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Otra mano de Bachelet en el tramo final
Conscientes de que los comicios serán zanjados en una lucha voto a voto, el oficialismo de centroizquierda y la oposición de derecha redoblaron denuncias de corrupción, firmaron alianzas inesperadas con sectores religiosos y buscaron el apoyo de antiguos adversarios.
En el ataque ni siquiera los países limítrofes escaparon y el abanderado opositor, el millonario Sebastián Piñera, dijo que uno de los grandes problemas de Chile es tener amplias fronteras con Perú y Bolivia, los mayores productores de cocaína en el orbe, según él.
Piñera, quien obtuvo un 44% de los votos en la primera vuelta de diciembre, además rechazó responder las críticas a su doble condición de empresario y político, diciendo que Frei deberá «revolcarse solo en el barro».
El Gobierno, al que los sondeos prevén su primer revés electoral desde 1989, redobló su plan de promoción de inversiones fiscales y acercamiento al independiente Marco Enríquez Ominami, quien sacó un 20% de los votos en la primera vuelta de diciembre.
La presidenta Michelle Bachelet, abrigada de su popularidad de un 80%, firmó ayer proyectos de ley sobre control de las aguas y mejora de la educación pública, que eran exigidos por Enríquez-Ominami, para apoyar al abanderado oficialista, Eduardo Frei.
«Nadie puede decir que no es el momento para esta última agenda legislativa», dijo Bachelet ante las críticas de la oposición. De hecho, líderes de este sector, como el senador Juan Antonio Coloma, acusaron al Gobierno de dirigir el país «conforme a los intereses de Frei» y reiteraron sus denuncias de corrupción contra los ministros por usar su tiempo de trabajo en apoyar al candidato oficialista.
Arrinconado por meses, y con apenas un 29% de los votos obtenidos en primera vuelta, Frei pareció, sin embargo, pasar a la ofensiva de la mano de tres hechos de consecuencias aún inciertas.
Uno fue el explícito apoyo de la Iglesia evangélica a su opción, golpe que aún no es replicado por la derecha. El otro es el acuerdo que parece labrarse finalmente con Enríquez-Ominami, ex militante socialista al igual que Bachelet.
El tercer respaldo vino del apoyo dado ayer también por la Central Unitaria de Trabajadores a la opción oficialista, aunque «no incondicional», como dijo el líder sindical Cristián Cuevas.
Pero de todos ellos, los más decisivos podrían ser los dos primeros, aunque en especial el respaldo de los evangélicos que sumarían un millón trescientos mil electores, supuestamente disciplinados, según sondeos.
Los próximos días son clave y definirán el futuro de un país que parece girar a la derecha, en una América Latina que viró a la izquierda hace tiempo.
Agencia DPA


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