6 de mayo 2011 - 00:00

Países desarrollados, no tan desarrollados

Mientras las principales Bolsas del mundo muestran una acelerada tendencia ascendente en lo que va del año, la evolución de los indicadores económicos dista mucho de ser satisfactoria. El martes y el miércoles se profundizó la «corrección» que se insinúa en Wall Street, cuando se supo que el empleo privado en abril creció un 14% menos que en marzo, luego se supo del aumento de la solicitud de seguros de desempleo y además sorprendió una brusca desaceleración de la actividad en el sector servicios. Días atrás se conoció que en el primer trimestre de este año la economía norteamericana creció sólo un 1,8% frente al 3,1% alcanzado en el cuarto trimestre del año. Hay sobradas razones para esa caída, pero el aumento del petróleo y el progresivo retiro de estímulos fiscales son más que suficientes para explicarlo. El tema es que los fenómenos que generan la brusca desaceleración en el período enero-marzo y que según los datos disponibles se profundiza en abril no parecen en condiciones de revertirse.

En efecto si bien los precios del petróleo y las materias primas en general están sufriendo en las últimas ruedas una profunda caída asociada al cambio de expectativas, todavía muestran niveles mayores que los prevalecientes el año pasado. Quizás el mundo sea más seguro después de la eliminación del líder terrorista, pero la guerra en Libia y las gigantescas tensiones que afectan a los países árabes en los últimos meses no parecen amainar, de forma que el abastecimiento de petróleo parece llamado a sufrir restricciones que se suman a las constantes presiones especulativas que afectan su cotización.

Por otra parte, parece difícil que las políticas anticíclicas que han generado tantas perturbaciones en la economía mundial puedan seguir manteniendo su vigor, de forma que el empleo público está llamado a caer -particularmente en los Estados norteamericanos que enfrentan severos desajustes en sus finanzas-. En pocas semanas, el Congreso norteamericano deberá votar la ampliación del techo de la deuda pública que ya llega al límite fijado de u$s 14,3 millones de millones. El creciente enfrentamiento entre la mayoría republicana del Congreso -que quiere frenar el gasto- y la minoría demócrata, puede complicar la negociación de este acuerdo cuando las necesidades de financiamiento de EE.UU. en el ejercicio fiscal se acercan a los u$s 750.000 millones. Además, el 1 de julio concluye la «flexibilización cuantitativa II», que permitió a la Reserva Federal transformarse en el principal comprador -con emisión monetaria- de Bonos del Tesoro Norteamericano por u$s 600.000 millones.

Los problemas de financiamiento de la economía norteamericana han sido claramente advertidos por el FMI y también las calificadoras de riesgo. También la deuda japonesa ha despertado preocupación de las calificadoras, porque debe emprender la tarea de reconstrucción -ya se ha aprobado un primer paquete de u$s 50.000 millones- partiendo de un déficit del 200% del PBI, el mayor que soporta cualquier economía desarrollada del mundo. De allí que difícilmente Japón siga manteniendo una oferta fluida de fondos para el Estado norteamericano como lo viene haciendo desde hace tiempo.

Por otra parte, el Tesoro norteamericano deberá competir con el aumento de tasas que ha comenzado a impulsar en la zona euro, el Banco Central Europeo. Más tasas implica más presión recesiva y mayor esfuerzo fiscal para pagarla.

En Europa ya ha quedado definido que el «rescate» a Portugal insumirá cerca de u$s 110.000 millones, pero la noticia del acuerdo no produjo ningún brote de entusiasmo. Mientras tanto, vuelven a recrudecer -en medio de permanentes desmentidas- la necesidad de reestructuración de la deuda griega. Arreglar las cuentas públicas en un país en recesión -el PBI cayó un 4,5% en 2010- y con una deuda sobre PBI del 143% es una misión casi imposible. La rentabilidad del bono griego a dos años se ha disparado al 25% recientemente, mientras que el a 10 años se ha situado en el 15,6%. La quita esperada que surja de la reestructuración sería del orden del 40%. El problema es que también es financieramente inviable la situación en Irlanda, el otro país rescatado -con su extravagante déficit fiscal del 32% del PBI- porque también está en recesión y con caída de la actividad es imposible lograr los resultados fiscales exigidos. El durísimo programa de ajuste de Portugal peca de los mismos defectos y desde luego profundiza la recesión que afecta a toda la Europa periférica.

La recesión en Grecia, Irlanda y Portugal no mueve los números de la economía mundial, pero debe tenerse en cuenta que en España, donde se esperaba un 0,2% de crecimiento igual que en el cuarto trimestre del año pasado, ahora se estima que sería de 0. Si bien los datos de abril fueron mejores en materia de empleo, en el primer trimestre la destrucción de puestos de trabajo fue más intensa incluso que en los últimos doce meses, y concentrada en la industria y la construcción. Por su parte, no hay que olvidar que Reino Unido cerró 2010 con un 11,4% de déficit sobre el PBI, que está realizando severos ajustes y que en abril sufrió una evolución desfavorable de los índices de actividad. En realidad, con la excepción de Alemania, en Europa el común denominador es un bajo nivel de crecimiento que no alcanza a mejorar los elevados niveles de desempleo.

A este escenario en el mundo desarrollado se sumó el desastre que ha afectado a Japón y que ha llevado a la OCDE a reducir drásticamente las proyecciones de crecimiento a sólo un 0,8% para el año en curso, frente al 1,7% que manejaba hace poco tiempo.

No son tiempos fáciles para la economía mundial y no parece que las soluciones que se están aplicando ayuden mucho a revertir las cosas.

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