15 de mayo 2012 - 00:00

Peligro de ruptura radical por la interna bonaerense

Ricardo Alfonsín
Ricardo Alfonsín
Nombres políticamente incompatibles y dirigentes con nostalgias del pasado complican hoy el panorama de unidad para el radicalismo bonaerense, un escenario que parece ya imposible de conseguir. Mientras Ricardo Alfonsín intenta frenar un giro al macrismo, que promete acuerdos con el centroderecha más rebelde de la UCR, la pelea con los seguidores de Julio Cobos, aliados extrañamente con Leopoldo Moreau y Federico Storani en la provincia, amenaza con dejar como único saldo de esta interna un rosario de municipios radicales inconexos.

El fin de semana pasado el MORENA, grupo que lidera Alfonsín y que fue el apoyo de su campaña presidencial, intentó en Avellaneda hacer un último llamado a la unidad partidaria, a sólo una semana de la interna bonaerense.

«Es necesario un acuerdo fundado en la grandeza, el desinterés y la justicia. Nadie, ni sector interno alguno, está por encima del partido», dijo allí Alfonsín frente a diputados nacionales, provinciales, una decena de intendentes y más de 600 dirigentes de toda la provincia.

Pero los radicales, al mismo tiempo que piden la unidad, miran de reojo cualquier alianza con otros partidos con vistas a la campaña presidencial ya no para la legislativa del año que viene sino para la presidencial de 2015.

Propósito

De ahí que la unidad que piden esté más relacionada con evitar huidas al macrismo que a solucionar la interna feroz que tienen dentro de pocos días, en un distrito donde vuelven a correr el peligro de no sumar más que algunos escuálidos puntos.

«El radicalismo tiene que recuperarse en un contexto muy difícil, ya que debe superar los obstáculos que le interponen el oficialismo y el armado de un partido conservador», dijo allí Alfonsín, culpando por esas estrategias a «las corporaciones que ven con buenos ojos una propuesta de esta naturaleza».

Los radicales dejan en claro que tienen problemas de identidad más serios que la misma interna. Un ejemplo son las secuelas de la votación de la ley de expropiación de YPF. «Los últimos ataques al radicalismo, en particular con relación a YPF, fueron de las corporaciones», se dijo en Avellaneda como si se tratara de un mitin oficialista: «La batalla comunicacional será muy desigual. Sólo la militancia podrá superar los obstáculos. Pero para eso se necesita reconciliar al partido, reconciliar a sus dirigentes, y a éstos con la militancia. Sólo así podremos encarar con éxito la tarea de reconciliación con la sociedad».

Difícil conciliar ese discurso con los diputados que se negaron a votar la expropiación de YPF o los que, estando de acuerdo, aún creen que la posición de los diputados del partido fue más allá de lo que pedía inclusive el Comité Nacional. Complicado también conciliar esas posiciones, que sostiene tanto Alfonsín como Moreau o Storani, con las del cobismo, aliado de estos últimos en territorio bonaerense.

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