8 de diciembre 2011 - 00:00

Pelea (política) en cámara de empresarios

A mediados de noviembre, Jaime Campos fue reelegido por unanimidad como presidente de la AEA (Asociación Empresaria Argentina), la entidad que agrupa a los principales hombres de negocios del país. Sin embargo, AEA nunca comunicó este hecho.

Las razones de esta reserva extrema habría que buscarlas por el lado de lo que sucedió en el proceso previo a esta reelección. Un empresario textil, Teodoro Karagozian (TN Platex), intentó reemplazar a Campos al frente de la entidad, con la confesa intención de acercar las posiciones de AEA al «modelo» del Gobierno nacional.

Su postulación fue considerada por la entidad, e incluso hubo algunos empresarios que secundaron la necesidad de «aflojar» la línea de confrontación con el Gobierno que viene imponiendo el CEO de Clarín, Héctor Magnetto.

Sin embargo, la gran mayoría de los miembros de AEA optó por reelegir a Campos por un período de dos años. El dirigente le dijo a este diario: «Me reeligieron por unanimidad de los presentes. ¿Si conozco la autocandidatura de otro socio de la entidad? Mire: mi misión es tratar de conducir a AEA en el marco de la unidad y la armonía; no estoy enterado de lo que usted me comenta». Lo cierto es que, pese a lo que dice Campos, la pelea existió y podría tener repercusiones.

El día de la asamblea, ya con los disensos internos terminados, Campos fue reelecto por todos los socios presentes.

AEA es vista desde el Gobierno poco menos que como un enemigo frontal; hasta hace pocas semanas en los despachos oficiales se consideraba a Paolo Rocca -accionista principal del Grupo Techint- como el principal aliado de Magnetto en ese grupo. Sin embargo, gestiones que encararon Julio de Vido y Amado Boudou lograron acercar a la siderúrgica con el Gobierno.

Rocca fue recibido por Cristina de Kirchner hace una semana para escuchar de su boca la intención de Techint de invertir u$s 600 millones en una nueva línea de producción de «laminado continuo». En el grupo había cierta inquietud respecto de cómo tomaría la Presidente la compra de la brasileña Usiminas, por cuyo control Techint pagará u$s 2.600 millones; sin embargo, en la charla de Olivos fueron todas mieles, elogios y deseos de ventura mutuos.

El futuro de AEA parece apuntar entonces a una postura intermedia entre la fuerte crítica que exhibió en el pasado reciente, o sea, una postura que se ubicará a mitad de camino entre los reclamos constantes de seguridad jurídica para la actividad empresaria, y el alineamiento acrítico que impulsaba Karagozian.

Algunos comunicados recientes de la entidad (por caso, elogiando la rebaja de subsidios), que rescatan las medidas que consideran acertadas de la administración Kirchner, parecen prenunciar ese viraje.

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