3 de octubre 2012 - 00:00

“Paoletto”, el hombre del que nadie sospechaba

El papa Benedicto XVI en una foto de mayo, acompañado por su secretario privado, George Ganswein, y, abajo, por su mayordomo, Paolo Gabriele. El «Vatileaks» puso de manifiesto una fuerte interna en el Vaticano.
El papa Benedicto XVI en una foto de mayo, acompañado por su secretario privado, George Ganswein, y, abajo, por su mayordomo, Paolo Gabriele. El «Vatileaks» puso de manifiesto una fuerte interna en el Vaticano.
Roma - Impecable: así fue siempre su aspecto y así apareció también el exmayordomo del Papa, Paolo Gabriele, en las audiencias judiciales durante el proceso en su contra en el Vaticano.

Hay muchas fotos que lo muestran junto a Benedicto XVI. Discreto, siempre con la misma expresión, solía aparecer de pie detrás del Papa. Pero esta imagen pulcra engañaba. El exmayordomo del Sumo Pontífice es la figura central del escándalo conocido como «Vatileaks», en el que está acusado del robo de documentos confidenciales y de su difusión. En el segundo día del juicio reconoció haber copiado documentos confidenciales y haberlos traspasado a otras personas.

El padre de familia, de 46 años, trabajaba al servicio del Vaticano ya en tiempos del papa Juan Pablo II. En 2006 se convirtió en el ayudante de cámara de Benedicto XVI, sucediendo a Angelo Gugel. «Paoletto», según se apodaba, era junto a su esposa y sus tres hijos uno de los pocos cientos de habitantes del Vaticano.

Junto a los secretarios privados Georg GTMnswein y Alfred Xuereb, Gabriele formaba parte del personal doméstico del Papa. Lo ayudaba a vestirse, le servía la comida y le preparaba el cuarto. Tenía todas las llaves: de puertas, escaleras, ascensores y habitaciones. La discreción era considerada la mayor virtud del «maggiordomo» papal.

Imputable

El estrictamente religioso Gabriele es descrito como una persona simple. Un análisis psiquiátrico lo consideró imputable, pero también lo describió como ligeramente manipulable. Él mismo dijo que había querido dejar al descubierto los problemas de la Iglesia.

Al parecer, lo que más le preocupa es el impacto del escándalo en su vida familiar, sobre todo en dos de sus hijos, que son adolescentes. «La principal preocupación de Paolo es por sus hijos, por las dificultades surgidas del constante interés de los medios», dijeron sus amigos.

Agencia DPA

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