La actriz británica Jessie Burton, de vacaciones en Ámsterdam, al visitar el Museo Nacional quedó impresionada por una sorprendente casa de muñecas, un aparador de más de dos metros de altura que contenía las habitaciones de una vivienda real decoradas con unas 700 miniaturas. Había pertenecido a una dama del siglo XVII, Petronella ("Nella") Oortman. Ese hogar en miniatura disparó su imaginación. Durante 4 años se dedicó a escribir y surgió un libro que tiene de historia sentimental, de relato fantástico, de drama feminista, y de novela histórica sobre el Siglo de Oro de Holanda.
"Me cansé de que me devolvieran el manuscrito, pero soy actriz y el posible rechazo está en mi ADN", explicó Jessie Burton. Entregó la obra a una agencia literaria que la puso en subasta contando de qué se trataba, y 11 editoriales de lengua inglesa pelearon por los derechos. Habían descubierto que era un libro que, entre otros atractivos, pertenecía al subgénero "best seller de calidad". Quien tomó los derechos acertó, la novela superó los cien mil ejemplares y ha sido traducida a decenas de lenguas. Es que cumple la receta adictiva de sumar condimentos.
En otoño de 1986, Nella, de 18 años, llega de la provincia a una casa señorial del más lujoso barrio de Ámsterdam. Se casa con el rico mercader Johannes Brandt, que está por celebrar sus 40 años. Es un matrimonio de conveniencia. La chica de prosapia venida a menos da prestigio al comerciante enriquecido. El regalo de bodas de Johannes a Nella es una casa de muñecas, réplica exacta de la casa donde ellos viven. Está vacía para que ella se entretenga colocando miniaturas iguales a los objetos que hay en la casa. Nella no necesita de Ibsen para saber que la somete al aniñamiento. Además, su marido se pasa viajando y "no cumple con los deberes matrimoniales". Nella, que está "a la espera del amor", es vigilada por su cuñada Marin, seca solterona que se considera la custodia de su hermano, y rodeada por dos sirvientes: el atractivo Otto, un negro al que Johannes liberó de su esclavitud, y la vital Cornelia, que en el orfanato de donde la rescataron aprendió a juntar secretos y a acumular poder.
Para decorar la Casa de las Miniaturas Nella tiene a alguien que ocultando su identidad le envía los mueblecitos que ella le pide, que son en escala exactamente iguales a los reales, y otros que comienza a enviarle sin que se los pida que le advierten lo que le va a suceder.
Ámsterdam es una ciudad moderna donde crece la burguesía y las mujeres tienen posibilidades que le son negadas en otras partes, andar solas por la calle y tener ese cuarto propio que reclamaba Virginia Woolf, pero donde hay prohibiciones y ajusticiamientos por "delitos morales". Marin ve la ejecución de un hombre acusado de sodomía que es lanzado al agua del canal con una piedra al cuello. Y el sexo late ocultamente bajo la ropa de los protagonistas, y la novela se dedicará a desnudar sus secretos.
Jeffrey Eugenides en su extraordinaria novela "La trama nupcial" mostró los ecos que tienen aún hoy las historias sentimentales del pasado como una especie de nostalgia de los dramas de los personajes de Charlotte Brontë, Jane Austen y George Eliot. Jessie Burton parte del momento en que la trama nupcial se ha superado y el padecimiento es otro. Nella y Johannes son cariñosos amigos, y ella descubre que el suyo es un "casamiento blanco", sin el esperado sexo. Algo que la solterona Marin pareciera no padecer. Y se verá que esa ruda señora es una mujer adelantada a su tiempo. "La casa de las miniaturas" es un novelón que entretiene, los secretos que revela están normalizados y resultan hasta banales. El libro entra muy bien en el bolso de la dama que va a la playa.
| Máximo Soto |


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