7 de marzo 2014 - 00:00

Murió Leopoldo Panero, el último poeta maldito

Leopoldo Panero fue una figura emblemática de la poesía española, pese a que a los 23 años se le diagnosticó esquizofrenia, y pasó más de 4 décadas internado en hospitales psiquiátricos.
Leopoldo Panero fue una figura emblemática de la poesía española, pese a que a los 23 años se le diagnosticó esquizofrenia, y pasó más de 4 décadas internado en hospitales psiquiátricos.
Madrid - Con un aura de Baudelaire, Rimbaud o Peter Pan, obsesionado con la muerte, el caos, el tabaco, la soledad o el sexo con sabor a absenta, Leopoldo María Panero fue el "último poeta maldito". El renombrado escritor español murió ayer a los 65 años en el Hospital Psiquiátrico de las Palmas de Gran Canaria, un lugar al que llamaba un "cruel circo romano" (pasó en psiquiátricos más de 40 años de su vida). "Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur/ En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre algo aún será: ceniza en la mesa o alimento para el vino..." escribió Panero en "Requiem", su poema de "El último hombre", en 1984.

Panero caminaba por la vida solo con su sombra y su fantasía paranoica desde hace años. En 2013 murió su hermano Juan Luis Panero, con el que no tenía trato ni se llevaba bien, pero al que reconocía ser "buen poeta". Aunque él era o fue el mejor de toda la familia de escritores. El autor de "Así se fundó Carnaby Street" fue hijo de Lepoldo Panero, considerado el poeta oficial del franquismo, aunque su pasado era de izquierda; hermano también de Michi Panero, un agitador cultural que se movió bien en la "movida" madrileña de los 80, e hijo de Felicidad Blanc, también escritora y actriz con la que el poeta mantuvo una relación de amor/odio.

Una familia que destapó su miserias y sus sombras en la película "El desencanto", de Jaime Chavarri, en 1975, un film de culto que se rodó tras la muerte del padre y en donde sin tapujos traslucía el autoritarismo del padre, los malos tratos y la crueldad silenciosa que se respiraba en esa familia. A los diecisiete años le diagnosticaron a Panero esquizofrenia, pero eso no le impidió escribir poesía, ensayos y narraciones, además de traducir. Y fue libre en todo, con unos inicios llenos de fuerza y pulso poético. Tenía una memoria prodigiosa y una cultura de libro, con la que disparaba constantemente en sus entrevistas, cuando utilizaba la palabra.

En los últimos años dejaba por unos días el psiquiátrico e iba a la Feria del Libro de Madrid. Allí firmaba ejemplares de su obras, casi 60, la última una reedición de "Last river Together". Y fumaba y fumaba y bebía Coca-Cola tras Coca-Cola. "No paro de escribir. La única esperanza que me queda es la literatura, que es lo que me salva la vida", decía. "La vida solo un inmenso cenicero, violeta pálido".

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