En un discurso televisado, Netanyahu dijo que para que se alcance una solución a la crisis antes debe producirse una desmilitarización del territorio palestino, controlado por el grupo terrorista Hamás.
"No vamos a poner fin a la misión, no vamos a finalizar la operación hasta neutralizar los túneles, que tienen como único propósito destruir a nuestros ciudadanos, matar a nuestros niños", aseguró. "Necesitamos estar preparados para una campaña larga. Vamos a seguir actuando con fuerza y prudencia hasta cumplir con nuestra misión", agregó.
Poco después de las palabras del primer ministro, el Ejército israelí incrementó los ataques contra Gaza, los cuales ya habían sido particularmente duros durante las primeras horas de ayer.
La aviación israelí bombardeó la casa de Ismael Haniyeh, el más alto dirigente de Hamás en la Franja, que se encuentra en el campo de refugiados de Chati (noroeste de Gaza).
En la madrugada de hoy, trece personas -siete mujeres y cuatro niños- murieron en ataques similares, según informaron los servicios médicos, lo que elevó a 1.098 los palestinos muertos desde el comienzo de la ofensiva militar, el 8 de julio.
Hacia las 19 hora local de ayer, Israel había demandado a la población civil de zonas cercanas a la ciudad de Gaza que las evacuaran "inmediatamente", lo que permitió presagiar estos ataques.
El Ejército israelí dijo que ayer cinco soldados murieron en dos incidentes separados, cuatro de ellos en un ataque con fuego de mortero. "Ha sido un día difícil, doloroso", dijo Netanyahu. En total, Israel perdió a 48 uniformados y tres civiles fallecieron por cohetes lanzados por palestinos.
La 21ª jornada de la operación militar sumó un nuevo capítulo que generó estupor internacional con el asesinato de al menos diez personas, entre ellas ocho niños, que se encontraban en un campo de refugiados celebrando el fin del mes del Ramadán.
Los vecinos sostuvieron que varios misiles fueron disparados hacia un vehículo cerca de un parque infantil. "Un F16 lanzó cinco cohetes hacia una calle en el campo de Shati donde había niños jugando, mató a algunos de ellos e hirió a muchos más", declaró uno de ellos.
Casi en el mismo momento en que se produjo este ataque, otro estallido sacudió al principal hospital de Gaza, sin causar víctimas. Israel, que previamente acusó a militantes de Hamás de esconderse en el hospital, culpó a un misil disparado por el grupo islamista.
"No hemos tirado contra el hospital ni contra el campo de refugiados de Shati", declaró el comandante israelí Arye Shalicar. "Sabemos que Hamás estaba disparando desde ambas áreas y que los misiles cayeron en esos lugares", agregó.
La presión extranjera sobre Netanyahu aumentó para que frene su ofensiva aunque parece no tener ningún efecto en las decisiones del Gobierno. En el mismo discurso, el premier israelí exigió que "el proceso de evitar que una organización terrorista se arme y de desmilitarización de la Franja de Gaza debe ser parte de cualquier solución".
"En lugar de permitir que entren fondos en Gaza para que vayan a parar a las manos de Hamás y el cemento para la construcción se emplee sin límites para construir túneles, esto debe ser controlado y esta cuestión seriamente atendida", añadió.
Según el Ejército de Israel, desde el inicio de las operaciones militares contra los terroristas fueron lanzados hacia territorio israelí 2.538 cohetes, y que otros 200 impactaron en la Franja. "Los terroristas palestinos tiran desde áreas civiles y golpean a su propio pueblo", dijo.
| Agencias Reuters, AFP, |
DPA, ANSA y EFE


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