10 de agosto 2016 - 00:00

“No esclarecer crímenes es parte de nuestra historia”

La autora retomó la historia de María Guadalupe Cuenca, porque hace 20 años cuando escribió “Lupe”, su primera novela, dejó afuera las cartas que la protagonista le escribió a su marido, de viaje sin retorno, y que éste nunca leyó.

Miguens. ”En sus textos lupe cuenta que le allanaron la casa, le reclaman libros, le piden cosas de su marido, unos misteriosos papeles, siente veladas amenazas”.
Miguens. ”En sus textos lupe cuenta que le allanaron la casa, le reclaman libros, le piden cosas de su marido, unos misteriosos papeles, siente veladas amenazas”.
A veinte años de la aparición de "Lupe", su opera prima (sobre María Guadalupe Cuenca, la viuda de Mariano Moreno), Silvia Miguens regresa al personaje que la consagró como autora de novelas históricas con "Lupe, después del viaje", que publicó Tusquets. Miguens ha publicado entre otros libros, "Ana y el virrey", "La gloria eres tú, "Anita Gorostiaga", "Eliza Brown", "La Baronesa del Tango", "El Aleph y Eva Duarte", "Breve historia de los piratas". Dialogamos con ella.

Periodista: Hace 20 años usted publicó una novela sobre "Lupe", la esposa de Mariano Moreno, ¿por qué quiso ahora volver a ella en "Lupe, después del viaje"?

Silvia Miguens:
Recién en la última página de aquella novela María Guadalupe Cuenca se entera de que su marido, pieza clave en los albores de la emancipación, el hombre de la Revolución, estaba muerto. No hice ese final a propósito, se me dio así en aquel momento. Con los años, mientras escribía otras novelas, me quedó la cosa de que por inexperta ("Lupe" era mi primera novela) no había trabajado las famosas cartas que Lupe le había enviado a su marido, que él no leyó. En esas cartas da un testimonio valioso de lo que vino después de que a Moreno lo viajaron. Pasaron los años y hubo quienes me preguntaban por qué no escribía de Lupe después del viaje. Decía: no, no sé, a nadie le va a interesar. Pero era muy interesante. Ella en sus textos cuenta que le allanaron la casa, le reclaman libros, le piden cosas de su marido, unos misteriosos papeles, siente veladas amenazas. Dice: "Mariano, ¿por qué te fuiste dejándome con este miedo? Ahora andan diciendo: Ahí va la viudita de Moreno. Eso dicen de mí. ¿Cómo podía saber hasta dónde llega el rencor de los malvados? ¿Cómo imaginar a cuánto más se animarán?". Lupe quedó muy desvalida.

P.: Luego de la Revolución de Mayo los compañeros de ideales de Moreno son apartados, perseguidos y hasta eliminados.

S.M.:
Tarda seis meses llegarle la noticia de la muerte de su marido, a mí entender la noticia tiene que haber llegado antes porque los asesinos de Moreno, si los hubo, los conspiradores, que los hubo, estaban acá. No necesitábamos a los ingleses, estaban entre nosotros. Lupe cuenta que Monteagudo es asesinado, Castelli está enfermo, Belgrano es marginado, cómo caen los hombres de Mayo. Los compañeros de Moreno son alejados, dispersados, muertos por muerte natural o "muerte natural", o desaparecidos. De ahí nos viene la grieta. Mismo Saavedra no duró mucho. Siempre pienso: en manos de quiénes quedamos. Moreno le puso sobre aviso: escribime, pero mandame las cartas con algún inglés de confianza. El viaja en la fragata británica Fama, en una comisión a Londres, pero no sabemos si a algo más. En 1812 se cierra la investigación de la muerte de Moreno.Todo está bien, acá no pasó nada. Ese método de no esclarecimiento de los crímenes es parte de la historia de nuestro país.

P.: ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en "Lupe, después del viaje"?

S.M.:
Los episodios de la vida de Lupe tenía que recrearlos, pero están basados en lo que ella va leyendo en las cartas. Resulta impensable que una mujer que escribe con ese compromiso, que es desconfiada como toda mujer, que mira la realidad con una óptica diferente a la de su marido, que estuvo exiliada, no hubiera sido crítica respecto a lo que le tocó vivir. No le pudo haber pasado la historia por al lado. Ella muere en 1854, después de la caída de Rosas.

P.: Siendo una mujer atractiva e inteligente, ¿no tuvo una nueva pareja?

S.M.:
Que se le conozca, no. Yo le inventé dos enamorados, pero no pasó de ahí. Viuda joven, desvalida, y la mujer nada menos que de Mariano Moreno, era candidata a no quedarse sola. Natu Poblet me dijo que la suerte de los escritores es que a los personajes les podemos hacer vivir otras historias. .

P.: ¿Qué se le impuso en "Lupe, después del viaje"?

S.M.:
Un deber de narradora. Esta novela se la debía a Lupe, porque ella significa mucho para mí, es una parte de mi vida, mi primer libro publicado, muchas satisfacciones. Gracias a Lupe inicié una carrera, conocí gente valiosa, hice muchas amistades en las que Lupe muchas veces me acompañaba. Yo hablo de Lupe como si fuera mi hermana, y así la siento. Cada tanto me preguntaba: ¿qué fue de Lupe? ¿y de Marianito, su hijo? Algunos me criticaron que en la primera novela Lupe no crece. ¿Querían que creciera? Acá la tienen. Un personaje así me cuesta que muera, la quiero para siempre. Y sin embargo "Lupe, después del viaje" llega hasta cuando se informa de su muerte.

P.: ¿Cuántos libros lleva escritos entre novelas históricas y ensayos?

S.M.:
Unos cuantos. Publiqué acá, en Colombia y en España. Algunos que me siguen dando satisfacciones, como "La gloria eres tú, historia de Manuela Sáenz, la amante de Bolívar. En España, "Catalina la grande", la emperatriz rusa, que me parecía tan ajena a mí y sin embargo disfruté escribiéndolo. Anduve con mujeres que fueron parte de hechos históricos, hombres que cambiaron la historia y también con piratas.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

S.M.:
Algo sobre Flora Tristán, la socialista y feminista francesa de ascendencia peruana, abuela de Paul Gauguin. Flora viaja en 1833 de Francia a Perú recorriendo la Patagonia. Ella no cuenta ese viaje, habla de su llegada a Valparaíso. Yo quiero contar entonces lo que ella no cuenta. Y fue el año en que los ingleses invadieron las Malvinas, y Darwin andaba en el HMS Beagle que comandaba Robert Fitz Roy, quiero estar ahí. Después tengo unos personajes en Colombia que me quedaron pendientes, siempre mujeres, dos sindicalistas, una es Betsabé Espinal, que hizo la primera huelga organizada en Talleres de Confección de Medellín, en 1920, con 400 mujeres.

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