3 de septiembre 2012 - 00:00

Obama, desafiado a quitar la amargura en fiesta demócrata

La obra de un artista sobre Michelle Obama, en las afueras del estadio en el que se desarrollará desde mañana la convención demócrata, en Charlotte, Carolina del Norte.
La obra de un artista sobre Michelle Obama, en las afueras del estadio en el que se desarrollará desde mañana la convención demócrata, en Charlotte, Carolina del Norte.
Washington - Para los votantes del presidente estadounidense, Barack Obama, la semana que termina fue casi un martirio: durante días, su opositor político Mitt Romney ocupó los titulares de los medios nacionales e internacionales, al ser confirmado en la convención de su partido republicano en Tampa como candidato a la presidencia estadounidense. Sus seguidores lo celebraron como futuro presidente, atacando sin posibilidad de defensa al actual mandatario.

Pero ahora es el turno de los demócratas para la revancha: su convención, que arranca mañana y se prolonga hasta el jueves en Charlotte (Carolina del Norte), olvidará rápidamente las celebraciones, promesas y el avance en las encuestas de la oposición y cementará la aspiración de Obama a la reelección el próximo 6 de noviembre. Aunque ello podría ser más difícil de lo que les gustaría.

No es precisamente el espectáculo de campaña electoral lo que les provoca dolor de cabeza: ellos también pueden dejar caer 100.000 globos y lanzar confeti con cañones. E incluso las previstas apariciones de artistas como la cantante de soul Mary J. Blige o la banda de rock Foo Fighters podrían dejar en la nada la actuación de la estrella de Hollywood Clint Eastwood en la convención republicana.

Problemático podría ser sin embargo para los demócratas presentar a Obama como un candidato sensacional y convencer de su política a los electores indecisos. Y es que los estadounidenses ya conocen muy bien al líder de la Casa Blanca. Y la cuestión es: ¿qué se les puede contar de nuevo a los electores? Obama ya no es el joven, fresco y fantástico candidato de hace cuatro años. Y muchas de las promesas que hizo el ahora premio Nobel de la Paz no son una realidad política o han sido bloqueadas por la oposición casi hasta anularlas.

Su contrincante Romney lo sabe bien y de eso hizo precisamente el leitmotiv de su gran discurso en la convención del partido el jueves. «Sus promesas dejan paso a la decepción», dijo. De la esperanza y el cambio, como versaba el entonces lema electoral de Obama, ya no queda nada y el entusiasmo se perdió. Y no sólo lo piensa su contrincante: «Desgastado por las dificultades del cargo, el gran reformista se ha convertido en un hombre precavido», lo secunda la revista The Economist en su última edición.

Obama tendrá que utilizar su discurso el jueves para encontrar una buena respuesta a la cuestión de por qué se merece otros cuatro años en el poder. Hasta ahora el 44 presidente de Estados Unidos se ha limitado en su campaña electoral a presentar a Romney como un malvado tiburón financiero que quiere hacer regalos fiscales a los millonarios a costa de los más débiles. «Un hombre que hace cuatro años representaba la esperanza va a Charlotte con una campaña que hasta ahora sólo apela al miedo», critica la revista.

Y para no dejarse arrebatar el poder tras sólo un mandato, el Partido Demócrata ha preparado tres días perfectamente sincronizados: el martes, la risueña primera dama Michelle Obama será la encargada de sumar puntos para su esposo, como hiciera Ann Romney hace una semana. El excandidato presidencial demócrata de 2004, el senador John Kerry, también aparecerá para destacar los éxitos de política exterior de Obama.

El miércoles se espera al expresidente Bill Clinton (que gobernó entre 1993 - 2001), que tendrá que encontrar las palabras apropiadas para hablar de Obama y quizá transmitirle algo de su enorme popularidad. Su mujer, la secretaria de Estado Hillary Clinton, estará sin embargo a miles de kilómetros durante la convención, en viaje de servicio. La tradición versa que como jefa de la diplomacia no debe rebajarse a la campaña electoral.

Y la gran final del cierre será un auténtico festival de buen humor: en lugar de en la sede de la convención del partido, el vicepresidente Joe Biden y Obama ofrecerán sus discursos en un estadio ante más de 70.000 personas, si el tiempo lo permite, animados por músicos como Earth, Wind and Fire o el cantante de origen puertorriqueño Marc Anthony, que cantará el himno nacional, algo que agradecerán especialmente los electores hispanos, creen los expertos.

Agencia DPA

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