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Obama confía aún en poder revertir el aplazo en economía
En la recta final hacia los comicios el 6 de noviembre, los voluntarios han comenzando a meter en los buzones de millones de votantes en los estados decisivos un «plan (de 20 páginas) para puestos de trabajo y seguridad de la clase media».
Su contrincante Mitt Romney se ha burlado de la acción. «Un folleto bonito dos semanas antes de las elecciones no puede sustituir un verdadero programa», dijo el republicano a través de su portavoz Ryan Williams.
Con el elevado gasto que supone imprimir este folleto, el presidente intenta en el último minuto con todas sus fuerzas ganar terreno en un tema decisivo a la hora de votar: la supervivencia económica de la potencia mundial y del botín de sus cerca de 310 millones de habitantes.
Poco ayuda a Obama que durante su mandato se haya registrado la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, pese a que se ha recuperado cerca de la mitad de los 8,7 millones de empleos que se perdieron entre 2007 y 2009. Pues la coyuntura sigue demasiado débil y la tasa de desempleo no ha bajado del 7,8 por ciento, cifras que alejan a la mayor economía del mundo de una verdadera recuperación y de la fuerza a la que estaba acostumbrada.
Romney sabe que estas cifras en crudo lo favorecen. Desde que anunció en junio de 2011 su candidatura, uno de sus mantras de la campaña ha sido: «Barack Obama ha dejado Estados Unidos en la estacada». La frase la dijo en New Hampshire y se refería a la alta tasa de desempleo, un precio de la nafta en aumento y un incremento inmenso de la deuda pública.
En la actualidad, esa frase sigue siendo uno de sus eslóganes favoritos. Al que suele agregar: «Mi plan creará 12 millones de empleos con salarios crecientes, lo que nos llevará a un presupuesto equilibrado y creará bienestar para todos».
La gran ventaja de Romney en la lucha por la confianza en la economía se basa en su biografía, pues está considerado como un empresario y organizador de éxito. A su favor figura la empresa de inversiones que él fundó, Bain Capital, y el hecho de haber actuado como bombero cuando los Juegos Olímpicos en Salt Lake City (en el estado Utah) se vieron salpicados por el escándalo y haber sido gobernador del estado de Massachusetts.
Por mucho que Obama intente desdibujar el balance de su adversario y presentarlo como un tiburón de las finanzas que sólo va a luchar por los intereses de los millonarios, casi todas las encuestas colocan a Romney en mejor posición cuando la pregunta es quién puede salvar económicamente al país.
En las recetas a seguir chocan frontalmente ambos mundos. El presidente demócrata aboga por un Estado que se preocupe del ciudadano, que sea justo, en el que se invierta en infraestructura, proteja el medio ambiente defendiéndolo de los intereses de la industria y, si es necesario, aplique el freno para desmontar el déficit fiscal. A los más ricos quiere imponerles impuestos más altos y regular el mercado financiero para evitar que se repita la catástrofe de 2007-2008.
Romney, sin embargo, acusa a Obama de haber estrangulado la economía con su afán regulador. Aboga, al igual que ya hicieron los expresidentes Ronald Regan y George W. Bush, por «el juego libre de los mercados».
El Estado tiene que mantenerse al margen al máximo posible. Quiere derogar casi todas las regulaciones de la era Obama, bajar considerablemente los impuestos sobre las ganancias empresariales y de capital y bajar la tasa de impuesto al 20 por ciento, también para los más acaudalados. Los críticos le reprochan que no ha dicho cómo piensa equilibrar el agujero fiscal.
Agencia DPA


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