Por una tarde, una multitud cerró la grieta y la plaza fue de todos

Edición Impresa

Hubo fuerte presencia del peronismo y organizaciones sindicales y sociales pero también votantes del actual gobierno e independientes.

La Plaza de Mayo volvió a llenarse de gente. Como no hace mucho, como siempre. Pero a diferencia de las grandes concentraciones de los últimos años, que la vio poblada por pasiones divididas, está vez algo cambio. La "grieta" pareció cerrarse al menos por un rato, unas pocas horas, y permitió que unos y otros convivieran en un mismo lugar y con un mismo objetivo. El rechazo al fallo de la Corte Suprema que habilitó el beneficio del 2x1 a genocidas de la dictadura militar fue la excepción.

Miles de personas se movilizarion ayer frente a Casa de Gobierno. La Avenida de Mayo, las dos diagonales y las calles cercanas quedaron colapsadas por una multitud de pañuelos blancos. La liturgia peronista le dio su marco propio. Columnas sindicales portando banderas, agrupaciones del conurbano llegadas en centenares de micros y diversos movimientos sociales se ubicaron en la primera línea frente al escenario, entre el Cabildo y el viejo Palacio Municipal. Muy cerca, integrantes de organismos de derechos humanos reclamaban justicia. Pero eso era sólo la superficie. Entremezclados entre la muchedumbre, hombres y mujerés acompañaban en silencio.

- ¿Viniste con alguna agrupación? - le preguntó este periodista a Gerardo, un joven que desde las escalinatas de la Catedral observaba emocionado.

- No, solo - respondió

- ¿A quién votaste?

- A Macri. Y no hizo falta preguntar más. - Pero esto es distinto. No es contra el Gobierno, es contra la impunidad.

Los casos se repitieron, uno tras otro.

- Yo estuve en Semana Santa del 87 en este mismo lugar. Soy radical y voy a volver cada vez que haga falta. Sin partidismo - explicó Clara, una mamá acompañada por su hija.

Cientos o miles de anónimos protagonistas estaban ahí, sin pancartas ni banderas, como fantasmas entre la multitud. Una multitud que también se comportó diferente. No hubo insultos ni cánticos agresivos. Macri no fue esta vez, como el 24 de marzo pasado, el centro de las críticas. Sólo se escucharon silbidos y abucheos cuando se hizo referencia desde el escenario a algún represor, como Alfredo Astiz, o se pronunciaron los nombres de los tres jueces que avalaron el despropósito.

Se vieron sí figuras el gobierno anterior, como Daniel Scioli que llegó temprano y se mostró dispuesto ante cada pedido de selfie. Faltaron representantes de Cambiemos que apoyaron el acto por las redes sociales pero apelaron a la prudencia de evitar su presencia por culpa de una Argentina crispada. Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas, fue la principal oradora. Hebe de Bonafini, curiosamente, no estuvo presente

El repudio al fallo de la Corte se repitió en muchas provincias y cruzó las fronteras. París, Madrid, Barcelona fueron algunas de las ciudades en las que se levantaron voces.

Hasta los miembros del Congreso esta vez no fueron criticados sino elogiados. Es que el pasado carga con mucho dolor y muerte como para hacerse los distraídos.

Dejá tu comentario