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“Para el flamenco no hace falta ser gitano”
Tras una breve participación en 2011 en la Bienal de Flamenco, David Morales volvió ahora para brindar tres funciones de un espectáculo propio: «El indiano, de la brujería a la milonga».
El año pasado Morales estuvo en Buenos Aires fugazmente para participar de la Bienal de Flamenco organizada por el gobierno de la ciudad. Y ahora está aquí nuevamente para presentar un espectáculo propio y completo, «El Indiano, de la bujería a la milonga», que tendrá tres funciones en el teatro Avenida hoy, mañana y el domingo. Lo acompañarán la bailaora Carmen Mesa y un grupo de cantaores y músicos. Dialogamos con él.
Periodista: Usted sería un ejemplo de que se puede ser artista de flamenco sin ser gitano.
David Morales: Está esa leyenda de mi padre sobre su abuelo. Pero lo cierto es que vengo de una familia española humilde a la que le gusta mucho la fiesta, el jolgorio; y sobre todo a mi madre. Así que yo era bailaor siendo niño en las fiestas familiares, que siempre eran muchas y por cualquier motivo. A los seis años empecé a aprender con un maestro de Algeciras y muy pronto ya estaba arriba de los escenarios. Tuve la suerte de estar al lado de los más grandes, de debutar con gente como Camarón o Fosforito. Mis padres estimularon siempre esto y estuvieron físicamente presentes acompañándome, pero al mismo tiempo siempre estuvo muy claro que en el mismo momento en que yo no quisiera bailar más, no tenía ninguna obligación. De pequeño supe que si quería abrazar esta profesión tenía que poner esfuerzo y trabajo, pero jamás me pesó porque la amo. Tuve la suerte además de que, pese a estar desde muy niño en la noche y rodeado de muchos vicios, he llevado una vida sana, sin drogas, sin cigarrillo, yendo al gimnasio. Y finalmente, para ser más explícito sobre su comentario, creo que efectivamente cualquiera puede ser artista flamenco o de cualquier género si tiene emociones y sentimientos para compartir.
P.: Y técnica, desde luego.
D.M.: La técnica es algo que puede aprenderse, y lo otro está contigo sin depender del lugar donde naciste. De lo que se trata entonces es de amar tu profesión, de respetarla, de respetar a los mayores. Todo está inventado de algún modo, pero el hecho de estar en un escenario es una situación única que requiere una entrega que siempre es nueva.
P.: ¿Le agrada cuando se hacen mezclas a partir del flamenco?
D.M.: Yo soy bastante ortodoxo y poco amigo de las innovaciones. Respeto a quienes las hacen pero yo prefiero mantenerme en la referencia de los mayores. Lo que sí hago es acercarme a músicas de América Latina y presentarlas desde mi visión, con el mayor de los respetos. En algún momento, trabajamos con el samba y Tom Jobim. Y en este espectáculo, la referencia son géneros como la milonga o la vidalita. Muchos no saben que el flamenco también tiene variantes llamadas así. De modo que mezclamos nuestras milongas y vidalitas flamencas con las de Sudamérica, o con algún tango de Gardel. Siempre tratando de conservar lo que tiene de propio cada género. De allí el «ida y vuelta» del título, por géneros que viajaron entre ambos lados del Atlántico y de cada lado tuvieron su propio modo.
P.: ¿En el mundo del flamenco existe una disputa por el protagonismo entre cantantes, bailaores y guitarristas?
D.M.: En realidad, la mayor disputa se da entre guitarristas y percusionistas. Pero si hay buen rollo entre los artistas, no hay ningún problema. Los que formamos parte de este mundo del flamenco solemos ser muy unidos para apoyarnos, para compartir un beneficio o una borrachera. Así sucedió por ejemplo cuando hicimos una serie de espectáculos en Cadiz para recaudar dinero para Haití después de su terremoto. Pero en cambio, a diferencia de otros géneros en España, no estamos sindicalizados ni unidos más formalmente. Pero le repito, no por rivalidades sino simplemente porque somos un poco desordenados.
P.: ¿Qué lugar ocupa el flamenco hoy en su país?
D,M.: Una cosa era antes de Camarón de la Isla y de Paco de Lucía y otra fue después. A eso tenemos que sumar la tarea del bailarín Antonio Gades. Ellos acercaron a la juventud, cada uno desde un lugar distinto, e hicieron de nuestro género un arte internacional conocido en todas partes. Para los jóvenes siempre fue difícil acercarse porque el flamenco no está en las escuelas y desde hace muy poco se integró a las carreras de los conservatorios; en alguna medida eso se está revirtiendo afortunadamente.
Entrevista de Ricardo Salton


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