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Milagro en Belgrado
El emotivo abrazo de Del Potro con el resto del equipo argentino tras la histórica victoria ante Serbia, que no caía como local desde 2005.
En una semana en la que fue el centro de las miradas, la máquina de Djokovic, ganador en 2011 de tres de los cuatro títulos de Grand Slam, dijo hoy basta. Cuando Del Potro logró el tercer juego del segundo set, el número uno del mundo hizo un mal movimiento y cayó al piso. Inmediatamente flotó la sensación de que la serie había llegado a su fin. El capitán serbio, Bogdan Obradovic; el médico Zdeslav Milinkovic y el propio Del Potro se acercaron a Djokovic. El jugador local, tendido, hizo el típico gesto de «no va más». Del Potro inmediatamente alzó los brazos. «Creíamos que podíamos ganar», dijo, y se abrazó inmediatamente con David Nalbandian y el resto de sus compañeros. Tras eso, llegaron las lágrimas y el desahogo, en una serie que en principio parecía imposible para el conjunto argentino.
Todavía con rastros de sus lágrimas, Del Potro confesó que vivió uno de los momentos más fuertes de su carrera, comparado con la obtención del Abierto de Estados Unidos en 2009. «Es una pena haber ganado de ese modo, porque Djokovic es un amigo. Pero hacía mucho que no jugaba tan bien. Esto me da confianza para pararme de igual a igual ante cualquier jugador». La Argentina dio el golpe al derrotar al último campeón, al equipo con el hombre más en forma del circuito. En diciembre tendrán otra tarea igual de titánica sobre el polvo de ladrillo español. Será la oportunidad de tomarse la revancha de la derrota en Mar del Plata en 2008. Pero ahora es momento de disfrutar de la victoria, impensada pocos días atrás.

