17 de marzo 2011 - 00:00

“Nunca se me ocurrió hacerme el tanguero”

Para El Cigala: «Como pasa con el tango, el flamenco merece respeto. Y así como no haría ‘Sus ojos se cerraron’ en heavy metal, tampoco me gusta que hagan eso con el flamenco».
Para El Cigala: «Como pasa con el tango, el flamenco merece respeto. Y así como no haría ‘Sus ojos se cerraron’ en heavy metal, tampoco me gusta que hagan eso con el flamenco».
Diego El Cigala es atento, verborrágico, dispuesto para la charla, al punto de que por momentos se confunden los lugares de entrevistador y entrevistado. Del otro lado del teléfono pregunta -y se preocupa- por la situación argentina, recuerda los tiempos duros de comienzos de la década anterior y hasta comenta con estupor la película «Memoria del saqueo» de Pino Solanas, que acaba de ver. Pero también aparece entre sus intereses la situación de Japón, de España o de Irán.

El cantante nació, creció y vive en Madrid, se formó artísticamente en el flamenco y hasta llegaron a ponerlo en paralelo con el legendario Camarón de la Isla. Fuertemente relacionado con esa música, se hizo mundialmente famoso sin embargo cuando en el año 2003 grabó y publicó el álbum de boleros «Lágrimas negras» junto al gran pianista cubano Bebo Valdés. También la Argentina lo acogió fervientemente con ese material, que aquí presentó con el hijo de Bebo, Chucho Valdés, en el piano. El año pasado, El Cigala volvió a nuestro país para grabar en vivo un CD y un DVD de tango. Ese concierto del teatro Gran Rex, del que participaron varios músicos argentinos, es ahora una realidad editada y el español estará presentándolo el 8 de abril próximo, otra vez en el Gran Rex.

Periodista: ¿Qué sensación le produce la incondicionalidad que parece haberse ganado del público argentino a partir de «Lágrimas negras»?

Diego El Cigala:
Las dos veces que he estado actuando para el público argentino he sentido esa incondicionalidad de la que habla, pero a la vez he sentido que se trataba de un público entendido, al que no le metes gato por liebre. Es gente que sabe lo que va a ver, que es exigente. A lo mejor, por ese cariño previo que me había ganado, después de «Lágrimas negras» me dieron la posibilidad de hacer lo de tango. Del mismo modo, yo he tratado de ser respetuoso con esa música de Argentina que amo profundamente. He buscado hacerlo de un modo en el que yo me sintiera cómodo, poniendo el énfasis en la emoción desde el punto de vista del flamenco, pero respetando las raíces del tango. Recuerdo que Néstor Marconi, que ha sido uno de los grandes músicos argentinos que han trabajado conmigo, me dijo que no pretendiera hacerme el tanguero porque intentar cualquier copia no tendría sentido. Y verdaderamente coincidí con él en eso.

P.: ¿Está de acuerdo con la idea de asociar estéticamente de algún modo al tango, el flamenco y el bolero?

D.E.C: Seguro que sí, pero sobre todo más el flamenco con el tango que con el bolero. La manera de sonar, el énfasis, que queda en evidencia en músicos como Marconi o Juanjo Domínguez, que también tocó conmigo para el disco. Aquel encuentro maravilloso del bolero con el flamenco fue posible porque conocí a un artista como Bebo Valdés que me abrió un mundo de música desde su manera de marcar. Él me dijo: «tú canta como un flamenco que yo toco como un cubano». Con el tango también intentamos buscar por ese camino. Y este trabajo con la música argentina me ha deparado algunas de las mejores cosas de mi vida, como conocer y trabajar con Marconi o Juanjo, como tenerlo a Andrés Calamaro como invitado. Antes de los Gran Rex del año pasado estuvimos ensayando en una casa donde nos instalamos, fuera de Buenos Aires. Y en los encuentros que tuvimos con estos argentinos, parecía que veníamos tocando juntos de toda la vida.

P.: ¿Estas escapadas hacia las fusiones con otros géneros, lo alejan del flamenco más tradicional?

D. E.C.:
No, para nada. Después de «Lágrimas...» y antes de lo de tango, he grabado otros materiales de flamenco. Y ahora estoy preparando un disco con temas de García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, en el que también habrá soleás, bulerías, tangos andaluces.

P.: ¿El flamenco más tradicional ha quedado relegado a públicos mayores?

D.E.C.:
Por suerte no es así. El flamenco se ha hecho universal, y el público está integrado por personas mayores pero también por jóvenes. Cada vez se conoce más en todo el mundo y todos quieren saber más. Quizá es más difícil cuando se trata solamente de una guitarra y un cantaor. Pero soy un convencido de que el flamenco no necesita parapetos, ni ser enmascarado en otras cosas. Como pasa con el tango, el flamenco merece respeto. Y así como no haría «Sus ojos se cerraron» en heavy metal, tampoco me gusta cuando hacen eso con el flamenco.

P.: Su disco «Cigala & tango» incluye temas clásicos del género, algunos más nuevos como «Garganta con arena», pero también otros repertorios, como una milonga de Yupanqui, una zamba de Ariel Ramírez, hasta una versión en castellano del tema de «El padrino». ¿Cómo elaboró esta lista?

D.E.C.:
Son canciones que se fueron acumulando en mi cabeza, escuchando música en mi casa. Consumí montones de discos de Mercedes Sosa, Julio Sosa, Roberto Goyeneche, Carlos Gardel, y también de Chavela Vargas, de quien tomé la canción «Soledad» de Enrique Fabregat Jodar, Pero en mi memoria estaba también, por ejemplo, una versión de «En esta tarde gris», que le había escuchado a Rocío Dúrcal.

P.: Estos viajes a Buenos Aires y al tango, ¿en qué medida lo han acercado a Argentina?

D.E.C.:
En muchísimo. Si dependiera de mi deseo, viviría seis meses en Buenos Aries y otros seis en Madrid. Me gusta el modo de ser de la gente de allí. Cuando estoy en el Obelisco siento que estoy caminando por la Gran Vía. Y hasta llevo conmigo como amuleto una estampita de Osvaldo Pugliese que me han regalado sus compatriotas. Es un país maravilloso con una gente que tiene una gran capacidad de superación y con gran esperanza, lo que le ha permitido salir de momentos terribles.

P.: ¿Qué significa el apodo El Gigala?

D.E.C.: Es un sobrenombre que me pusieron hace muchos años los hermanos Losada, que eran unos guitarristas que tocaban conmigo, y no Camarón como he leído alguna vez. El cigala es un crustáceo, muy movedizo; y ellos me pusieron así porque decían que yo me movía más que los precios.

Entrevista de Ricardo Salton

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