18 de agosto 2010 - 00:00

Otra heroína del policial sueco

Otra heroína del policial sueco
Asa Larsson «Sangre derramada» (Bs.As., Seix Barral, 2010, 462 págs.)

Cuando la novela negra surgió en Estados Unidos junto al crack del 29 con las obras de Dashiell Hammett mostró de partida que era un tipo de policial en el que la resolución del enigma criminal no es el objetivo principal. Se trataba de presentar conflictos humanos y sociales en un universo siniestro, violento, donde las divisiones entre el bien y el mal están bastante difuminadas. Y según uno de los padres de la novela negra, Raymond Chandler, la mayor parte de los protagonistas son individuos derrotados, en decadencia, que buscan encontrar la verdad o al menos algún atisbo de ella.

Muchos epígonos de los maestros estadounidenses olvidaron que lo fundamental era la exploración de las conductas que signaban los conflictos de la época. La recuperación de esos rasgos apareció por el lugar menos esperado, en Suecia. Primero con las valiosas obras de Henning Mankell, y luego con el extraordinario éxito de la serie «Millenium» de Stieg Larsson. En Larsson están los elementos fundamentales de la novela negra sueca: protagonista marginal (Lisbeth Salander), enfrentamiento a grupos fundamentalistas, fascistas, junto a la defensa de la ecología, los derechos de las mujeres y las minorías.

Asa Larsson, que nada tiene que ver con Stieg Larsson, salvo la casualidad de un apellido bastante común en los países nórdicos, ha continuado con buen suceso en ese camino. Su primera novela «Aurora boreal», que se convirtió en best seller internacional, instaló como protagonista a la abogada Rebecka Martinsson, y la hizo enfrentar el mundo de las sectas religiosas y el crimen. Ahora, en este segundo episodio, Rebecka, que ha quedado traumada por haber tenido que matar a tres hombres para defender a unos chicos, vuelve la ciudad de Kiruna. Y se enfrenta a que Mildred, la pastora protestante del lugar, ha aparecido ahorcada en medio de su iglesia. Son muchos los posibles asesinos, Mildred era amada por algunos, sobre todo por algunas, y odiada por una gran mayoría, entre los que estaban las machistas autoridades, los que consideraban que una mujer no podía dirigir un curso religioso, el marido que sosprechaba que su mujer tenía una novia y pensaba dejarlo. Si bien Rebecka no está, por su depresión, para ponerse a investigar (aunque hará un aporte decisivo), sí lo haces u amiga, la policía Anna María Mella.

Con una tensión cinematográfica, con flashbacks que iluminan la conducta de los personajes escarbando en su pasado, utilizando como metáfora y como enriquecimiento literario lo que va sucediendo con ese querible lobo Patas Doradas, que anda por allí como otra amenaza, Asa Larsson logra que este nuevo episodio no sólo tenga una cómoda atracción, que permite leerlo de a tramos, sino que provoque el interés por las próximas entregas, tres de ellas ya han sido publicadas en Suecia.

M.S.

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