17 de diciembre 2014 - 00:00

Pérez-Reverte: hacer del Quijote un libro popular y accesible

Pérez-Reverte: “Yo no quise suplantar el original, sino hacer una síntesis que se lea de un tirón,  para que, estimulados por esa primera lectura, se lo lea completo. Quise ser un intermediario eficaz”.
Pérez-Reverte: “Yo no quise suplantar el original, sino hacer una síntesis que se lea de un tirón, para que, estimulados por esa primera lectura, se lo lea completo. Quise ser un intermediario eficaz”.
 Guadalajara - No se supone que hablar de las aventuras y desventuras de Don Quijote de la Mancha pueda tener hoy una multitudinaria atracción. Nadie sospecharía, tampoco, que una nueva presentación de la novela de Cervantes Saavedra convoque a tantos adolescentes. Pero eso ocurrió días atrás en una conferencia pública titulada "Mil jóvenes y el Quijote", que desbordó la sala mayor de actos de la Feria del Libro de Guadalajara. No hubo mil jóvenes, hubo más, casi el doble, y tantos que se tuvieron que agregar pantallas para seguir la charla y los diálogos.

Desde luego, quien presentaba una nueva versión de las peripecias del "caballero de la triste figura" era el escritor y académico español Arturo Pérez-Reverte, famoso entre los jóvenes por la serie de aventuras que tiene como protagonista al Capitán Alatriste. El autor de "El Club Dumas" comentó su labor en "Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes en Edición de la Real Academia Española adaptada por Arturo Pérez-Reverte", que publicó la editorial Santillana con una primera tirada de 30 mil ejemplares. El libro incluye dibujos originales e inéditos, entre ellos, una ilustración de un joven Francisco de Goya.

La más reciente novela publicada por Arturo Pérez-Reverte fue "El francotirador paciente", sobre el mundo de los grafiteros. Ahora apareció "Perros e hijos de perra", pequeño libro ilustrado por Augusto Ferrer-Dalmau, que reúne una veintena de textos y notas publicadas en diarios, escritos entre 1992 y 2014, donde encomia "la lealtad, el coraje y la nobleza de los perros".

Antes de que entrara a escena en Guadalajara, recibiendo una devota ovación, dialogamos con el autor de "La Reina del Sur", sobre su tarea en la "versión para el colegio secundario del Quijote", y sobre las obras que está preparando.

Periodista: ¿Por qué se decidió a publicar una versión abreviada y adaptada para adolescentes de "Don Quijote de la Mancha?"

Arturo Pérez-Reverte: Porque El Quijote que debía ser leído completo para los alumnos según los planes de estudio de los Colegios, es muy duro. Yo no quise suplantar el original sino hacer una síntesis que se lea de un tirón, para que, estimulados por esa primera lectura, cuando se quiera se lo lea por entero. Mi idea fue ser un intermediario eficaz. Creo que un primer encuentro con el Quijote, si se es joven, precisa de alguien experto, de un maestro que lleve a descubrir las pepitas de oro estéticas, literarias, históricas, los valores humanos que contiene la novela. Un maestro puede convertirse en un Virgilio que lleve a sus alumnos de expedición por el bosque cervantino, cosa que el lector no se enfrente con algo que lo supera, lo agota y le hace perder entusiasmo por la literatura, cuando el Quijote lleva a todo lo opuesto.

P.: ¿Usted vivió ese problema como lector del Quijote?

A.P-R.: Supe del Quijote a los ochos años, leí una parte en una antología escolar, pero no pasé de ahí. Luego descubrí que hay numeroso Quijotes escolares que consisten en adaptaciones, antologías y reescrituras del texto cervantino. Algunos no muy recomendables, pero en su mayor parte no permiten una lectura rigurosa, limpia y sin obstáculos de la trama básica, que narra la peripecia del ingenioso hidalgo y su escudero, y esto le he destacado en el prólogo de mí versión del Quijote. Novela que a los 15 años leí por entero, y a partir de ahí fue una fiesta releerlo cada tanto porque cuanto más se lo conoce, más se lo disfruta. Esas relecturas son como el encuentro con unos viejos amigos cuyos chistes, aventuras y desventuras no dejan de hacernos gracia. Y, entre tantas otras virtudes, enseña a ser buenos ciudadanos, hombres decentes, personas libres.

P.: ¿Usted es los que sufrió cuando el Quijote era lectura escolar obligatoria y de los que ahora se indignan porque no aparece en los planes de estudio, o se lo pasa de largo?

