Mesas mixtas con damas arregladas y pocos caballeros

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La novedad de las «mesas mixtas» tuvo un curioso efecto en los lugares de votación: por primera vez desde que se tiene memoria numerosas damas concurrieron a los sitios donde se sufragaba ataviadas con sus mejores perifolios y arregladas como para otra cosa que el simple cumplimiento de sus deberes cívicos.

Sin embargo, una recorrida por varias escuelas arrojó una comprobación descorazonadora: casi en ningún caso hubo señores que cedieran su lugar en la fila a las damas, lo que demostraría que el caballero es una especie en extinción.

De hecho, en una escuela de Villa del Parque se produjo un tumulto cuando dos damas de edad avanzada pero no tanto, y que ya estaban a pocos metros de la urna, permitieron que otras dos coetáneas se les unieran en la fila. La «colada» de estas dos señoras provocó gritos y hasta una discusión semifilosófica sobre la transferibilidad o la posibilidad de compartir ubicaciones en colas para votar (u otras). No hubo caballeros, de nuevo, que dijeran «cedámosle el lugar». Finalmente las señoras, de a una y por turnos, se salieron con la suya.

En una escuela de Núñez también hubo un cruce similar: un veterano de mil batallas se quejaba a viva voz de «esto de las mesas mixtas», y una chica le respondió que ella no sabía de qué hablaba porque era su primer voto. «Uh, no te perdés nada, nena...», le replicó el veterano. Un joven que estaba por entrar al cuarto obscuro con su hijo de seis años, y le estaba explicando los valores de la democracia, cruzó al veterano de mala manera. La discusión, como suele suceder en la Argentina, afortunadamente no pasó a mayores.

Tampoco hubo golpes ni insultos cuando el candidato Sergio Bergman se retiraba de la escuela de Húsares y Mendoza donde acababa de sufragar con su hijo (también era su primera vez). Una curiosa dijo: «¡Mirá: el rabino Bergman!», y otro votante le respondió: «No es más rabino...». Un tercer sufragante terció: «¿Y vos quién sos para decir quién es rabino y quién no?». Sorprendido, el descalificador se llamó a silencio.

Bergman, ajeno a este escarceo verbal, seguía escuchando las quejas de una señora ataviada con algún tipo de uniforme, que le pedía más atención para el Bajo Belgrano. Sólo pudo escucharse la frase «Se me llena de humedad...». El religioso y legislador electo debió bajar rápidamente del misticismo del púlpito a las terrestres necesidades de los porteños.

Mientras, en los medios se sucedían las denuncias cruzadas por supuestas violaciones de la veda política. La alcohólica se recortó: arrancó a las 8 en lugar de las 0 hs., como era tradicional; la comercial también: los shopping centers porteños abrieron sus puertas.

Mucha gente se preguntaba quién hace las encuestas a la salida de los lugares de votación (la famosa «boca de urna»), una tarea tan extraña para el común de los ciudadanos como la confección del rating televisivo. En una escuela de Recoleta una votante pudo comprobar que las «boca de urna» existen. Después de decir por quién había votado (no lo hizo por alguno de los líderes) le pidió a la encuestadora que le dijera cómo iba la compulsa: «Cinco y cinco, y uno (el tuyo) para el que votaste vos», respondió la trabajadora. Los resultados que se conocerían horas después descartaron la confiabilidad de la compulsa, al menos a esa hora y en ese lugar.

Devoto

Finalmente, uno de los casos más curiosos que se produjeron en la jornada electoral de ayer fue la intervención de la defensora del Pueblo Alicia Pierini, quien debió apersonarse en la -pronto desaparecida- cárcel de Villa Devoto porque casi ninguno de los detenidos allí, procesados sin condena contaba con el DNI para ejercer su derecho al sufragio. Según informó Pierini, sólo medio centenar de reclusos -sobre un total cercano a los 300 en condiciones legales de votar- contaba con el documento en regla. Sobre 306 presos que podrían haber votado, sólo 56 lo hicieron, según relató la funcionaria.

Para no ser diferente al resto de la Ciudad -que usó sus escuelas como lugares de sufragio- la mesa para los procesados se había constituido en una de las aulas del Centro Educativo que funciona en la cárcel. En forma llamativa, ninguna de las fuerzas políticas que se presentaron ayer designó o envió fiscales a esa mesa. Podría pensarse que el fraude de los presos es menos temible que otros...

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