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Multitudes acompañaron la ofensiva
Ramala fue el centro de la principal manifestación palestina de ayer en reclamo del reconocimiento a la independencia en la ONU (izquierda). La marcha fue pacífica, pero algunos militantes chocaron con las fuerzas israelíes; uno de ellos recibió en su rostro el impacto de una cápsula de gas lacrimógeno (derecha).
En Ramala, la capital administrativa de la Autoridad Palestina (AP), cerca de 15.000 personas se concentraron en la plaza Yaser Arafat, la más grande de la ciudad, para apoyar la demanda que el presidente, Mahmud Abás, presentará mañana en Naciones Unidas.
Los manifestantes, entre ellos decenas de mujeres y niños, abarrotaron la plaza ondeando banderas y exhibiendo pancartas a favor del reconocimiento de Palestina como Estado.
«Es nuestro derecho después de tanto tiempo, no sólo para tener la consideración de Estado, sino también para recuperar la dignidad que nos intentaron robar y que hemos defendido durante 64 años», dijo la gobernadora de Ramala, Laila Ghanam, desde un gran escenario instalado para la ocasión.
De los balcones y fachadas de la plaza colgaban grandes murales con imágenes del histórico líder palestino Yaser Arafat y del actual presidente Abás en torno al lema «ONU: Estado Palestino 194», en inglés y en árabe.
La manifestación, una de las mayores en Cisjordania en los últimos años, transcurrió de forma pacífica y festiva, bajo la vigilancia de algunos agentes de la Policía de la AP.
«Es un acto de fiesta, no violento, no le vamos a dar ninguna justificación a la potencia ocupante para que comience con la violencia. La violencia no nos beneficia, sólo beneficia a quienes quieren mantener el statu quo», dijo Xavier Abu Eid, uno de los portavoces de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
A su juicio, quien vete el reconocimiento del Estado palestino en la ONU «tendrá que explicar al mundo entero por qué después de 64 años se le sigue negando al pueblo palestino el derecho a la autodeterminación y a la libertad».
La AP ordenó que las escuelas cerrasen más temprano para facilitar que los funcionarios públicos pudiesen participar en las manifestaciones.
En Hebrón, otra de las principales urbes cisjordanas y la única que cuenta con asentamientos israelíes en pleno centro de la ciudad, se manifestaron igualmente miles de personas, según la televisión palestina.
También en otras localidades, como Belén, Tulkarem, Jericó o Nablus, se celebraron manifestaciones multitudinarias, de acuerdo con los medios palestinos.
En esta última ciudad, Mahmud Al Alul, miembro del comité central de Fatah, destacó que los palestinos «perdieron demasiado tiempo en las negociaciones» y realizado «todos los esfuerzos posibles para conseguir la paz», pero lamentó que el actual Ejecutivo israelí «no es un Gobierno de paz, sino de asentamientos».
Pese al carácter en general pacífico de las manifestaciones, algunos grupos de jóvenes quemaron neumáticos e intentaron formar barricadas en la carretera de acceso al puesto de control de Qalandya, entre Ramala y Jerusalén, lo que provocó enfrentamientos con el Ejército israelí.
Según la agencia oficial palestina Wafa, los militares emplearon una nueva arma acústica para dispersar a estos manifestantes denominada «Scream» («Grito»), que es capaz de traspasar tapones auditivos y causa mareos y náuseas.
En Gaza, controlada por el movimiento islamista Hamás, no se celebraron, sin embargo, manifestaciones, al no llegarse a un acuerdo entre los dirigentes de la Franja y Fatah sobre si éstas serían permitidas.
Agencia EFE


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