9 de octubre 2012 - 00:00

Panamá: inician campaña contra maíz transgénico

Ciudad de Panamá - Organizaciones de consumidores rechazaron ayer la decisión del Gobierno de Panamá de aprobar el cultivo de maíz transgénico en las provincias centrales de Herrera y Los Santos, de larga tradición agrícola y ganadera.

Pedro Acosta, presidente de la Unión de Consumidores y Usuarios de la República de Panamá (Uncurepa), aseguró a DPA que la decisión oficial confirma que «las multinacionales están mandando en Panamá, de espaldas a los productores y a la población».

«Está claro, ahora, que la salud no es la prioridad del Gobierno», indicó Acosta en alusión a la medida que apuesta por los cultivos transgénicos que han sido rechazados en países de Europa.

Un estudio financiado por la fundación CERES en Francia reveló que roedores que ingirieron toda su vida maíz transgénico Monsanto o expuestos a fertilizantes de esa marca tenían una mortalidad entre dos y tres veces más importante y desarrollaban más tumores.

La siembra de maíz genéticamente modificado en Panamá fue avalada por una Comisión Nacional de Bioseguridad, tras dos años de ensayos en fincas experimentales, y los proponentes del proyecto aducen «bondades» del producto para elevar el rendimiento agrícola.

Acosta dijo que desconoce quiénes integran la Comisión Nacional de Bioseguridad. Adujo que el organismo «actúa en la clandestinidad» y no toma en cuenta a los consumidores.

En Panamá se consumen cada año cerca de 9,3 millones de quintales del grano, de los que 1,5 millón de quintales corresponde a la producción local y 7,8 millones son importados.

Sin embargo, la semilla de maíz que utilizarán los agricultores panameños será importada de Estados Unidos a través de la empresa Pioneer Hi-Breed, indicó en un reportaje el diario local La Prensa en su edición de ayer.

El artículo aclara que en las pruebas experimentales fueron utilizadas variedades de maíz 30F35H, 30K73H y 30F32WH, las dos primeras de tipo amarillo; y la última, blanco.

Al respecto, el presidente de Uncurepa planteó que Panamá carece de una ley de etiquetado, lo que le impide a la gente saber qué alimentos están libres de transgénicos. Añadió que la polinización con material contaminado amenaza a fincas de producción orgánica.

Giovanni Fletcher, presidente del Instituto Panameño de Derecho de Consumidores y Usuarios, advirtió que esos cultivos «violan el principio de precaución» y colocan a Panamá en la lista de los países que producen la «comida Frankenstein», con la que se designa a los alimentos basados en especies genéticamente alteradas.

Señaló que los consumidores panameños siguen las directrices de Consumers International, movimiento que realiza una campaña global contra los transgénicos, un negocio que achaca a las multinacionales.

Agencia DPA

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