Periodista: Salvo por la obra de Dvorak, el resto del repertorio que abordarán está dedicado a obras con solistas. ¿A qué responde esta elección?
Rafael García: Es simple. Tenemos siete Festivales Virtuosi durante el año. Ahora en Buenos Aires estamos llevando a un contrabajista, Catalin Rotaru, que va a tocar una obra de Proto, y es increíble la cantidad de e-mails que llegaron de gente interesada en tomar clases con él, porque es uno de los grandes solistas de ese instrumento en el mundo. Como es un festival que tiene lugar durante 15 días, trato de mostrar al gran público lo que es un solista y un gran artista, y por eso traemos a estos músicos, que hablan sobre cosas que normalmente no suceden, porque el nivel cultural aquí en Brasil no es muy alto, pero al mismo tiempo es un país de grandes talentos, es un diamante en bruto: faltan los profesores. Virtuosi es uno de los pocos festivales en Brasil que consigue ayudas de particulares y del gobierno, y que permite llevar la cultura a varios puntos del país. Ahora estamos tratando de hacer una unión cultural de Latinoamérica, porque no es posible que no nos conozcamos con otros artistas de la región.
P.: ¿Qué caracteriza a la orquesta?
R. G.: Lo principal para el sonido, sobre todo en una orquesta de cuerdas, es que sus integrantes sean buenos instrumentistas, pero además que tengan buenos instrumentos. Yo traigo músicos de los Estados Unidos y Dinamarca, que son países cuyas universidades les ofrecen instrumentos buenos. Entonces se ve calidad. En julio trabajé con algunos músicos de la Argentina, y entre ellos hubo uno que me emocionó por su calidad: Stanimir Todorov. Cuando empezó a tocar era una cosa divina, y más divina es su personalidad, simple, tranquila, y es muy fácil trabajar con él. Yo podría encerrarme en un repertorio más específico para el gran público, pero pienso también en los jóvenes, que necesitan ayuda y que no reciben todos los días a estos grandes artistas. Yo combino un repertorio tradicional con uno contemporáneo y llego hasta una estrella mundial como Moura, que estudió en Canadá y es uno de los mayores nombres de la música contemporánea en Brasil. Intento abarcar lo máximo posible para suplir carencias que existen en nuestro país y en otros.
P.: ¿Cuáles serían esas carencias?
R.G.: El mayor problema que en Europa y en Estados Unidos, cuando el músico llega a un profesionalismo tiene oportunidad de vivir muy bien de su profesión, tener su buen instrumento, una buena biblioteca, una buena casa con buena acústica, y todas cosas que no existen en Latinoamérica en la música clásica. Es algo importantísimo para cualquier artista. Para mí es normal trabajar con instrumentistas de cuerda que están tocando con Stradivarius, Guarnerius, porque las orquestas les financian esos instrumentos, ellos los van pagando de a poco, y las orquestas les dan las cuerdas, cosa que aquí es rarísima.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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