30 de diciembre 2014 - 00:00

Negociar con firmeza y buscando el apoyo del sector financiero de EE.UU.

 Si la Argentina aspira a negociar con los fondos buitre exitosamente debe hacerlo desde una posición de máxima usando todas las armas que queden a su disposición. Esto no debería escandalizar a nadie. En definitiva es lo que los propios fondos buitre están haciendo aun teniendo sentencias firmes a su favor. Dentro de este esquema lo que debe hacer es no sólo conocer bien a su enemigo, sino también entender cuál es su entorno, quiénes lo apoyan y quiénes principalmente no lo hacen dentro del propio mercado financiero en el que actúan y que podrían convertirse en potenciales aliados.

Mientras la Argentina libra su batalla contra los llamados fondos buitre se han multiplicado las críticas a su accionar en el mercado americano. La denominación de los mismos en Estados Unidos es menos agresiva pero no menos criticada. Se llaman fondos especulativos activistas (Activist Hedge Funds). Su actividad está dirigida a lograr un aumento inmediato en el valor de mercado de los activos de la empresa objeto de sus ataques, a través de su desguace o del apalancamiento financiero. Sus métodos varían según las circunstancias, pero como en todo mercado competitivo y no regulado no han dejado de sumar enemigos.

El aumento de las críticas corre paralelo con su performance, ya que los llamados "activist hedge funds" son los que mejor resultado han obtenido en 2014 de acuerdo con la firma de investigaciones eVestment. En efecto, en el primer semestre de 2014 los "activist hedge funds" ganaron un 6,7% y, en el total del año, un estimado del 18%. Su estilo es combativo y precisamente emplean todo tipo de estrategias agresivas para maximizar su retorno aunque ello implique desguazar a la empresa y comprometer su futuro. Entre los más famosos se encuentran Carl Icahn, quien ha mantenido célebres batallas con Apple y el fundador de Dell, Michael Dell; o Bill Ackman de Pershing Square Capital Management, quien acusó a Herbalife de operar un "pyramid scheme" y recientemente se uniera con Valeant Pharmaceuticals para hacer una oferta hostil de Allergan, los fabricantes de Botox; o Dan Loeb de ThirdPoint, interesado en Sotheby's, Yahoo y Sony. Otros famosos incluyen Kirk Kerkorian, Bill Ackman, Eddie Lampert and Nelson Peltz. A este selecto grupo se suma Paul Singer con Elliott Management Corporation que es la gerenciadora de Elliott Associates L.P. y Elliott International Limited. Tiene más de 23 billones de dólares bajo su administración. Sus inversiones incluyen también como sabemos "sovereign distressed debt" donde su objetivo declarado es también obtener el máximo retorno. Curiosamente para justificar su accionar en el mercado privado Paul Singer dice que su interés es defender a los accionistas frente al management de la compañía. Sus más famosas batallas han sido con Adecco, TWA, MCI, P&G, Telecom Italia, WorldCom y Enron. Pero en el orden internacional de deuda pública sus batallas con Perú y el Congo son más conocidas.

El factor más importante a tener en cuenta y que explica el éxito del accionar de los activist investors es que no existe un marco regulatorio preciso para las actividades de dichos fondos activistas, pero cada día más se acumulan las críticas a su accionar y se suman sus enemigos. En estas críticas y en el grupo de inversores, accionistas y academia que las realizan, la Argentina debe buscar apoyo.

Los efectos adversos del accionar de algunos de estos fondos están perjudicando a los accionistas, ciertamente a los empleados de las empresas, y al mercado. Estos efectos negativos son reales y están dando lugar a una saludable reacción en los Estados Unidos. ¿Por qué? Porque si bien para los Estados Unidos una economía de mercado es el sistema más eficiente y justo para fomentar el crecimiento, distribuir beneficios y asegurar los derechos individuales, lo cierto es que para que esa economía de mercado cumpla su objetivo ésta debe tener un marco regulatorio y un árbitro que controle que los actores compitan en igualdad de condiciones y de buena fe respetando las reglas del juego. Sólo dentro de este marco puede decirse que la "mano invisible del mercado" todo lo soluciona, porque, de lo contrario, dicha mano puede llegar a convertirse en las garras de un ave de rapiña.