A.P.-R.: Es una vergüenza que el Quijote no aparezca entre las lecturas obligatorias, y no sólo en España sino también en el resto de los países de lengua española. Lo bueno sería no que esté como lectura obligatoria sino simplemente como lectura recomendada, que no deje de estar presente en las propuestas de estudio, y en la mayoría de los casos ni eso. Frente a esa ausencia aparecen recomendados textos obsoletos y disparatados, por lo menos eso es lo que ha ocurrido en España. Muchas generaciones de ministros analfabetos en España, que no saben qué es el Quijote ni para qué sirve, que lo tienen como un texto complicado, aburrido. Bueno, nadie pone lo que no tiene, ni en la vida ni en la política. Esa falta de respeto por la cultura, esa ignorancia supina de quienes han estado creando generaciones de jóvenes en España, les han impedido acceder a un instrumento valioso para su existencia. El Quijote es una herramienta que inteligentemente trabajada propone discusiones éticas, literarias, lecciones de vida, que para cualquier joven son utilísimas.

P.: ¿Cómo surgió la propuesta de hacer una versión escolar de "Don Quijote de la Mancha"?

A.P.-R.: La Academia de la Lengua Española, de la que soy miembro, considera fundamental el Quijote en múltiples aspectos y en su significación global. El español es una patria que hoy comparten 500 millones de personas, y la bandera de esa antigua y noble patria es indudablemente el Quijote.

P.: Ha reducido de forma contundente la obra de Cervantes.

A.P.-R.: La versión de carácter popular y escolar de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", no sustituye al clásico sino que lo complementa. Se evitan aquellos cuentos, las digresiones, las historias que dificultan la lectura lineal que un joven hoy exige, o simplemente a la que ha sido habituado. Hay historias, por ejemplo la de la Dorotea, que te sacan de la trama de Don Quijote y Sancho. Y cuanto más conoces a Don Quijote y Sancho, más te interesa lo que hacen y dicen. En tiempos de Cervantes eran normales esos agregados, recreos y ampliaciones, porque esas aventuras insertas en las narraciones eran muy del gusto del lector, pero un joven hoy se pierde, se distrae de la trama básica.

P.: ¿Cómo hizo para que el joven lector no notara los saltos, los momentos que había dejado de lado?

A P-R.: Para que no haya saltos fui añadiendo enlaces como si Cervantes los hubiera planeado de ese modo. Tuve que trabajar mucho para que pareciera que Cervantes lo había escrito así, aunque sólo se tratara de agregar una frase. Fue como en el cine una imagen que da continuidad para que no se sienta el corte. Habré puesto unas doscientas palabras, tal vez menos, lo justo necesario para poder hilar los párrafos que estaban cortados, y el hilo de esa costura es de Cervantes y no mío. Tuve que pulir mucho las soldaduras. La cosa fue dotar a los profesores de una herramienta operativa para poder actuar con más fluidez con los chicos, que no les asuste la complejidad. Es por eso que he eliminado todos los escollos, dejando lo que es la historia de forma que se vuelva, como lo he reiterado ya demasiado, un instrumento educativo, escolarmente hablando.

P.: ¿Por qué su más reciente libro, "El francotirador paciente", es también para jóvenes, y trata sobre grafiteros?

A P-R.: Siempre busco territorios donde desarrollar mis historias. Entonces ese tipo de temas, el arte moderno, el mercado del arte, el terrorismo urbano, el terrorismo, la crisis en la vida cotidiana, la civilización que se está yendo al diablo, la Europa que se cae a pedazos, son cosas que me interesan. Elegí el mundo de los grafiteros actuales porque parecieran ser la vanguardia de un arte terrible, del arte que nos espera. Así como los surrealistas fueron la vanguardia del arte en el siglo XX, quizá la del siglo XXI, que ha de ser un siglo espantoso, y espero no estar para verlo, ha de ser ese arte vandálico, callejero, que es lo que mejor refleja la conexión actual entre arte y sociedad.

P.: ¿Y ahora que está escribiendo?

A.P-R.: Estoy con una nueva novela con la que estaré en Buenos Aires dentro de cuatro meses, que estoy a punto de terminar. Es seria, grande, gorda. Tiene que ver con el siglo XVIII, con la Ilustración, con la Enciclopedia, con las ideas que buscaban trasformar el mundo, y sobre todo con España y con América, y en cierto modo lo que pudo ser y que no fue.

(*) Enviado especial

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