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Papa electoral: lean mis labios
Aunque hermético, al final Francisco habló de política a pocas horas de la elección del domingo. Candidatos sonrieron.
Otro que estuvo en Santa Marta es el gobernador saliente del Chaco, Jorge Capitanich, quien estuvo el viernes casi cuatro horas a solas con Francisco. El secreto de lo hablado es total. Secreto de confesión, pero esa entrevista fue a pedido del Papa, quien le dijo que viajase pero también que guardase silencio sobre todo lo charlado. No le pidió lo mismo la semana anterior a otra visitante, a la que quiso ver en Santa Marta, Graciela Fernández Meijide, a quien le autorizó a publicar una nota sobre esa conversación, uno de los testimonios más ricos de los tantos que han recogido los viajeros a Roma.
Capitanich sigue siendo un hombre importante en el Gobierno y asumió, desde el 25 de octubre, la carga de la campaña del oficialismo en el interior, especialmente en el NE del país. El oficialismo cree que allí están los votos para que Scioli descuente diferencias ante Mauricio Macri, así como éste supone que esa diferencia de su favor está en el NOA, donde hoy cierra su campaña.
Capitanich llegó a Roma después de pasar largas horas con Cristina de Kirchner en Olivos analizando encuestas, escenarios, y pergeñando tácticas de última hora. Después de esa jornada en Olivos, Capitanich recibió en Resistencia a Daniel Scioli, con quien discutió el tramo final de su campaña para el domingo. Lo escucharon con atención cuando recordó su insistencia de años para que el oficialismo se ocupase de mantener poder territorial. "La entrada de la oposición al peronismo -suele decir en esos encuentros- es siempre por el control de las grandes ciudades. Después del 25 de octubre hemos perdido muchas, y eso es el camino al fortalecimiento de nuestros adversarios".
También sonrieron en la oposición ante el "read my lips" papal. El diputado y asesor de campaña de Macri, Iván Petrella, aventuró una frase más hermética que la del Papa: "Si Francisco fuera Bergoglio, votaría a Mauricio Macri". Petrella tiene crédito y experiencia como hermeneuta; es doctor en Teología con un agregado que potencia más su perfil clerical: se declara ateo. Se acerca en esto a los sacerdotes católicos, que son solteros y célibes pero dictan doctrina sobre matrimonio y sexo. Rizando el rizo, Petrella se aventuró en la hipótesis que afirma que Francisco no es Bergoglio porque, al convertirse en Papa, se transfiguró en otra persona. Una audacia interpretativa que niegan quienes creen que Bergoglio papa es (para decirlo en términos sciolísticos) más Bergoglio que nunca.
Esta afirmación merece revisión porque el macrismo tiene derecho a sonreír cuando recuerda la asociación política del entonces arzobispo de Buenos Aires con el jefe de Gobierno. Desde la oficina de Bergoglio salieron nombres de candidatos a legisladores porteños que indicó el obispo. También fue más que operativa la relación entre los dos cuando fraguaron la destitución de Aníbal Ibarra por la tragedia de Cromañón. El frepasista había tocado el nervio más sensible de Bergoglio al defender la exposición de León Ferrari en una sala de la Ciudad, algo que se consideró en la Iglesia un gesto de impiedad imperdonable. En esa destitución actuaron políticos ligados a Bergoglio, entre ellos el actual embajador Eduardo Valdés, patrocinante de los familiares de las víctimas. La salida de Ibarra la consideró Kirchner un daño a su gestión porque el destituido era un hombre ya del kirchnerismo y en su defensa actuó todo el Gobierno, que hasta hizo manifestaciones en su defensa.
Las relaciones Bergoglio-Macri se enfriaron en 2009 cuando el Gobierno porteño no apeló un fallo y permitió que se realizase una boda del mismo sexo en la Capital. La leyenda dice que Gabriela Michetti le prometió a Bergoglio que Macri apelaría. Éste no lo hizo y eso motivó alguna reunión ríspida en donde se escuchó la acusación de "frívolo".
Nunca el Papa perdió la compostura, pese a esa frialdad en las relaciones: cuando asumió, caminó hasta la vip en donde estaba Macri, que no integró la delegación que encabezó Cristina de Kirchner, y lo saludó con sonrisas. También ha contado con hombres del macrismo para algunas operaciones, como la candidatura del abogado Roberto Carlés a la Corte Suprema de Justicia, por quien pidió apoyo a Esteban Bullrich, un viajero frecuente al Vaticano. Esas relaciones se han reforzado en el último tiempo, y en el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires hay quienes dicen que actuó de manera decisiva una red eclesial que responde a Bergoglio. Claro que nunca lo admitirán.


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