Son ya muchos los que expresaron su preocupación por el activismo de este año 2014, y es particularmente de interés para la Argentina conocer a estos inversores institucionales que podrían convertirse en sus aliados para influir en la opinión de los sectores financieros de Estados Unidos que quieren invertir en la Argentina. La lista de efectos negativos del accionar de los fondos activistas señalada por estos inversores genuinos es larga e incluye entre los métodos empleados por los fondos activistas, por ejemplo a los recortes a los gastos de capital y el aumento, de la deuda utilizada para alimentar dividendos y recomprar acciones, lo que tiene el potencial de poner en peligro la capacidad de la empresa de generar rendimientos sostenibles a largo plazo y de destruir fuentes de trabajo, (¿suena familiar con respecto a la Argentina como país?). El cor-

toplacismo de su accionar es otra de las críticas, ya que una empresa para que subsista y crezca debe pensar en el largo plazo. Asimismo, el activismo de estos fondos generalmente no se traduce en la creación de valor pero en transferencias de valor de los empleados a los activistas.

William Galston en el Wall Street Journal dijo que si el cortoplacismo prevalece, no vamos a tener inversiones a largo plazo que favorezcan el pleno empleo ni las inversiones en la innovación que se necesita para sostener una mayor tasa de crecimiento (ver su artículo "Shareholder Value' Is Hurting Workers: Financiers Fixated on the Short-Term Are Forcing CEOs into Decisions That Are Bad for the Country"). El propio Jack Welch ha dicho que la idea de maximizar el retorno de los accionistas a cualquier costo, propia de un activist fund, como justificativo de sus acciones, es "la idea más tonta del mundo", y que demuestra que, irónicamente, no beneficia al común de los accionistas que buscan la subsistencia y crecimiento de la empresa. Más aún y más allá del interés del accionista, los efectos perjudiciales del aumento de la presión de los mercados financieros por resultados a corto plazo tienen consecuencias perjudiciales macroeconómicas, entre ellas un menor crecimiento del PBI, mayor desempleo y menor rendimiento de la inversión de acuerdo con Dominic Barton, director general mundial de McKinsey.

Entre las figuras reconocidas en este ámbito de inversionistas genuinos están Laurence Fink de BlackRock, Tim Armour de Capital Group, William McNabb de Vanguard, James Montier de OGM capital y Jeffrey Ubben de ValueAct, entre otros, así como académicos como William Lazonick, quien argumentó que las recompras de acciones pueden aumentar los precios de las acciones en el corto plazo pero tienden a alterar la igualdad de ingresos, estabilidad en el empleo y el crecimiento económico en general; al profesor de la Facultad de Derecho de Columbia John Coffee, Jr. o a los profesores William George y Jay Lorsch de la Escuela de Negocios de Harvard; al Profesor de la Universidad de Leiden Pvlos Masouros; o a Lynn Stout de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cornell.

Estos son los grupos que mas influencia pueden tener en los Estados Unidos ya que representan sectores importantes de la economia real, del mundo financiero del pais y de la academia. Ellos podrian ser los aliados estrategicos mas importantes para Argentina a los efectos de balancear el lobby de los hold outs.

Ese posible apoyo podria traducirse en más acciones por parte de inversores institucionales responsables de negar el apoyo a los fondos especulativos activistas y podria dar lugar también a acciones legales, reglamentarias y judiciales para amortiguar sus abusos y disminuir sustancialmente su impacto. Al fin de cuentas no hay mejor defensa que un buen ataque. Galvanizar a estos sectores podria ser el caballo de Troya que necesita Argentina para poder negociar un acuerdo sustentable.

(*) Carlos E. Alfaro es presidente de la Argentine-American Chamber of Commerce en Nueva York y socio del estudio jurídico Alfaro-Abogados

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