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Paul McCartney: una fiesta inolvidable para 90.000 fans
Además de la energía y el talento musical desplegados durante tres horas de show, McCartney intentó algunas palabras en «porteño» y hasta recitó unos versos que le enseñaron en las clases de español cuando era chico en Liverpool.
Sin la gran cantidad de músicos de apoyo de la gira que lo trajo a la Argentina en 1993, cuando aún vivía Linda, el nuevo viejo McCartney de 68 años parece jugarse a todo o nada en un tour de force de casi tres horas de duración, donde ni él ni sus cuatro músicos casi no se detuvieron ni para tomar un trago de agua. Promediando las dos horas de concierto, luego de un avasallante «Back in the USSR», el guitarrista Rusty Anderson se cayó de bruces al suelo (luego las pantallas gigantes lo mostraban bromeando como limpiándose el saco), y el mismo Paul casi trastabilla un par de veces, pero la temperatura nunca dejó de subir hasta un final diseñado para volarle la cabeza al público con «Helter Skelter» (con imágenes insesantemente psicodélicas de una montaña rusa de fondo) y seguido del «Sargent Pepper».
McCartney, el Beatle que en 1967 escandalizó al mundo al confesar que consumía LSD, el chico de Liverpool con más arrestos por tenencia de drogas (incluso siendo un padre de familia maduro), el hombre que ya cumplió los 64 de la famosa canción y sigue combinando la comida macrobiótica con bebidas espirituosas en sus pedidos de catering, parece haber capitalizado la experiencia de aquellos tiempos en Hamburgo donde unos gamberros de Liverpool tocaban toda la noche en cualquier antro de mala muerte. Ahora, McCartney cobra un poco más caro, y el repertorio incluye mejores temas, pero el espíritu rocker es el mismo.
De pie, aporreando el piano al estilo Little Richard o Jerry Lee Lewis para «Lady Madonna», o revoleando el bajo en chiste al final de «Day Tripper» -coreado a capella por los cerca de 50.000 fans terminada la interpretacion, igual que el coro de «Hey Jude», en un gesto de aprecio que jamás se vio en un show masivo en la Argentina- este old McCartney parece empeñado en demostrarse a sí mismo que algo bueno puede seguir mejorando con el tiempo. De hecho, este show es infinitamente mejor que la ya de por sí excelente primera presentación en la Argentina hace 17 años, Más allá de los clásicos esperados, tipo «Eleanor Rigby» o «Let it Be» (con un solo de guitarra monumental de Rusty Anderson, que también pasaba al bajo cuando hiciera falta, igual que su colega Brian Ray) fueron los otros temas de los Beatles, los menos esperados, los que más conmovieron al público y tal vez al mismo Paul: «Two of us» y «Im looking through you». O el vibrante soul psicódelico de «Got to get you into my life» (el gran tema de Paul del revolucionario «Revolver»). O el medley entre «A day in the life» y «Give peace a chance». Todos los cuales hacen la diferencia entre una performance excelente y una extraordinaria, totalmente antológica, como ésta que se vivió en River.
Tal vez la síntesis de lo imprevisto sea el homenaje a «Georgie», con Paul tomando un ukelele para empezar una especie de versión chistosa de «Something», que en el medio se convirtió en la gran balada eléctrica que todos conocemos, para marcar otro de los grandes momentos de un encuentro con un Paul más vivo que nunca.
Además del esfuerzo y despliegue de energía y talento musical sobresaliente, McCartney también se esforzó con el idioma castellano, llamando porteños al público y hasta tirándole algún «¡che!» de vez en cuando. En un momento casi lisérgio, hasta se uso a recitar un poema que le enseñaron en las clases de español en la escuela en Liverpool; algo así como «tres conejos arriba de un árbol tocando el tambor... que sí, que no, que así lo he visto yo»
En medio de la treintena de temas y las casi tres horas hubo algún momento menos brillante, debido a la elección de temas más nuevos, que no pueden decir mucho al lado de gemas como «Blackbird» o «Get BacK». Pero si hay que hacerle una sola crítica a este McCartney sin desperdicio, sería la siguiente: por qué en vez de seguir haciendo homenajes a muertos con los que nunca pudo amigarse en vida, no se junta de una vez por todas con Ringo, que está ahí esperando volver a cantar con él clásicos como «Yellow submarine» y «Octopussys Garden».
Paul McCartney (bajo, vos, piano, guitarra), Rusty Anderson
(guitarra, bajo), Brian Ray (guitarra, bajo), Paul «Wix» Wickens (teclados), Abe Laboriel Jr (batería, coros). ( Estadio River Plate, 10/11).


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