22 de enero 2015 - 16:37

Nisman: dos jueces juegan su suerte

• LIJO Y PALMAGHINI EN LA ENCRUCIJADA POR PRESIÓN POLÍTICA

Los jueces Ariel Lijo y  Fabiana Palmaghini  juegan su suerte en la causa Nisman. Él debe resolver si toma la renuncia del fiscal o la manda a sorteo. Ella, confirmar el suicidio o avanzar en otros delitos.
Los jueces Ariel Lijo y Fabiana Palmaghini juegan su suerte en la causa Nisman. Él debe resolver si toma la renuncia del fiscal o la manda a sorteo. Ella, confirmar el suicidio o avanzar en otros delitos.
 La mirada de la investigación de la muerte de Alberto Nisman se concentró ayer en el edificio donde ocurrió el hecho, hasta ahora un presunto suicidio, pero que la jueza Fabiana Palmaghini está forzada a confirmar o desmentir. La presión política desde el oficialismo y la oposición ha alimentado la hipótesis del asesinato cuando se dicen insatisfechos con la trama del suicidio, dudan de la marcha de la pesquisa o hablan de suicidio inducido, una forma del homicidio.

La jueza tomó a su cargo la investigación efectiva del hecho, aunque formalmente está a cargo de la fiscal Viviana Fein. Esta procuradora estuvo en el lugar del hecho desde la noche del domingo y su actuación está amparada en la excepción normativa al procedimiento aún vigente de que las causas las deben tramitar los jueces. En la Justicia nacional rige aún el sistema inquisitivo que abolirá el Código Procesal Penal cuando se ponga en vigencia. Esa excepción es para casos especiales como los secuestros extorsivos o las caratuladas "N.N." (se las llama así cuando no hay imputados) y pueden ser llevadas adelante por los fiscales.

Pese a eso Palmaghini se abocó a controlar lo que hace Fein desde la noche del martes, cuando regresó de sus vacaciones y le dio más impulso a la tarea de la fiscal, una funcionaria con tanta experiencia judicial como ella pero con temperamentos distintos. Fein aparece como una persona de temperamento pacífico y controlada en sus actos y palabras, salvo cuando dijo que "lamentablemente" la primera autopsia no encontró rastros significativos de deflagración en la mano de Nisman que pudo gatillar el tiro del final.

Palmaghini, en cambio, tiene leyenda en Tribunales de un ánimo fuerte y emprendedor, hasta ponerse a veces al borde de la conducta de un juez, como cuando hizo comentarios políticos en su página de FB que en las últimas horas habría borrado. Apura las causas que tiene a su cargo con energía, discute con empleados y superiores con el temperamento que algunos no esperan en una dama. Por eso nadie se extraña porque conduzca de hecho la investigación de la fiscal Fein.

Cualquier juez que tuviera esta causa avanzaría en el mismo sentido: despejar las dudas que existan en la opinión sobre si fue un suicidio -como dicen hasta ahora las probanzas- o un asesinato. Siguiendo cualquier manual de criminalística, la mirada la pone sobre la escena del crimen y sobre todo lo que puede decir el edificio de Azucena Villaflor 450. Una pesquisa ambiental dirá quiénes son los vecinos que habitan en otros pisos y otros departamentos. La hipótesis del asesinato podría alimentarse si surgen datos sobre vecinos llegados en los últimos meses, su procedencia y actividades. Ayer se supo que el departamento de Nisman tiene una tercera puerta que comparte con un departamento vecino habitado por un ciudadano extranjero.

Asimismo, van detrás de un barrido electrónico para saber si en ese piso había ingenios de inteligencia para captar imágenes, sonidos, conversaciones. También quiénes entraban con frecuencia y sin ella al edificio, movimientos que podrán señalar a nuevos sospechosos de merodear a Nisman en su vida cotidiana.

Esta pesquisa puede llevar muchos días, pero ayer la jueza logró del presidente de la Corte Suprema la promesa de los medios -dinero, personal, autoridad política- para que haya resultados inmediatos (ver nota en pág. 3). Si el juzgado de Palmaghini abre más la hipótesis del asesinato, ésta puede convertirse en una nueva estrella de la Justicia. Si atornilla la del suicidio, inducido o no, también juega su futuro.

El mismo dilema lo tiene Lijo, quien debe decidir en las próximas horas si se queda o no con la causa del encubrimiento en el tratado con Irán. Él tiene a su cargo la llamada causa AMIA II, en la que se analiza el encubrimiento de funcionarios políticos y judiciales en la investigación del atentado, que está en cabeza de Carlos Menem. En esa causa Nisman era uno de los fiscales que actuaron en la acusación. La denuncia sobre el tratado la llevó a la oficina de Lijo presumiendo que hay conexidad con ese expediente, pero es algo que debe resolver este juez. Si lo hace, debe comunicarlo antes del final de la feria judicial. Si resuelve que son dos causas distintas, deberá enviarla a sorteo para que la tome otro magistrado. Con eso se libera de una trama con densidad política insoportable y también disipa la presunción de que Nisman ensayó lo que se llama el "fuero shopping", es decir, direccionar la causa hacia un magistrado oportuno por algún motivo.

Pedir el sorteo es lo más probable que haga, pero no es final de la trama, porque en ese procedimiento puede, ahora por el azar, devolverle la causa a él.

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