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Nuestros vinos comenzaron conquistando a los belgas
«Hoy cuando vamos a una feria internacional vienen a pedirnos el Malbec; algo habremos hecho bien los bodegueros argentinos», sostiene Lapania.
Periodista: ¿Cuándo ingresan en el mundo de los vinos?
Cristóbal Lapania: En 1997. Un amigo mendocino de mi padre, que tenía inversiones en viñedos y vendía uva a grandes bodegas, le propuso asociarse. Así es como compran la primera finca, La Niña, con la idea de ser viñateros, de vender las cosechas. Mi padre se fue entusiasmando, y al año siguiente compran la segunda finca. Ahí mi padre comienza a pensar en ir más lejos y no quedarse en la venta de la uva. Así es como en 2000 se decide, con el socio de ese momento, a hacer vino. No es que desde el comienza pensara en poner una bodega, sino que todo se fue dando para que así fuera. En un momento, cuando aparecen grandes diferencias en lo que quería del emprendimiento cada uno, deciden dividirse. Es ahí cuando mi familia compra todo el paquete accionario de Don Cristóbal, que pasa a ser un emprendimiento familiar del que mi padre tiene la dirección general.
P.: ¿Cómo les ha ido con el boom del vino argentino?
C.L.: El consumo de vino en la Argentina está estancado, lo que hay es un cambio. En los últimos dos años se estabilizó, pero venía en caída, cosa que ahora puede continuar. En nuestro caso somos una bodega básicamente exportadora. Nos ha sido más fácil salir al mundo que competir localmente. Hace unos años hubo un boom de los vinos, que salieron en todos los medios, se comentaban, aparecían nuevas etiquetas, nuevos productos, eso finalmente saturó al público, al punto que terminó volviendo, en muchos casos, a marcas tradicionales. Nuestra estrategia local fue llegar con productos innovadores, sobre todo con un Verdelho, un cepaje muy poco conocido, que proviene de Madeira, Portugal. Ese vino nos dio y nos sigue dando muchas satisfacciones porque somos los únicos productores en la Argentina, y eso nos ha permitido lograr una diferencia. Como también, de algún modo, con nuestro Bonarda y un Sangiovese producto de la sabrosa uva de Toscana. Junto a ellos están los clásicos Malbec, Merlot, Cabernet, etcétera.
P.: Indicó que habían salido, y conquistado, el mercado externo, ¿en que porcentaje de la producción?
C.L.: En el 90 por ciento. En el mercado interno importa la marca (y muchos consumidores son reacios al cambio), pero en el mundo nuestro vino es vino argentino. Nosotros empezamos por los grandes países con consumidores. Apostamos a Europa y Estados Unidos. Y hoy nuestro mercado principal, siguiendo acaso un destino familiar, es Bélgica. Mi padre, el cordobés Eduardo Lapania, estuvo 12 años estudiando en Lovaina y allí conoció a la belga Danielle Vandenbalck, mi madre. Toda la familia de mi madre está en Bélgica. Eso de algún modo ha ayudado a la bodega Lapania Vandenbalck; hoy en Bélgica estamos vendiendo 250 mil botellas y con marcada tendencia al crecimiento.
P.: ¿En otros países cómo andan?
C.L.: Nuestro siguiente mercado es Estados Unidos. Después estamos en Alemania, Holanda, Francia, Dinamarca, Suecia, Polonia, Rusia, Corea, Japón, Canadá, México, Perú y Brasil. Logramos posicionarnos en mercados muy exigentes y con el mayor nivel de competitividad a nivel mundial.
P.: ¿Tienen un criterio especial en la elaboración de los vinos?
C.L.: Como concepto nosotros buscamos que prevalezca la fruta, sobre todo en los vinos de alta gama, que son añejados por lo menos durante un año en barricas de roble. En las líneas hay preponderancia de vinos frescos, para todos los días. Contamos con 4 líneas de productos: 1492, un tinto y un blanco trivarietales, vinos simples y frutados, para consumo diario; Finca La Niña, una conjunto de varietales, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon y Chardonnay; Cristóbal 1492 es nuestra línea de origen, con la que salimos al mercado en 2001; reúne varietales más complejos, con estacionamiento en roble en muchos casos, tenemos Malbec, Cabernet, Bonarda, Merlot, Sangiovese, Verdelho y Chardonnay; por último, Cristóbal Oak Reserve, que son tres: Malbec, Merlot, Shiraz. Tenemos también Cristóbal extra brut-blanc, un espumante método tradicional champenoise, que es ciento por ciento Chardonnay. Son vinos que van de los 12 pesos a los 80.
P.: ¿En el exterior sigue triunfando el Malbec como emblema del mejor vino de la Argentina?
C.L.: En 2002 y 2003 íbamos a ferias internacionales. Recuerdo a una de las primera que fuimos, en Washington, nadie sabía lo que era el Malbec. Hoy, cinco, seis años después, cuando vamos a una de esas ferias vienen a pedirnos el Malbec. Resulta increíble, pero demuestra que algo hicimos bien como bodegueros a través de, y gracias a, Wines of Argentina.
P.: ¿Qué proyectos tienen?
C.L.: Acabamos de concluir nuestro gran proyecto, que fue construir nuestra bodega. Ahora la meta es hacerla muy rentable y para ello salir a seguir conquistando mercados, con nuestro lema «Vinos del Nuevo Mundo para todo el mundo».


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