Nada por aquí, nada por allá

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No fue tan decepcionante para River como el empate de la semana pasada ante Boca, pero su actuación fue mucho más floja, en un partido donde ninguno de los dos arriesgó por ganar y el empate fue una consecuencia lógica.

Quizás las dimensiones del campo de juego conspiraron contra la intención de jugar, si ésta hubiera existido, pero lo que se vio en la cancha fue a dos equipos que se entregaban mansamente a una lucha en la mitad de la cancha, donde la pelota se congestionaba más que el tránsito en las horas pico en la zona del Obelisco.

Sin conductores brillaron los luchadores (Ponzio y Cirigliano por un lado y Ahumada y Fernando Sánchez por el otro) y por eso escasearon las situaciones de gol.

El uruguayo Rodrigo Mora, bien tomado por Carlos Soto, no tuvo espacios para demostrar su habilidad y Rogelio Funes Mori perdió en el roce físico con Ferrari y Coronel.

Del otro lado todas las fichas parecían estar jugadas a una pelota detenida y a la capacidad aérea de Mauro Matos y Borghello.

All Boys intentó desbordar con Hernán Grana por derecha y Juan Pablo Rodríguez por izquierda, pero no lograron casi nunca y del otro lado les pasaba lo mismo a Carlos Sánchez y Ariel Rojas.

Como apunte de acercamiento al peligro un flojo remate de Ariel Rojas, que apenas inquietó a Cambiasso y un «buscapié» del uruguayo Rodríguez que no encontró ningún pie.

Después un largo bostezo con errores de todos, hasta del discreto árbitro Federico Beligoy que terminó expulsando con roja directa a Leonardo Ponzio (el que mejor había jugado) en una jugada que a lo sumo merecía una tarjeta amarilla por exceso de fuerza en la lucha por la pelota (que Ponzio tocó antes que Fernando Sánchez).

En síntesis, no pasó nada. Pero nada de nada. River fue una sombra del equipo que hizo un gran primer tiempo ante Boca y All Boys fue un equipo amarrete que se aferró al punto y lo festejó.

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