9 de julio 2013 - 00:06

Piña, martillo de reelecciones y peón de Bergoglio

• Murió ayer el exobispo, clave pero fugaz en política

Joaquín Piña
Joaquín Piña
Se dio el gusto de gozar, en reportaje que dio el viernes a un canal de Misiones, la caída del voto al FpV de Maurice Closs en la elección provincial de hace una semana. Antes fue la tumba de los proyectos reeleccionistas de 2007, a los que se apuntaban Néstor Kirchner, Felipe Solá y, entre otros, su feligrés Carlos Rovira, que la quería indefinida en la gobernación provincial. Pero a la cabeza de los convencionales reformistas de la oposición en 2006 sepultó esos sueños que cambiaron la agenda del ciclo K. Kirchner se fue a Olivos de "primer caballero", Rovira a la Legislatura provincial y Solá a una banca de diputado nacional en escala hacia la oposición.

El caso del exobispo Piña -que murió ayer en la clínica Austral de Pilar- lo estudiarán mañana como un modelo de la política popular de mercado: desde un distrito pequeño y desde la oposición consiguió doblegar a un kirchnerismo que pretendía dominar todo.

Los religiosos, como los artistas y los políticos, viven husmeando el humor colectivo de su clientela. Ajustan sus dichos y sus actos a lo que ellos reclaman con el único propósito de asegurarse prosélitos. Lo hacen con tanta pasión que la ambición les hace cambiar de dogma (hubo religiosos que se hicieron comunistas), de estética (poetas finos que se allanaron al pedido del público más basto pero amplio para terminar escribiendo canciones de rock) o de partido, algo más frecuente y en los políticos.

Piña era, además, un jesuita que profesaba la doctrina del vox populi, vox dei que su Papa, Francisco, ha leído como "la piedad popular", opuesta al "relativismo moral" y que es hoy doctrina vaticana. Como Bergoglio, también jesuita, este catalán nacido en una familia acaudalada de Barcelona en 1930 hizo fama cuando se instaló en Paraguay junto a su obispo en Asunción, el prolífico Fernando Lugo. Aprendió a hacer política y también zapó en la agenda de los setenta animando ocupaciones de los "sin tierra" de ese país.

Cuando la ola había llegado alto, más de lo que la Iglesia tolera, Juan Pablo II lo trasladó al recién creado obispado de Iguazú en 1980, desde donde se convirtió en una referencia en la vida pública de Misiones.

Pero le faltaba un cierre a esa biografía vertiginosa. Se lo dio el proyecto de Rovira de llamar a una elección en 2006 para convencionales y reformar la Constitución para que habilitase una reelección indefinida del cargo que tenía de gobernador. Flotaba en el aire, además, la iniciativa de Solá de hacer lo mismo en Buenos Aires. Kirchner guardaba silencio y había deslizado que le bastaba con un solo mandato, pero sus seguidores también batían el parche de la reelección.

La oposición al Gobierno en Misiones logró lo que pocos han conseguido, juntarse en un frente que superaba las individualidades de manera de frustar ese proyecto. Pero ninguna de esas individualidades conformaba al resto en la cabeza de la lista de candidatos. Se habló del radical "Cacho" Barrio Arrechea, pero corría a todos los demás. Lo mismo produjo el nombre del ex gobernador Ramón Puerta.

En esas reuniones misioneras de 2006, los opositores a la reforma discutieron varias chances: busquemos un artista, dijo uno. O un religioso, agregó otro. Que sea un cura, o un pastor. No, un pastor no, porque hay tantas confesiones protestantes en esa provincia que elegir a un pastor correría a las otras.

Se hicieron varias misiones buscando al candidato, pero prosperó una sola. La que hizo Puerta, que había sido senador hasta 2005. Viajó a Buenos Aires, pidió una entrevista con el entonces obispo porteño Bergoglio, quien lo recibió en su oficina del tercer piso del Obispado, en el edificio junto a la Catedral Metropolitana.

Puerta le expuso la necesidad de que proveyera a la lista opositora de un candidato con sotana. Es clave, le explicó, porque si sale esa reeleción en Misiones, vienen todas las demás, incluyendo a Solá y a Kirchner.

Un obispo, pensó en voz alta Bergoglio; sacó la libretita, miró el número y discó:

Bergoglio: -Hola, Monseñor. ¿Cómo está? Le hablo para decirle que tiene que ser candidato a convencional en la elección de su provincia.

Puerta
, que escuchaba una sola de las voces, entendió que del otro lado estaba monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de la diócesis de Posadas, la principal ciudad misionera. Del otro lado hubo algún pero, pero Bergoglio endureció, suave, la voz: -Monseñor, no le estoy preguntando si quiere ser candidato. Le estoy diciendo que va a ser el candidato. Ya lo van a llamar los amigos. Y cortó.

Puerta festejó la elección de Martínez, pero Bergoglio le retrucó: ¿Martínez? No, el candidato va a ser Joaquín Piña, de Iguazú.

Puerta: Creía que era Martínez...

Bergoglio: No, Martínez es un hombre joven y la política es tan atractiva que voy a perder un obispo. Piña, en cambio, se jubila el año que viene e igual voy a tener que reemplazarlo.

Para el resto de la charla, los archivos se confunden, seguramente porque se habló de efectividades conducentes de las que no se admite nada bajo esos piadosos techos.

Cuando se hizo la elección, la lista de Piña sacó el 56,5% de los votos frente a la de Viviana Rovira, prima del gobernador, que obtuvo el 43,43%. Murió el proyecto renovador que permitió a Closs ser el candidato que le ganaría a Puerta en 2007, y arrastró al resto de los proyectos. El propio Kirchner dio la orden de desmantelarlos en otras provincias, principalmente en Buenos Aires. Pocos meses más tarde, Kirchner recibió a Piña, quien al salir de la reunión, dijo haberle explicado "la situación que me llevó a presentarme el año pasado y que no fui un adversario". Seguramente, le contó una historia distinta. La Iglesia, que presume de sabia, lo mandó al poco tiempo a la jubilación y lo reemplazó por el actual obispo Marcelo Martorell, de la línea de Raúl Primatesta.

Vivía modestamente en una casa de la parroquia de Itatí en Posadas, donde se reponía la semana anterior de problemas de circulación. El sábado a la noche se agravó y un médico le ordenó el traslado a Buenos Aires. No había pasaje y hubo que llevarlo en auto hasta Iguazú, desde donde embarcó hacia Pilar el domingo. A las pocas horas, ayer, murió.

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