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Por crisis, marcas de lujo también hacen su outlet
Los turistas descubrieron la calle Aguirre antes que los porteños, de la mano de taxistas y conserjes de hotel. Como en todo outlet, no siempre se consigue lo que se busca.
Desde hace unos meses, las cuadras comprendidas entre Thames y Gurruchaga cambiaron las fachadas de las viejas viviendas por grandes escaparates que prometen descuentos de hasta un 70%.
A diferencia de otros outlets, en los de Villa Crespo la ropa que se vende está en buen estado, sin manchas, roturas, ni fallas. Según los vendedores, se trata de prendas de temporadas anteriores que no se vendieron en las liquidaciones de cambio de estación de los shopping centers.
La variedad es una de las características de estos outlets. Hay prendas para todos los gustos: jeans, ropa para montañismo, deportiva, de fiesta, trajes para caballeros de las firmas locales más exclusivas -esas mismas que promocionan las celebridades locales como Marcelo Tinelli o Iván de Pineda-, carteras, zapatos y hasta lencería sensual para las damas.
Por ejemplo, se puede conseguir una bikini de una conocida marca de ropa interior femenina de la temporada primavera-verano pasada por
$ 65, menos de la mitad de lo que costaba inicialmente, o una «culotte» de encaje por $ 20. Un polo con el logo del cocodrilo cuesta $ 70, cuando en los shopping centers modelos similares de la misma firma no bajan de $ 200.
También las zapatillas de una conocida marca alemana se consiguen a casi la mitad del precio original, aunque respeta la misma tendencia que en otros centros comerciales: es la marca más cara del lugar.
Los comercios de la calle Aguirre también ofrecen liquidaciones por el cambio de estación: los precios se vuelven más baratos porque los locales deben deshacerse de las prendas de verano para dar paso a las de invierno que quedaron sin comercializar el año pasado. Así es como sobre los precios ya de por sí económicos se aplican nuevas rebajas de hasta un 50%.
El problema pasa por conseguir talles. Abundan las prendas únicas que no tienen cambio y, obviamente, son las más baratas, pero también hay algunas de mayor stock y de las que se permiten hasta 30 días para cambiarlas.
Y a pesar de lo nuevo de este verdadero shopping al aire libre, los turistas extranjeros ya conocen el barrio. «Los traen los guías turísticos, que acuerdan una comisión con los vendedores. Los llevan a La Boca, San Telmo, Florida y terminan acá», explica Silvia, encargada de un comercio de accesorios.
Esto sucede los lunes y los martes, cuando llegan micros con grandes contingentes de extranjeros, especialmente brasileños, que se quedan varias horas comprando en las tiendas del lugar. También los comerciantes de la zona tienen arreglos con los conserjes de los hoteles y los taxistas que operan en ellos, para que recomienden la zona a los visitantes.
«La oferta es de mejor calidad que la de la calle Florida», aseguró a Ambito Financiero el brasileño Tulio Martini, quien explicó que en el nuevo paseo de outlets «podemos conseguir ropa un 40% más barata que en Brasil; por eso preferimos que nos traigan aquí en vez de ir a los shopping».
El fenómeno comenzó hace un año, cuando se instalaron las primeras marcas. Según explican los operadores inmobiliarios de la zona, fue por el «efecto contagio»; al instalarse una, sus rivales también quisieron estar. La falta de locales disponibles y los altos alquileres de la avenida Córdoba fueron otros de los motivos que impulsaron a las firmas de indumentaria a buscar nuevos lugares donde instalarse.
Junto con las marcas de primera línea también llegó una revalorización del barrio (lo mismo que ocurrió con el entonces Palermo Viejo, cuando se convirtió en el «Soho»), donde las propiedades aumentaron un 200% su valor.
«Acá se consigue un local con gran superficie por lo mismo que pagan uno del tamaño de un kiosco en Córdoba», explicó a este diario Claudia Carbajales, del Grupo Mega Propiedades. Sin embargo, según los vecinos, el valor de los alquileres se triplicó en los últimos meses ante el aumento de la demanda. «Pasó lo mismo que en Palermo: se convirtió en un barrio pedido y se multiplicó la demanda», explica Carbajales.
Coincide su colega Marcelo Goldstein, de la inmobiliaria que lleva su apellido: «El alquiler de los locales más grandes llega a $ 50.000 por mes. Aguirre y sus aledañas son las calles de Villa Crespo más pedidas hoy por los comerciantes».
Con la llegada de cientos de visitantes por día en busca de ofertas, el barrio perdió la tranquilidad. De hecho, en la esquina de Aguirre y Gurruchaga tuvieron que instalar hace unos días un semáforo para ordenar el caos de tránsito que se genera sobre todo los fines de semana.
Algunos vecinos intentan resistirse al cambio y otros optaron por sacar provecho de la situación. «Hay muchos propietarios que refaccionaron sus viviendas y hoy las alquilan como comercios», explica Goldstein. «Hoy los dueños de las propiedades se dan el lujo de elegir como inquilinos sólo a las grandes marcas».


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