29 de mayo 2012 - 00:00

Padilla exhibe la obra y su archivo

Al transportar el motivo inicial de cada obra, Alejandra  Padilla desbarata la apariencia original y apela a la capacidad del arte para poner en jaque el concepto de «lo real».
Al transportar el motivo inicial de cada obra, Alejandra Padilla desbarata la apariencia original y apela a la capacidad del arte para poner en jaque el concepto de «lo real».
Alejandra Padilla exhibe en estos días una muestra en la galería Rubbers que registra gran parte de su trayectoria. La artista trabaja con imágenes tomadas del fárrago que circula por los medios o las que toma con su propia cámara. Pero al transportar ese motivo inicial a la obra, sus manos desbaratan la apariencia original. Un collar de Cartier o una butaca, cumplían en otro contexto una función determinada, comprensible y ligada a lo real. Hoy, esa función solo resuena en la mente de la artista, es apenas un dato en la historia de cada obra. Padilla apela a la capacidad del arte para cambiar el orden de las cosas y poner en jaque el concepto de «lo real».

La exhibición rinde cuenta de los procedimientos de desmantelamiento y manipulación de las imágenes, muestra el estatuto de realización de cada una de las series. Padilla cumple con sus reglas de oro. Y una de estas normas consiste en llevar un minucioso archivo de las fuentes utilizadas para cada collage.

Los primeros trabajos guardan una relación cercana con las imágenes de revistas glamorosas. Las «Naves Providenciales» y los «Ángeles» surcan la superficie de las telas como estructuras simbólicas de un mundo resplandeciente e inalcanzable, cargado de objetos destinado a subyugar y despertar el deseo.

En las series posteriores, llamadas «Poliscopías», los collages se tornan más abstractos. El motivo permanece, sin embargo, rítmica y proporcionalmente ordenado, agrupado y reiterado en series simétricas, según sus formas y tonalidades. Pero los rastros de esos patrones se desdibujan, abandonan su aspecto convencional y pasan a integrar otra realidad.

Con la mirada educada para descubrir el valor potencial de las imágenes, Padilla sale en busca de abstracciones: formas, colores, brillos, contrastes, texturas, que luego distribuye con habilidad en el plano del cuadro, guiada simplemente por su intuición.

Un particular inconformismo acerca de la ubicación convencional de determinados objetos, pareciera movilizar su conciencia estética. La serie de los «Papiros», configurada por fragmentos de revistas enrollados, marca el principio de los cuadros con volumen. Los enrulados papeles, ordenados de modo caprichoso o de acuerdo a sus colores, pasan a configurar obras de formas diversas. Luego, la técnica del collage abre paso al décollage, a las superficies donde los papiros arrancados delatan las huellas que deja el papel. El afán de acumular y el exceso, cobra forma en un site specific, una genuina montaña de «Papiros».

Las últimas series se articulan a partir de los círculos que primero recorta y después fotografía. Sin alteración digital y con el simple recurso de la ampliación, sus fotos se tornan bellas y difusas. Las últimas imágenes, «Infinitos», sujetas a la posibilidad de transformación constante de toda la producción, se han vuelto inestables y, de acuerdo al punto de vista del observador, ostentan la dinámica del movimiento virtual. Ahora la velocidad de la artista se ha trasladado a su obra.

Mientras trabaja, la artista despliega recortes de papel sobre una mesa. El movimiento errático de la mirada y de sus manos, pone en evidencia la relación sensorial que establece con el material. Pero esos gestos se detienen en un momento preciso. Es el momento en el cual las formas se encadenan y coinciden, cuando nace la obra.

A.M.Q.

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