4 de noviembre 2010 - 00:00

Motoqueros creíbles, película limitada

José Celestino Campusano, conocedor del tema, es el director y guionista de «Vikingo», sobre las tribus urbanas motoqueras.
José Celestino Campusano, conocedor del tema, es el director y guionista de «Vikingo», sobre las tribus urbanas motoqueras.
«Vikingo» (íd., Argentina, 2009, habl. en esp.); Guión y dir.: J.C. Campusano; Int.: R.O. Beltrán, A. Galvalisi, G.R. Méndez, A. Méndez, N. Rodríguez, A.Q. Beltrán.

Motociclistas, no motoqueros. Del conurbano, zona sur, no de California. Máquinas armadas con elaboración propia, no Harley Davidson compradas en concesionaria. Vistos al pasar, podría pensarse que son, o quieren ser, como aquellos viejos atorrantes de «El salvaje» o «Ellos contra el mundo». Y que esta película podría inscribirse en ese subgénero. Pero no. Acá no está Marlon Brando, que se enamora de la hija del sheriff, ni Dennis

Hopper
, que por una chica se enfrenta al jefe de otro grupo, ni Stanley Kramer o Roger Corman, que financiaron las películas pero difícilmente hayan reparado una moto.

Lo que vemos, en cambio, es la zona de Monte Grande, el cruce de Lomas de Zamora, avenida Fair, El Jagüel, y más atrás, unos lugares donde la gente común convive con otra cuyas actividades ya se van haciendo desgraciadamente comunes. En cuanto a los personajes, digamos que en el fondo son laburantes, aunque vistan de modo llamativo. Escuchan tangos, aunque sea en versión rockera. Son familieros y quieren progresar en la vida, aunque sin despegarse del ambiente. Son sociables entre ellos, amigos de las fiestas bravas, el rugir de motores, el vaho de cerveza, la buena convivencia con los vecinos, la distancia bien clara con los otros.

En este caso los otros son los pibes metidos en el negocio de la droga, chicos peligrosos, sin límites, ni códigos, ni piedad. El sobrino del protagonista está más cerca de ellos que de su estrafalario tío, alias Vikingo, alias también El Loro. Pero no será él quien se agarre a los tiros con los marginales del barrio, sino su amigo, un tipo que tiene sus cosas sucias, pero también sus códigos. En verdad, todos tienen algo sucio, pero por ahí es algo menor, como haber improvisado unas conejeras con dos changuitos que, seguramente, en el supermercado los deben estar extrañando, un detalle de ambientación que pinta muy bien los valores del grupo familiar, y hace más creíble la historia.

«Vikingo» tiene limitaciones formales, actores algo unidimensionales, pero es básicamente creíble tanto en sus partes de franco registro documental como en las escenificadas. Y la parte de los tiros está muy bien. Así es como deben ser las cosas, no cabe mayor duda. La parte final, lírica a su modo, es de una emoción particular. Y los tipos, casi dan ganas de conocerlos personalmente. Autor, José Celestino Campusano, hombre de Berazategui, familia de boxeadores, cineasta, fabricante de aberturas de madera y aluminio, motociclista, autor de otras dos sobre el mismo ambiente, «Ferrocentauros» y «Legión. Tribus urbanas motorizadas». Conoce bien de cerca lo que está pintando.

P.S.

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