18 de noviembre 2009 - 00:00

Miguens: “Una buena novela no debe contener moraleja”

Silvia Miguens acaba de publicar «Tantas maneras de vivir», novela en torno a las denuncia de la violación de una quinceañera.
Silvia Miguens acaba de publicar «Tantas maneras de vivir», novela en torno a las denuncia de la violación de una quinceañera.
«Dos frases de Marguerite Duras fueron fuente de inspiración para mi novela Tantas maneras de vivir. Esa donde dice: a los quince años tenía el rostro del placer pero no conocía el placer, y aquella donde sostiene que: hay que amar mucho a los hombres, amarlos mucho, mucho para poder amarlos... si eso no es posible, no se los puede soportar» comenta Silvia Miguens, que tras una amplia carrera en la novela histórica y el ensayo literario, acaba de publicar «Tantas maneras de vivir», novela en torno a las denuncia de la violación de una quinceañera. Dialogamos con la escritora sobre su nuevo libro, el conjunto de su obra y sus proyectos.

Periodista: ¿Por qué después una decena de novelas históricas que la hicieron conocida escribió una novela de ficción pura?

Silvia Miguens: En realidad, «Tantas maneras de vivir», fue lo primero que escribí, mi opera prima. En 1993 la presenté al premio Emecé y ganó una mención, pero aquella versión era realmente impublicable, le faltaba redondearle la historia, encontrarle otro nivel de densidad. Quedó en un cajón, pero siempre aparecía una copia que le había dado a alguien. Este año una editorial me pidió algo que no fuera histórico. Les pasé aquel texto, en el que había recaído muchas veces, que había reelaborado, reescrito, corregido, mientras iba publicando otras obras. Les gustó, y cuando lo tuve en mis manos, editado, me costó reconocerlo, acaso por el camino que había recorrido la historia de una chica llamada Carola.

P.: En la lista de sus libros aparece como el primero «Lupe», historia de Guadalupe Cuenca, la esposa de Mariano Moreno.

S.M.: Apenas terminé «Tantas maneras de vivir», de inmediato empecé con «Lupe». Si bien ese es histórico, tienen en común la historia de una chiquilina. Lupe conoce a Mariano Moreno cuando ella tiene 13 años. Carola tiene 15 años cuando enfrenta el tema de la violación. Si bien es otro el marco histórico, es otro el argumento, une a esas novelas la misma inquietud: poner frente a lo que no se dice, mostrar lo que pasa mientras se habla de otras cosas, que nada es como parece.

P.: Para eso utiliza una técnica narrativa que ofrece diversas perspectivas, y que recuerda por momentos a la de Faulkner.

S.M.: La primera novela se escribe entre miedos. Como lectora empedernida tenía muchos influencias. No sé si Faulkner, pero seguramente de Juan Carlos Onetti, por ejemplo. Para vencer las vacilaciones buscaba en la memoria escenarios para lo que ocurría en mi imaginación, por ejemplo una casa en Bragado, es decir paisajes y lugares que tienen que ver con mi infancia. Cuando pasé a la novela histórica todo cambió, la mayoría de los escenarios ya estaban dados.

P.: A partir de «Lupe», ¿cuántas novelas históricas escribió?

S.M: «Ana (Perichon) y el virrey», «La gloria de eres tú» sobre Manuela Saenz, la amante de Bolívar, «Anita Gorostiaga», «Cómo se atreve» sobre Juana Manso y «La baronesa del tango» sobre Eloisa DHerbil la primer aristócrata que festejó nuestra música popular. En Colombia publiqué «Eva Duarte», y en España «Catalina La Grande», un libro que me gustó escribir porque me llevó lejos, a la Rusia de los zares y me permitió un libro intimista, y luego otro sobre «Isabel II de Borbón», que estuvo muy relacionada con nuestra historia.

P.: Sus grandes protagonistas son siempre las mujeres.

S.M.: Pero cada una de esas vidas las tengo que reconstruir a través de la historia de sus hombres, porque de Lupe o de Ana Perichon había datos nada más, entonces tenía que buscarlas a través de Moreno o de Liniers. Siempre aparecen los hombres como pilares.

P.: ¿Qué cuenta en su novela «Tantas maneras de vivir»?

