasta el momento doce galardones y becas. Dialogamos con Abras acerca de su labor compositiva y de su visión de la actualidad musical argentina.

Periodista: ¿Es fácil para un compositor encontrar un lenguaje propio en el siglo XXI?

Juan Manuel Abras: Es algo que tiene que surgir naturalmente. Pienso que ahora, igual que en la Edad Media, en la historia de la música a cada «ars antiqua» le sigue una «ars nova», y siempre se puede hacer algo nuevo. Lograr un estilo propio dentro de las tendencias actuales debería ser la consecuencia natural de la intuición, del conocimiento y del oficio del compositor. Si no, se corre el riesgo de caer en el ejercicio de estilo o en una originalidad forzada.

P.: ¿Qué papel cumplen en esa instancia las tradiciones o las estéticas anteriores?

J.M.A.: Con la formación necesaria, uno puede valerse de ellas para expresar su propia individualidad; lo importante es lo que se dice con éstas. Pensemos que tanto Bach como HTMndel eran compositores barrocos y son tan similares como diferentes. En lo personal, las diversas estéticas de mis obras están intrínsecamente relacionadas con la «visión» que tengo de éstas antes de empezar a escribirlas: retomando los conceptos de Schenker, Chomsky, Tomaszewski y Solomos, diría que la unidad de las obras musicales no radica necesariamente en la estructura superficial que representa el estilo, sino en su estructura profunda.

P.: ¿Sigue vigente hoy en día en el mundo el concepto de «vanguardia»?

J.M.A.: En muchos países de Europa está considerado anacrónico, y algunos compositores que antes era vanguardistas hoy son «retaguardistas», porque permanecieron anclados en los años 60 y 70, algo difícil de comprender desde Sudamérica. Hoy en día hay una gama ilimitada de posibilidades a la hora de componer.

P.: ¿Cómo percibe el panorama de la música contemporánea en la Argentina?

J.M.A.: Me decepcionó mucho el bajísimo porcentaje de óperas y obras orquestales argentinas que se interpretaron en los principales teatros de Buenos Aires en el año del Bicentenario. Conductas como ésas, sumadas al hecho de que nuestro país está geográficamente aislado y a su actual situación socioeconómica, dificultan el «aggiornamento» del medio argentino, y se pone en riesgo la herencia de la tradición musical europea que la Argentina supo irradiar hacia el resto de Sudamérica. Pero también puedo decir que hay labores de investigación y publicación excelentes, como las que están llevando la Universidad Católica Argentina (donde curso un Doctorado en Música) y la Universidad Nacional de Quilmes. Al mismo tiempo vi el compromiso para con la música contemporánea de eventos como el Festival Internacional Encuentros o el Ciclo de Música Contemporánea de la Dirección Nacional de Artes.

P.: ¿Argentina reconoce a sus compositores?

J.M.A.: Somos varios los que desarrollamos nuestra actividad profesional principalmente en Europa, donde los artistas dedicados a la música clásica gozan por lo general de un reconocimiento social y económico que aquí no es común. Aunque parezca obvio, la principal tarea de un compositor es componer, y en muchos países de Europa tanto el sector público como el privado son conscientes de que el creador debe ser justamente remunerado mediante encargos, como el intérprete lo es a través de su cachet, cosa que en Argentina no suele suceder.

P.: ¿Cómo se inició su vínculo con Penderecki?

J.M.A.: Lo conocí en el 2003, luego de un concierto que él dirigió en el Musikverein de Viena cuando yo estaba por concluir allí mis estudios de postgrado. Meses después, tras haber examinado mis obras, me aceptó como su alumno, y gracias a becas que me otorgaron el Fondo Nacional de las Artes y la Fundación Argentina en Polonia, en el 2006 me fui a Cracovia para estudiar con él. Penderecki es una leyenda viviente de la historia de la música, muchas de sus obras son piedras angulares, pero es también una persona afable, serena y sencilla, y me siento realmente privilegiado de ser su discípulo.

P.: ¿Cómo llegó a la música para cine?

J.M.A.: Desde chico, gracias a mis padres, recibí una formación clásica pero también me interesaban el folklore, el jazz, el pop y la música de cine, como la de John Williams, Shore, Horner, Arnold, y Goldsmith, entre otros, y ya desde ese momento pensé en escribir partituras de películas. Cuando se produjo la convocatoria en Viena desarrollé una obra que estaba escribiendo para mi doctorado en la UCA. Y como compositor y director de música clásica intento seguir el ejemplo de grandes maestros como Prokofiev, Shostakovich y Penderecki, que también escribieron para el cine.

P.: ¿Qué desafíos implica ese rubro para un compositor estrictamente académico?

J.M.A.: Al componer música de cine, las ideas del director de la película y la propia relación imagen-sonido parecerían constreñir el proceso compositivo de un creador clásico, pero hay que saber tomarlas como fuente de inspiración y aprovecharlas.

Entrevista de Margarita Pollini

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