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Obama improvisa y se arriesga a un final amargo
Las protestas en Egipto son quizá la mayor crisis de política exterior que ha enfrentado hasta ahora Obama. Durante mucho tiempo vaciló y titubeó, pero ahora dejó claro lo que quiere: Mubarak debe irse y rápido. El levantamiento supera ya una semana. Y en muy pocas ocasiones Washington ha dejado caer de esta forma a sus aliados más importantes. La cuestión es: ¿es esta la señal correcta para Medio Oriente?
Obama habla públicamente de una fase «de transición» que debe comenzar «ahora mismo». Pero en conversaciones privadas con Mubarak, fuentes de Washington señalaron que dejó claro lo que piensa. La palabra clave del mensaje de Obama fue «ahora», lo que realmente significa: concluye la era del hombre que gobierna el país del Nilo desde hace más de 30 años. Pero la preocupación por el futuro de Egipto y Medio Oriente es profunda. Sobre todo, las imágenes de enfrentamientos entre opositores y defensores de Mubarak en la plaza Tahrir (de la Liberación) de El Cairo (ver págs. 14 y 15) desataron el miedo a que la situación derive en caos.
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, volvió a insistir ayer, a través de un comunicado, en que Washington está «profundamente preocupado» por la violencia que se ha comenzado a registrar en las protestas en Egipto entre seguidores y detractores del presidente Hosni Mubarak.
Por su parte, Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, uno de los institutos de investigación de Washington, cree que «el tiempo es ahora el enemigo». «Si la situación actual se mantiene, el Ejército se verá inmerso en una situación imposible». La hoja de ruta en Washington: hay que negociar en El Cairo, basta de trucos.
Pero tras bambalinas dominan la inseguridad y la impotencia. El dilema de Obama es que por una parte quiere situarse del lado correcto de la historia, pero por otro lado trata de garantizar la estabilidad en la región en crisis.
Brent Scowcroft, un antiguo asesor de temas de seguridad de varios presidentes republicanos, ve la estrategia de Obama con escepticismo. «Yo diría que primero hay que tranquilizar la situación». En lugar de presionar, Obama debería aparecer como un líder moderado, opinó en un debate.
«Sea quien sea el próximo presidente, será inevitablemente más débil políticamente que Mubarak», dijo. Una conclusión poco optimista a la que los diplomáticos estadounidenses ya llegaron en 2007, como informó la revista Time al criticar las revelaciones de la web WikiLeaks. «Podemos deducir que los primeros discursos públicos de un nuevo presidente tendrán un tono antiestadounidense».
Casi nadie está en situación de valorar el verdadero peso y la dirección a largo plazo de la Hermandad Musulmana. «No tengo ni idea de lo que piensa la Hermandad Musulmana», reconoció Haass abiertamente.
En estos momentos, se muestran más bien moderados, cree Scowcroft. Pero también en Irán pasó algún tiempo hasta que los islamistas mostraron su verdadero rostro, advierte.
Agencia DPA


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