S.M.: Es en apariencia la historia de una violación. El padre y el tío de Carola hacen una denuncia de estupro, del forzamiento sexual que comete alguien del bar donde ella era mesera. Ese es el punto de partida que lleva a descubrir cuál es la trama que hay detrás de esa violación, quién es el violado, qué salida se le ofrece a esa chica, qué le imponen al supuesto violador, quiénes son las verdaderas víctimas, quiénes sufren el mayor daño. Hay muchas cosas en juego. Ante la denuncia, el abogado propone al violador que en vez de ir a la cárcel se case con la chica. Pero el hombre, ante eso prefiere ir a la cárcel.

P.: ¿Cómo apareció en usted esa idea?

S.M.: Surgió de una consigna en un taller de escritura que conducía Dalmiro Saenz. Yo empecé a escribir desde aquella anécdota, pero como mujer no me cerraba que todo fuera así de fácil. Ese final me resultaba absurdo. Ahora no sé si lo tiene, pero sí que ahí comienza la verdadera historia de Carola, transfigurada por todo lo que le ha ocurrido. Alguien me ha dicho que al llegar al final sintió que Carola no tenía salida, y creo que es así, que en muchos casos de situaciones así no hay una cierre concluyente, una salida que explique todo, un final rosa que tranquilice al lector. Cuando decide lo que decide sobre el final, el lector sabe que no le va a ir mejor. Sentí que me quedaba poner la palabra «continuará», porque la vida de Carola, a pesar de todo, continuará. Yo no hago bajadas de línea de ningún tipo porque no creo que eso sea literatura.

P.: En otra obra suya la gran protagonista es una mujer.

S.M.: Pero el que creo que se gana la novela es Luis, el supuestamente malo, que es de algún modo otra víctima.

P.: Cuando escribía sintió que estaba tratando un tema que había dado ya la extraordinaria «Lolita» de Vladimir Nabokov.

S.M.: Lo genial de Dolores, de Lolita, es que no es una buena chica. Esto hace que la de Lolita sea otra historia. En todo caso hay algo en los hombres, en Luis, Humbert Humbert, que los hace víctimas de su entorno. En mi caso también le sucede eso a Carola, su madre se ha suicidado, que tiene un padre ausente, aunque muy querible, y un tío con el que tiene juegos muy de Lolita, o de Alicia y Lewis Caroll. Pero al escribir, recordaba que Lupe se casó a los 15 años, que Remedios conoció a San Martín a los 14 años. Y también muchos cuentos de pueblo sobre chicas que habían tenido aventuras con hombres mayores, y de hombres mayores, prestigiosos, conocidos, que habían cometido abusos con menores.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

S.M.: A esta altura muchas veces trabajo a pedido, y ahora se viene el Bicentenario, y me pidieron un libro de historias en torno a la Revolución de Mayo, no de los protagonistas de la Revolución sino de gente de esa época o que nace en esa época. Desde ya van a estar Lupe y Moreno, Liniers, pero también Camila OGorman, Manuel Belgrano, San Martin (que me encanta, pero no me animo a escribir sobre él), entre otros. Cada texto tendrá su forma, usando como eje la cronología, algunos serán como cuentos y otros como ensayitos. Cuento historias que alguna vez pensé ver como películas como de la mujer de Godoy Cruz que enamorada del marido de su hija lo manda matar, o como el doctor Carlos Durán, que construyó el hospital de agudos que lleva su nombre, se casa con una chica muy jovencita, en un matrimonio por conveniencia, que él mantenía encerrada en su casa, hasta que un día desaparece y no se sabe si se había escapado o él la mató. Ahora está por salir un libro con fotos y pequeños textos sobre distintos lugares de Buenos Aires. Y el año que viene otro sobre Alejandro de Rusia, que es el primero donde el protagonista es un hombre.

P.: ¿Se terminó la moda de leer novela histórica?

S.M.: Para nada, la gente lee más novela histórica que lo que los editores y periodistas creen. En el mundo siguen apareciendo constantemente, y se siguen reeditando las que son grandes clásicos. Acá bastardearon el género, y no lo digo sólo por algunos autores sino sobre todo por los comentaristas y los críticos.

Entrevista de Máximo Soto

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