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Murió Sara Montiel, símbolo de la España más “salerosa”

Manchega nacida como María Antonia Abad en una familia de labriegos y bodegueros de Campo de Criptana el 10 de marzo de 1928, se crió en Alicante con las monjas, hasta que a los 16 Vicente Casanova, productor de la empresa cinematográfica Cifesa, la oyó cantar una saeta en una procesión de Semana Santa, de inmediato le puso maestros de canto y declamación, y ese mismo año la hizo debutar en "Te quiero para mí. En la segunda película se rebautizó Sarita Montiel, en la quinta ya se besaba con el protagonista, y siete apariciones después ya disputaba la gloria con la protagonista. Eso ocurrió nada menos que en "Locura de amor", 1948, donde Aurora Bautista sufría y Sarita la gozaba. "La que está buenísima es la mala", decía la gente a la salida.
El éxito de este film la catapultó a México, cuyo cine estaba en su mejor época. Allí fue coprotagonista de Pedro Infante, Arturo de Córdova, Katy Jurado y demás grandes en una docena de pasatiempos, como "Cárcel de mujeres" y "Piel canela". Ahí la contrató la pequeña empresa de Burt Lancaster para un western que él protagonizaba con Gary Cooper: "Veracruz". Eso la llevó a Hollywood. Hizo solo una de mestiza y otra de india, pero no le fue mal: en la primera ya se consiguió a su primer marido, el director Anthony Mann.
A esa altura bien pudo terminar como envidiable esposa de un realizador de Hollywood, y punto. Pero un gesto suyo de gratitud la convirtió en estrella. En 1957 Juan de Orduña, que la había llevado a la fama con "Locura de amor", le pidió protagonizar un film de muy escaso presupuesto. Ella fue a España, actuó, susurró muy sensual unas canciones que otras cantaban con voz aguda, y se volvió a Hollywood. Telegrama: "El último cuplé, éxito en todas las salas, pida la cifra que quiera por su próxima película. Y empezó a pedir cualquier cifra, porque su rostro y su voz eran éxito en toda Hispanoamérica. Mérito, también de un argentino exiliado por peronista: Luis César Amadori, que la dirigió en "La violetera", "Mi último tango" y "Pecado de amor". Y de otro argentino, Tulio Demicheli, que la dirigió en "Carmen la de ronda" y "La mujer perdida". Con ellos cantó sus grandes temas y trascendió también a Francia e Italia. Fue su gran época. Después ya empezó a portarse como una diva, hasta que a los 43, reticente al destape, dejó el cine y se dedicó solo al espectáculo musical.
Fueron famosas sus interpretaciones de "Clavelitos", "La violetera" y "El relicario", los boleros "Contigo aprendí, "Quizás, quizás, quizás" y "Bésame mucho", y el tango "Fumando espero". Y sus giras, inclusive varias a la Argentina, sus galas musicales, como "Doña Sara de la Mancha", "Saritísima" y "Saritízate", que cumplió hasta el año pasado, actuando dos horas seguidas con 84 años cumplidos, su programa televisivo "Sara y punto", y su libro de memorias "Vivir es un placer" (paráfrasis de "fumar es un placer" que cantaba en su mayor éxito tanguero).
Ciertamente, supo darse la gran vida. En su piso, todo un séptimo piso custodiado por un enorme cuadro de Sarita casi desnuda, guardaba recuerdos de sus triunfos por todas partes, sus cuatro maridos, y sus varios amantes de fama. Oficiales, tuvo a Anthony Mann, cuatro años, el industrial José Vicente Ramírez Olalla, dos meses, el empresario José Tous Barberán, 27 años, de quien enviudó. Y extraoficiales, el dramaturgo Miguel Mihura (él 40 años, ella 17), el poeta León Felipe, que le enseñó a leer y escribir correctamente, el político socialista Indalecio Prieto, exiliado en México, el científico Severo Ochoa (el amor de su vida, pero clandestino porque él era casado), Ernest Hemingway, que le enseñó a fumar habanos, James Dean (no confirmado), Maurice Ronet, su compañero en tres películas, Giancarlo Viola, actor de reparto "con derecho a cosquillas", Mario Montuori, su fotógrafo en "La bella Lola", y otros etcétera.
De tiempos recientes, cabe señalar su disco "Purísimo Sara", con Joaquín Sabina y otros, un par de participaciones en anuncios y videoclips juveniles, el documental "Sara, una estrella", el Goya a la trayectoria, su madrinazgo del Almería Western Film Festival, un raro aviso anunciando la venta de su casona madrileña, y algunas frases y anécdotas de antología: "Estoy indignada con mi belleza, porque la crítica siempre decía que era preciosísima, y nada de la actuación". "Fernando Fernán Gómez fue el primero que me besó. Yo tenía 16 años y no sabía". "Mi primer amor, el hombre que me hizo mujer y al que volvía loco en la cama y dejaba como un trapo, fue Miguel Mihura, yo entonces tenía 17 años". "Severo Ochoa estaba casado y, además, ¿qué iba a ser mi vida con él? ¿Él en su laboratorio y yo tomando el té con las esposas de otros científicos?" "¡Ay, qué país México! Qué sitios, qué comida, qué gente. Una industria cinematográfica muy profesional, en plena época de oro. ¡Y la gente se podía divorciar!". "Hemingway me dijo 'No sé por qué me da que tú vas a fumar muy bien. Y eso he hecho hasta ahora. Y sé que lo hago con la mano muy bien puesta. Me lo ha dicho mucha gente, y sé que tengo ese don." "¡Los huevos de Marlon Brando! Una vez le dije 'Yo hago unos huevos fritos con ajos, a lo manchego, que pa' qué te cuento, y se apareció a probarlos a las siete de la mañana, luego no paraba de decir 'He comido huevos manchegos, huevos de la tierra de Don Quijote'. Muy majo". "Yo siempre duermo con el culo al aire, desnuda y con las sábanas de seda". Y la última, refiriéndose al político Pedro Aznar: "Ese señor de bigotes no tiene ni medio polvo".


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