17 de mayo 2011 - 00:00

Murió al caer de un auto durante un secuestro

Un profesor de tango murió a raíz de los golpes que sufrió cuando cayó del auto en el que era llevado cautivo junto a una alumna por delincuentes que lo habían golpeado brutalmente y lo tenían secuestrado, en localidad bonaerense de El Palomar. Fuentes policiales informaron que Sergio Cardozo (32) fue víctima de la misma banda que el domingo, una hora después, asaltó al exfutbolista y actual técnico de las inferiores de River Plate César Laraignee, cuando iba junto a su esposa en un auto por la localidad bonaerense de Ciudadela.

Tres de los delincuentes fueron detenidos tras ese hecho, durante un tiroteo con la Policía del partido de La Matanza en el que fue baleado un efectivo, y en su poder se secuestró el auto del profesor de tango y tres armas, entre ellas una pistola ametralladora.

El raid criminal de la banda se inició en Sourignes y Bunge, de El Palomar, donde los cinco asaltantes a bordo de Ford Fiesta robaron a mano armada un Citroën C3. Con ese auto, y mientras eran seguidos por la Policía, los asaltantes interceptaron cerca de las 7.40, en la esquina de las calles Camilo Aldao y Rodó, a Cardozo, quien iba en un Chevrolet Corsa gris conducido por su alumna, Ana Castellucci (50).

«Nos cruzan un auto grande, primero pensé que nos iban a chocar pero no, se bajan con armas de fuego, abren la puerta, sacan a Sergio, lo pasan al auto en que estaban ellos y a mí me pasan atrás en mi auto», dijo a la prensa la alumna de Cardozo.

Repartida en los dos autos -el Corsa y el C3-, la banda huyó con las víctimas, con intenciones de robarles dinero. «Me llevaron por un montón

de lados, querían plata, en un momento me pidieron ir a mi casa, pero yo me estaba descomponiendo y no sabía explicarles cómo ir. En eso paran, bajan a Sergio ya con la cara desfigurada, llena de sangre, le habían pegado brutalmente», recordó Castellucci.

En un momento, Cardozo y Castellucci quedaron juntos en el asiento trasero del Corsa y la mujer vio que su profesor estaba «muy mal, muy golpeado y vomitaba sangre». La mujer recordó que cuando un móvil policial comenzó a seguirlos, los delincuentes y se pusieron «muy locos; gritaban: la yuta, la yuta, y hasta se subieron a los cordones de la vereda».

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