Paraguay y Perú, con la receta antiinflación que envidia el BCRA

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Carlos Fernández Valdovinos y Julio Velarde relataron sus experiencias para lograr índices de 3% anual. Aconsejaron sintonía monetaria y fiscal.

"Es necesario que haya bases económicas sólidas para construir y planear un crecimiento sostenido, y para esto, la inflación debe ser baja y predecible". Así lo afirmó Carlos Fernández Valdovinos, gobernador del Banco Central de Paraguay, al disertar ayer en las Jornadas de Política Monetaria y Bancaria, organizadas por el BCRA. Allí, consideró que debe haber sintonía entre la política fiscal y la monetaria, ya que el ministro de Hacienda "puede ser el mejor o el peor amigo", dependiendo de los intereses que se estén buscando.

El economista disertó durante el panel "La conquista de la inflación", donde también participaron Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, y Julio Velarde, Gobernador del Banco Central de Reserva de Perú. Los funcionarios disertaron sobre los modelos exitosos de metas de inflación que el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, quiere mostrar como modelo.

Fernández Valdovinos destacó que en Paraguay la inflación tocó un pico del 44% durante la década del 90, pero que debió ser controlada porque "la sociedad no tolera tasas de inflación tan elevadas". Para corregirla, consideró fundamentales "profundizar el sistema financiero y dejar de mirar como variables a los agregados monetarios", ya que lo que se debe mirar es la tendencia de los mismos. Destacó que "lo más importante es ser creíble, cumplir con la meta fijada; no debe haber sorpresas" para los agentes económicos.

El funcionario indicó que "cuando hubo desequilibrio fiscal, impactó a la inflación y en el crecimiento" paraguayo. Es por ello que el país desarrolló una "ley de responsabilidad fiscal, donde se permite un déficit máximo de 1,5% del PBI", explicó. Y sostuvo que "la deuda en Paraguay sirve para hacer 'roll-over' de deuda o de gastos de capital, ya que es fundamental mantener la estabilidad fiscal, monetaria y financiera".

Por su parte, Velarde destacó que Perú pasó de una inflación del 7.600% en 1990 a una del 3,73% en el 2000 gracias a un programa que consistió en "liberar los precios controlados, utilizar un ancla monetaria en lugar de una cambiaria, mantener una elevada incertidumbre sobre los precios relativos y pocas reservas (para evitar la especulación), eliminar el déficit fiscal mediante impuestos indirectos y restricción de gastos a la disponibilidad de la caja fiscal".

Desde mediados de la década del 90, Perú comenzó a desarrollar distintos tipos de certificados y créditos para esterilizar liquidez, reducir la volatilidad y hacer frente a las presiones del tipo de cambio. Una vez estabilizada la inflación, el país buscó "anclar las expectativas para revertir los shocks de oferta negativos", indicó Velarde.

Además, desde 2003, se desarrolló el mercado de deuda doméstico y el país logró obtener una de las curvas de rendimientos más largas de la región, con plazos de hasta 40 años en soles (la moneda de Perú).

También se controlaron los riesgos de la dolarización a partir de una evolución normal del ratio de deuda del PBI para evitar los efectos negativos de un avance del tipo de cambio.

Caetano Mohorade

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