9 de febrero 2012 - 00:00

No se rinde la derecha extrema

Washington - El nuevo contrincante de Mitt Romney se llama Rick Santorum: el conservador sin concesiones registró un sorprendente triunfo en tres primarias del Partido Republicano celebradas el martes. Pero, ¿tiene realmente chances frente a la maquinaria electoral y de hacer dinero de Romney?

Tras sus holgadas victorias en Florida y Nevada, el exgobernador de Massachusetts Romney volvía a verse como vencedor seguro en las primarias de su partido. Pero, una vez más, resultó que el camino a la nominación como candidato republicano a la presidencia estadounidense es más largo y pedregoso de lo que parecía. Y es que su hasta ahora más duro opositor, Newt Gingrich, lo dañó con una serie sin tregua de ataques públicos, golpes a los que se añaden las nuevas preocupaciones por el impresionante triunfo triple del radical conservador Rick Santorum en Colorado, Minnesota y Misuri.

El regreso de Santorum podría ser el hasta ahora mayor problema para Romney, de 64 años. «Las derrotas arrojan nuevas preguntas sobre la capacidad de Romney de aunar el apoyo de las filas conservadoras en un solo candidato», comentaba el diario The New York Times tras las primarias del martes.

Sucede que el ala derecha tiene un gran peso en el «Grand Old Party», como se apoda al Partido Republicano. Y ese sector busca una figura con la que identificarse: Gingrich, con su imagen polarizada, sus affaires con mujeres y sus viejos escándalos hasta el momento no pudo disputar ese puesto a Romney. Pero Santorum parece mucho más adecuado.

El católico de 53 años es considerado como un político de derecha sin concesiones y un religioso inquebrantable, algo que ya dejó clarísimo en las ocasiones que se le ofrecieron: quiere derogar el matrimonio homosexual en la Constitución e incluso cuestiona la teoría de la evolución. Además, considera absurdos los descubrimientos científicos sobre el calentamiento global y si por él fuera, los abortos incluso en el caso de violaciones o incesto estarían prohibidos. Líderes evangélicos se unieron en torno a su candidatura.

Y no en pocas ocasiones se lleva la palma con sus declaraciones extremas: al inicio de las primarias justificó así su rechazo a programas sociales: «No quiero mejorar la vida de ciudadanos negros dándoles el dinero de otros; quiero darles la posibilidad de que salgan y se ganen el dinero».

En cuestiones de política interna, también echa mano de una fuerte retórica. En la disputa nuclear con Irán, por ejemplo, exigió una intervención bélica: «Nosotros destruiríamos las instalaciones (nucleares) con ataques aéreos», dijo.

Pero no sólo las posiciones radicales son la referencia de este abogado y economista: también se muestra ante la opinión pública como un padre de familia con los pies en el suelo que se preocupa por los suyos y al que le gustaría llevar chaleco de punto sobre la camisa.

Su extrema amabilidad se considera un punto a favor, sobre todo entre los electores de edad avanzada. Sólo tenía 32 años cuando llegó al Congreso estadounidense. Con tesón y esfuerzo se ganó el respeto en los Representantes y después estuvo 12 años en el Senado. Hace seis años perdió sorprendentemente su reelección y comenzó la caída.

Hoy considera que su amable fachada fue un problema que hizo que en la dura campaña hasta ahora no lo tomaran lo suficientemente en serio en la nominación. «Rick Santorum es un tipo amable, pero simplemente no está preparado para ser presidente», dijo de él el exgobernador de Minnesota, Tim Pawlenty.

También los resultados hasta ahora en las primarias parecían catalogarlo como un marginado sin opciones de alcanzar la candidatura. Ello podría cambiar, pero para enfrentar realmente a Romney necesita mucho dinero. Si este último tenía en sus arcas electorales a fines de 2011 56 millones de dólares, según el Center for Responsive Politcs en Washington, Santorum disponía entonces de dos millones de dólares para propaganda y gastos personales. Sin embargo, ahora ha demostrado que el éxito también es posible aun sin una gran cantidad de dinero.

Agencia DPA

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