16 de marzo 2009 - 00:00

“No se puede ser neutral ante un Gobierno que vulnera derechos humanos”

 Caracas - Cuando Hugo Chávez fue elegido presidente en 1998, sólo tenían 14 y 16 años. Han crecido con la polarización, la violencia política y la confrontación entre dos bandos que parecen irreconciliables. Dos semanas después de un referendo que partió a Venezuela por la mitad, entre partidarios y detractores de su controvertido presidente, Gobierno y oposición tratan de encontrar nuevas vías para el diálogo, el entendimiento y la cohesión social. Pero la tarea parece titánica.
Son dos polos que se repelen. Unos hablan de pueblo, y otros de ciudadanía. Héctor Rodríguez, ex ministro de la Presidencia y coordinador de las juventudes del Partido Socialista de Chávez, defiende que existe un choque entre «dos bloques históricos, la Venezuela de antes y la de ahora». Yon Goicoechea, líder estudiantil y miembro del partido opositor Primero Justicia, sostiene que «hay una mejor forma para superar la pobreza que la dependencia del clientelismo y el populismo: trabajo y talento».
Yon Goicoechea lideró las manifestaciones de estudiantes que sorprendieron a Chávez en mayo de 2007, cuando el Gobierno frenó las emisiones de RCTV y trató de reformar la Constitución. Desde entonces, este joven de 24 años y de origen vasco tiene una intensa agenda pública. Los adversarios de Chávez encontraron en él un ícono de las generaciones que rejuvenecerán los débiles y fragmentados partidos de la oposición. El Gobierno dice que es un niño rico «financiado por el imperio».
Goicoechea recibió el año pasado el premio Milton Friedman, dotado con 500.000 dólares, que otorga el think tank estadounidense de corte conservador Cato Institute. Con parte de ese dinero, ha inaugurado la escuela Lidera, un proyecto para la formación de jóvenes interesados en políticas públicas que cuenta con el respaldo de la Universidad Católica (UCAB) y la escuela de negocios IESE. A punto de terminar su carrera de Derecho, milita en el partido Primero Justicia, donde trabaja con un gobernador y un alcalde de la oposición.
Periodista: ¿Cómo es la Venezuela que imaginas?
Yon Goicoechea: Está sostenida en tres pilares: la esencia de los venezolanos, un pueblo amigable, abierto, y extraordinariamente solidario. Dejar de depender del petróleo, y entender que es el trabajo, la creatividad y el esfuerzo de los ciudadanos lo que nos va a sacar de la pobreza. Y en una Venezuela reconciliada desde el punto de vista social, donde se haya superado la discriminación de todo orden. La más grave de todas es la discriminación por causas económicas, el clasismo, la separación por clases sociales, debe ser olvidado, perdonado y superado. Que las diferencias políticas no impliquen censura, venganza, discriminación, y que se supere la violencia.
P.: ¿Y cómo la ve ahora?
Y.G.: Mucha pobreza y violencia. Una restricción de libertades individuales importantes, donde la libertad de expresión, la discriminación política, y otros valores están en tela de juicio. Veo un país radicalizado, polarizado y caudillesco. La Venezuela de ahora la quiero con sus luces y sus sombras, pero no es la mejor que podemos tener. Podemos ser mejores.
P.: ¿Cómo evitar la confrontación y convivir en paz?
Y.G.: Aquí a la confrontación hemos jugado varios. Nosotros hemos cometido errores en la forma de llevar estos diez años de chavismo. Sin embargo, el Gobierno ha generado un clima de radicalización. El punto de encuentro va a ser más la gente que los partidos. Creo que, en Venezuela, la neutralidad es complicidad. Uno no puede ser neutral ante un Gobierno que vulnera los derechos humanos, pero que la respuesta está en convencer a los venezolanos de que algo mejor está por venir, y ofrecer un proyecto mejor.
P.: Entonces, ¿en qué hay que trabajar?
Y.G.: Tenemos que unificar algunas propuestas y presentar al país cinco temas específicos. También alcanzar mayor concertación entre los partidos democráticos. Si nos unimos, vamos para adelante. Lo que hace falta es caminar, sudar y recorrer el país pueblo por pueblo. Hay que convencer y enamorar al venezolano más desinformado, al más empobrecido, al más excluido, de que podemos salir de la pobreza.

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