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Para descubrir a Gertrudis Chale
El libro de Mauricio Neuman y Julianne Galland «Gertrudis Chale-Una Pintora en el Mundo Andino» permite conocer a una artista olvidada.
Chale nació en Viena en 1898 y murió trágicamente en 1954 en un accidente de aviación en La Rioja.
«Soy nómade, quiero andar sin pensar, siempre miro por delante y siento que aún tengo muchas vidas y paisajes que abarcar y vivir», escribió, Una visión optimista de la vida a pesar de las vicisitudes sufridas a partir del triunfo de Hitler en 1933, época en la que estudiaba en Munich, cuando se vio obligada a abandonar Alemania por su condición de judía. Un periplo que la lleva a Suiza, después a París donde se casa con un francés para después radicarse en España donde hacía poco había terminado la Guerra Civil.
Durante el período en el que se instala en las Baleares, se reencuentra con la pintura cubista que había aprendido a ver en lEcole de Paris, así como paisajes luminosos que tendrían mucho éxito cuando se instaló en nuestro país, al que sólo se podía entrar por el puerto si se era solicitado por parientes argentinos. En ese momento estaba presidido por Ramón Castillo, un gobierno germanófilo enmascarado en lo neutral .
Chale parte a Bolivia para poder entrar al país y es allí donde descubre, al decir de Neuman, «el mundo que tanto buscaba, el mundo andino. El Incanato». Señala Neuman que toda su pintura está impregnada de la tradición milenaria, del ambiente telúrico de gentes sencillas, fraternas, unidas por sangre, cultura y destino. Aprendió a cantar sus cantos monocordes, austeros, a tocar la quena, el erque y otros instrumentos de viento así como el bombo, caja y maracas.
Su paleta de ocres, grises, azules, celestes, negros, revela la profundidad de esas culturas y su paisaje desolado, un dibujo preciso y sensible que evita lo folklórico son algunas de las características que supo ver esta mujer europea que decidió que la Argentina era su patria.
Frecuentó a los importantes representantes de la cultura, por ejemplo, Basaldúa, Butler, Aquiles Badi, Oliverio Girondo, Nalé Roxlo, Grete Stern , Horacio Cóppola. Ganó premios y concursos, los críticos Romero Brest, Osvaldo Svanascini, Romualdo Brughetti marcaron su rumbo y la incluyen en la generación 1939-40. Formó parte del movimiento muralista y vale la pena acercarse a la Galería Santa Fe -en su entrada por Marcelo T. de Alvear- para ver en su cúpula los personajes telúricos que contrastan con los de Presas, Soldi, Torres Agüero, Seoane, Battle Planas. Fue ésta su última obra.
Vivió en La Paz, Bolivia, en un pueblo paupérrimo al pie de las ocres montañas y se sintió profundamente conmovida por los Santuarios de Altura de Salta. Y así recorrió el país, testimoniando sus vivencias, a través de una pintura silenciosa, figurativa a veces, con elementos surrealistas.
En el período que descubre el altiplano andino abandona el color por el color en sí y así describe la expansión de su visión: «trato de insinuar lo visto, lo inmenso, lo insólito. Vacío los cuadros hasta dejar lo más significativo, odio el motivo decorativo».
Vive y exhibe en Brasil, México, Uruguay. Al observar las obras reproducidas en el libro, óleos, acuarelas, témperas, dibujos, no sólo reconocemos parte de la historia del arte universal debido a su formación europea sino la manera con la que supo identificarse con el paisaje y costumbres de los seres de la tierra profunda, alejada de lo panfletario identificatorio con lo que ahora se ha dado en llamar pueblos originarios.
Es interesante destacar que Julianne Galland, en su ensayo biográfico, utilizó los escritos, correspondencia y notas de viaje de Chale que datan de finales de la década de 1940 y principios de 1950, preservadas por la célebre Galería Bonino donde la artista expuso muy asiduamente, recientemente adquiridas por el coleccionista James Judd (California), director y co-editor de este proyecto que probablemente se extienda en exposiciones antológicas de Gertrudis Schalle, su verdadero nombre, «una mujer de belleza lujosa», al decir de Neuman.


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