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París en castellano: Alejandro de Núñez y su “Salón del libro”
Alejandro de Núñez rodeado de público en «El Salón del Libro», algo más que una librería, ya que también funciona como centro cultural y difusor de la literatura argentina/hispanoamericana en París.
La librería también se llama «Salón del Libro», aunque en español, y el solar pertenece a la comuna de esta ciudad, que subsidia por ley la existencia de numerosas librerías. «La desaparición de las otras dos librerías parisienses que vendían libros en español contribuyó a que accediéramos nosotros a ese beneficio de la alcaldía», dice a este diario Alejandro de Núñez, titular de la firma. «Hasta hace poco funcionaba una muy conocida, en la rue de Seine, pero su dueña se jubiló y nadie continuó con el negocio. La otra, que se especializaba en literatura Iberoamericana, tuvo problemas de índole inmobiliario y hoy allí hay una casa de ropa».
De Núñez, francoargentino de formación francesa y con unos pocos años de residencia en Buenos Aires durante los 90 (donde fue curador de algunas muestras en el centro Recoleta y el Palais de Glace), ha convertido en poco más de un año y medio a El Salón del Libro en algo más que una librería. En su local se concentra casi la totalidad de la actividad que tiene que ver con la difusión del libro en español en París, se difunden programas vinculados a lo literario, y se reúnen editores, traductores y autores para establecer nuevos contratos y emprendimientos. Durante este mes, llamado el «Marzo porteño», la librería funcionó como sede paralela del Salon du Livre para los autores argentinos.
Periodista: Además del público cautivo de estudiantes, profesores e hispanohablantes residentes, ¿al francés medio le interesa la literatura de autores en lengua española, ya sea en versión francesa u original?
Alejandro de Núñez: Hay libros que siempre son clásicos, y otros que son una sorpresa. Por ejemplo, «Mafalda», sobre todo en su versión integral, nunca deja de venderse. Pero desde hace un tiempo me sorprende la demanda que está teniendo la antología de cuentos de Felisberto Hernández que publicó Eterna Cadencia. También hay que considerar los libros de autores que vienen a París para presentar una obra, como ocurrió con el cubano Leonardo Padura, o circunstancias como el Nobel a Mario Vargas Llosa, cuyos libros no dejaban de ser requeridos en los meses subsiguientes. Allí me di cuenta de qué pocos franceses conocían a Vargas Llosa, pese a que estuvo traducido desde siempre. Y, desde luego, acá también llega el lector que busca conocer más de una literatura que no sea la francesa. En las grandes cadenas, los autores no franceses están agrupados bajo el rótulo común de «literatura extranjera», lo cual es bastante desequilibrado porque, por ejemplo, John Irving puede llevarse dos estantes enteros.
Borges ya no vende
P.: ¿Borges vende bien?
A.N.: No, ya no. La gente ya no busca como antes sus obras.
P.: Además del subsidio de la comuna francesa, ¿tiene otros beneficios para llevar adelante la librería?
A.N.: La importación de libros de editoriales argentinas es viable, porque el acuerdo de la Cámara del Libro de Argentina con DHL permitió reducir de 5 a 1 los gravámenes de importación. Pero eso no ocurre con México, Perú o Colombia, de modo que se hace casi imposible traer libros desde esos países, ya que tendríamos que cobrarlos no menos de 50 euros, lo cual es inconcebible.
P.. Su librería funciona también como plataforma de lanzamiento de autores en español al francés. ¿Cómo se establece esa relación?
A.N.: Desde nuestro nacimiento mismo, aquí llegan simultáneamente autores a presentar sus obras, editores y traductores. Es raro que un librero mantenga este tipo de relación con esas otras ramas de la industria editorial, y creo que es beneficioso para todos porque permite también acelerar los tiempos de lanzamiento en francés de autores en español, que antes podían llegar a ser muy extensos.
P.: ¿Existen hoy en la televisión abierta programas para difundir el libro como aquellos clásicos «Apostrophes» y «Bouillon de culture» que tuvo Bernard Pívot en los tiempos de Jack Lang?
A.N.: No es como antes, pero tampoco hay que olvidar que la época es distinta. En los años de Pívot no existía Internet, que hoy multiplica en gran medida lo que se veía antes por televisión. Existe un programa llamado «Les grandes librairies» que transmite TF5 y conduce Francois Brunel, pero ya no va a un horario central como antes sino a las 23.
Contrasentido
P.: ¿Forma usted parte de la cadena de libreros independientes Librest, que hoy parece estar cobrando fuerza en París por su manera de competir con las grandes cadenas?
A.N.: No, no formo parte. En realidad, Librest nació con buenos propósitos como dice usted, entre ellos hacerle frente a la Fnac, pero a la larga está convirtiéndose en otra Fnac. Por ejemplo, la importación de los libros de autores argentinos para el Salon du Livre se hizo a través de Librest, que trajo los libros desde España en lugar de hacerlo desde la Argentina. Eso es un contrasentido. Por ejemplo, la edición de «Mafalda» que se vendió en el Salon du Livre era la española, con las tiras «dobladas» al español de España.
* Enviado Especial


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