24 de marzo 2009 - 00:34

Peter Gabriel: un clásico que sólo mejora

Sin disco nuevo para presentar y sin grandes despliegues en lo visual, Peter Gabriel ofreció un estupendo recital en un Vélez colmado.
Sin disco nuevo para presentar y sin grandes despliegues en lo visual, Peter Gabriel ofreció un estupendo recital en un Vélez colmado.
«Small Place Tour». Peter Gabriel (voz, computadoras). Con R. Evans (guitarra), M. Gabriel (coros, voz, percusión), A. Levin (bajo, contrabajo, coros), D. Lynch (batería), A. Pollock (teclado, coros) y D. Rhodes (guitarra, coros). Soporte: The Black Swan Effect. (Estadio Vélez; 22 de marzo). 
Peter Gabriel volvió a Buenos Aires a más de 15 años de su última visita, sin urgencia de presentar un nuevo disco, con un look distinto que denota el paso del tiempo. Y también fue bien diferente lo ocurrido artísticamente, si es que lo comparamos con su anterior actuación en el mismo estadio en octubre del 93. Es que sin renegar de lo visual, con los años que evidentemente asume, o simplemente porque ahora prefiere manejar otro concepto de espectáculo, las pantallas laterales sirvieron casi exclusivamente para mostrar en detalle lo que ocurría en el escenario. Y el trabajo de imágenes quedó reservado a unas modernas pantallas transparentes ubicadas entre los músicos y en el fondo, que funcionaron como ilustración de las canciones. Es decir, para que entienda también quien lo ha visto en otros casos, no hubo esta vez imágenes interrelacionadas con el vivo ni diálogos entre ellas y el artista.
Por el contrario, Gabriel prefirió en este caso hacer un concierto más convencional. Y también en ese territorio, el compositor y cantante inglés, es un artista enorme. Interesado desde hace tiempo por las causas humanitarias -recordemos, por caso, que su primera llegada a la Argentina fue como parte de una gira de Amnesty Internacional-, y artista curioso de lo que ocurre fuera de los mercados centrales de la música, todo eso volvió a quedar expuesto en su concierto porteño.
Ofreció un espectáculo generoso, con muchos temas en 150 minutos de duración. Preparó textos que sirvieron como introducción a cada una de las canciones, que leyó, aunque con las lógicas dificultades de pronunciación, en perfecto castellano, lo que prueba su curiosidad e interés por lo que sucede en la periferia.
Se respaldó en una banda estupenda, que suena a la vez tradicional en su sonido rockero y moderna en el uso milimétrico de las máquinas -algunas de las cuales él mismo maneja- y en la que convive esa tecnología de punta con el virtuosismo instrumental de sus músicos. Con orgullo paterno dio un espacio de lucimiento a su hija Melanie
-percusionista y corista del grupo, además- con el tema «Mother of Violence». Interpretó varias de sus mejores piezas: «Steam», «Blood of Eden», «Games Without Frontiers», «Toser That Ate People», «DArkness», «No Self Control», «San Jacinto, «Secret World», «In Your Eyes», «Biko» (en los bises). Se movió mucho menos que en visitas anteriores, claro; y fue gracioso en esos movimientos sin rozar jamás el patetismo. Y cantó de la mejor manera, con una expresividad que se ha ido acrecentado con los años pero sin ninguna dificultad técnica.

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