- ámbito
- Edición Impresa
"No distraigo al público con desnudos en escena”
Jorge Eines: «Para fracasar en la profesión de actor sólo hay que tratar de gustarle a todo el mundo».
Eines viene de dirigir a Federico Luppi en «El guía del Hermitage» del peruano Herbert Morote, que tras estrenarse en Madrid hizo gira por varias ciudades de España. El año pasado, dio a conocer en Buenos Aires otra pieza de autor español: «Camino del cielo (Himmelweg)» de Juan Mayorga, estrenada en la sala Casacuberta del Teatro San Martín con el protagónico de Víctor Laplace. «Me parecía imposible acomodar mi vida y mis clases para venir instalarme por tres meses -dice el director- hasta que decidí que quería ser un poco más argentino de lo que soy y aquí me tienen».
Periodista: ¿De qué trata «Nina»?
Jorge Eines: Es una obra que está en diálogo con «La gaviota» de Chejov y que retoma sus mismas huellas. Aquí también hay una actriz que abandona su pueblo para ir detrás de un escritor y que regresa, varios años más tarde, con sus ilusiones deshechas. La acción transcurre en un hotel de la costa argentina que trabaja sólo dos meses y el resto del año está cerrado.
P.: Se trata, por lo tanto, de personajes muy reconocibles.
J.E.: Así es. La obra habla de las múltiples Ninas que llegan a la gran ciudad buscando triunfar y corriendo grandes riesgos, la mayoría de las veces. Yo no sé qué es lo que hace falta para que uno le vaya bien en esta profesión pero si sé lo que hace falta para que te vaya mal, gustarle a todo el mundo.
P.: ¿Podría darnos algún ejemplo?
J.E.: Tomemos el caso de Pampita. Yo me pregunto ¿qué sentirá luego de ganar en «Bailando por un sueño»? Seguramente se cree alguien importante por todo el aparato que la rodea. Dirá «¡qué bien, cuánta gente me sigue y me aplaude!» ¿Pero qué ha logrado? Que muchos hombres se masturben pensando en ella. Ese programa logró que el puticlub se instalara en todos los hogares como algo legal. Ahora el baile del caño se consume en familia, por eso creo que tanto Pampita como Tinelli son dos grandes fracasados.
P.: ¿Y cómo se relaciona todo esto con «Nina»?
J.E.: Cuando Nina regresa a su pueblo a los 31 años, ya ha vivido muchas cosas: perdió un hijo, tuvo amores y desamores, se la quisieron llevar a la cama para darle un trabajo, etcétera. Algunos la ven como una triunfadora, porque ha hecho una película y sale en televisión, pero ella se siente una fracasada porque no puede ignorar todo lo que dejó en el camino: sus ideales de juventud, su barra de amigos. Nuestra sociedad se ha especializado en encubrir ese tipo de fracasos, porque la gente ya no se cuestiona nada y es capaz de aficionarse a programas como el de Tinelli que estimulan y exacerban las conductas más bajas y dan rango de valor a cosas que no deberían tenerlo.
P.: ¿Cómo resolvió la
escena de sexo que pide el autor?
J.E.: Me esmeré en sugerirla. Yo por principio nunca desnudo mujeres porque no me gusta que se utilice el cuerpo femenino para decir ciertas cosas en un marco artístico.
P.: Heidi Steinhardt no tuvo ningún problema en pasearse desnuda por la Sala Martín Coronado cuando Jorge Lavelli la dirigió en «Mein Kampf».
J.E.: Es cierto, e inclusive me preguntó en un ensayo: ¿Vas a querer que nos desnudemos? «No», le dije, «yo no desnudo mujeres». No me apetece, ni me estimula incluir desnudos o escenas de sexo porque no me interesa lo que provocan en el imaginario del espectador. Yo ya sé lo que es una mujer desnuda y todos saben, más o menos, cómo se hace el amor. Llevar eso a escena es otra cosa. No quiero caer en la obviedad. Me interesa mucho más ver cómo hago para construir un «polvo» sin mostrar lo que ya todos conocemos. Corro más riesgos construyendo un gesto que no sea igual al de la vida sino que la cuestione y exhiba sus contradicciones. Mi trabajo con el actor no pretende reproducir la realidad, sino construir una realidad alternativa, por eso busco actores con imaginación.
P.: De allí que se enoje con Tinelli.
J.E.: Es así, a Tinelli lo sigue todo el mundo y ha ganado mucho dinero con sus programas, pero para mí es un fracasado. Y yo asumo mi propia coherencia de seguir evitando los desnudos, hasta tanto aparezca una mujer a la que yo quiera desnudar. Puede pasar, pero lo veo difícil, tengo demasiadas puestas encima como para suponer que eso pueda llegar a interesarme.
Entrevista de
Patricia Espinosa


Dejá tu comentario